El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MAC) aún no ha subsanado las irregularidades que propiciaron la desaparición de su bóveda de la obra Odalisca con pantalón rojo, de Henri Matisse.
Aunque se han reforzado las medidas de seguridad, las debilidades en los procedimientos de resguardo, custodia y registro de las obras de arte que señaló la Contraloría General de la República en un informe publicado en 2004 siguen siendo parte de las prácticas habituales de la institución ubicada en Parque Central.
La desaparición del Matisse, denunciada en diciembre de 2002 y cuya investigación será reactivada por el Instituto de Patrimonio Cultural, puso en evidencia el caos interno del MAC, en especial en el departamento de Registro, donde debería estar documentada la historia de cada obra de arte de la colección del museo.
Sin embargo, las carpetas, para el momento en que ocurrieron los hechos, estaban vacías. Así lo denuncia la periodista Marianela Balbi en el libro El rapto de la Odalisca.
La autora cita los informes de la firma Miliani, Palmero & Asociados y de la Contraloría. Los primeros llevaron a cabo una auditoria al MAC al cierre del ejercicio fiscal de 2000. “En ese documento se concluía que ‘no existe una política para la toma física del inventario de obras de arte’, que existían obras donadas al museo ‘no registradas en la contabilidad’, que ‘no existe registro contable de obras de arte recibidas por el museo en comodato’, que ‘existen obras de arte cuyos expedientes carecen de documentos de propiedad y autenticidad’, que ‘existen obras de arte que carecen de expedientes’ y ‘obras de arte donadas al museo sin el respectivo documento que compruebe la donación”.
Por su parte, el documento emanado de la Contraloría en 2004 reveló que “no existen un récord de registro de movimientos de cualquier obra de arte; los expedientes de obras no contienen documentación que den cuenta clara de su adquisición y movimientos y no garantizan el resguardo de las obras”, se lee en el capítulo Un cascarón vacío, del libro de Balbi.
Obras fantasmas
En ese mismo informe, la Contraloría reveló inconsistencias en la cantidad de obras que posee el museo e hizo constar que faltaban 14 piezas que figuraban en los archivos, pero que no estaban en la sede de Parque Central.
Las obras fueron halladas posteriormente en otros espacios del MAC, “e inclusive en otras colecciones que, aunque no pertenecían al museo, estaban bajo su custodia”, comenta el investigador Félix Suazo, quien trabajó en el museo entre 2004 y 2008.
Suazo dice haber comprobado, al menos parcialmente, las irregularidades recogidas en los informes citados en El rapto de la Odalisca. “Cuando llevaba a cabo las investigaciones sobre determinados artistas y obras, a veces me encontraba con que los registros y carpetas habían desaparecido”.
Cabe destacar que para la fecha en que Suazo ingresó al museo, el equipo de Registro que laboraba en el MAC en el momento de la desaparición del Matisse ya había sido sustituido. Aunque el investigador destaca que hay un gran celo dentro de la institución y que no cualquiera puede acceder a ciertas áreas del museo, las fallas de registro han continuado a lo largo del tiempo.
“Cuando nos dábamos cuenta de que una obra que sabíamos que estaba en el museo no tenía expediente, se lo mandábamos a abrir. Sin embargo, hay archivos incompletos, en los cuales faltan documentos irremplazables y que son importantes para conocer la procedencia, cómo se hizo el ingreso o cuántas veces ha sido exhibida determinada obra”, dice Suazo.
Jorge Moreno, miembro del sindicato, prefiere no opinar del tema. Sin embargo, da cuenta de “rumores” dentro de la institución acerca del estatus de ciertas obras que podrían ser subsanados “poniendo orden y realizando un avalúo de la colección”.
Según Suazo, la creación del archivo digital del MAC y la Fundación Museos Nacionales son un primer intento de corregir las fallas. Sin embargo, el próximo paso debería ser la creación de un catálogo razonado de la colección.
Se trata de una empresa costosa, pero que contribuiría a mejorar los procesos del museo y a preservar su memoria histórica, amén de que contribuiría a despejar las dudas acerca de la legitimidad de la colección.