Tradicionalmente, la desigualdad y la pobreza son consideradas causas del crimen. Sin embargo, las estadísticas apuntan a que estas variables impactan poco sobre el crimen, con la desigualdad teniendo mayor relevancia que el nivel de pobreza. De allí que la respuesta a la pregunta en el caso venezolano dependa de otros fenómenos.
El nombramiento del nuevo ministro de Interior y Justicia, Néstor Luis Reverol, coincidió con mi lectura de un artículo del profesor Javier Corrales del Amherst College, titulado "Incluso en Latinoamérica, las tasas de crimen de Venezuela son una anomalía" (vox.lacea.org). En el texto, Corrales llama la atención sobre las altas tasas de crimen en Latinoamérica y en especial en Venezuela.
Latinoamérica es una región inusualmente violenta. En el período 2005-2010, 27 países en el mundo sufrieron tasas mayores a 10 homicidios anuales por cada 100 mil habitantes; 21 de estos 27 países son latinoamericanos (más del 75%), incluyendo a Venezuela.
Nuestro país se ubica entre los cinco países con una tasa de homicidios mayor a 40 homicidios por cada 100 mil habitantes junto a El Salvador, Guatemala, Honduras y Jamaica. Lo curioso es que estas cuatro naciones son pobres y pequeñas.
Venezuela no lo es. Por eso, Corrales se pregunta ¿por qué la violencia es tan alta en Venezuela? En forma general, las posibles causas combinan (I) la proximidad a las rutas del tráfico de drogas hacia EEUU; (II) tendencias demográficas difíciles de revertir con grandes poblaciones jóvenes; y (III) estados relativamente débiles, que se ven desbordados ante grupos criminales mucho más poderosos. Aunque algunas de estas causas son comunes a Venezuela, no parecieran ser suficientes para explicar nuestra violencia.
Tradicionalmente, la desigualdad y la pobreza son consideradas causas del crimen. Sin embargo, las estadísticas apuntan a que estas variables impactan poco sobre el crimen, con la desigualdad teniendo mayor relevancia que el nivel de pobreza. De allí que la respuesta a la pregunta en el caso venezolano dependa de otros fenómenos.
Corrales argumenta que parte de la explicación es la respuesta del gobierno. Para él, las acciones del Gobierno venezolano no han sido apropiadas por dos errores conceptuales. El primero es creer que el crimen es resultado del capitalismo y la pobreza que éste se supone genera. El segundo error ha sido depender de las fuerzas armadas para combatir el crimen. Ambos sesgos han resultado en una política contra el crimen errada.
A la tesis del profesor Corrales agregaría una anécdota del premio Nobel de economía, Gary Becker, quien comenzó a interesarse en el problema del crimen un día que iba tarde para un examen. Becker debía estacionar el carro y sus opciones eran hacerlo mal cerca de la universidad o pararlo en un lugar permitido pero más lejos.
Becker decidió violar la ley y dejar el carro mal parado porque sabía que la probabilidad de que lo multaran era baja, y que en cualquier caso la multa sería barata. Su riesgo era manejable y optó por violar la norma. Por eso, para Becker un criminal estimará la probabilidad de ser castigado y la severidad del castigo antes de cometer un crimen.
En Venezuela, la probabilidad de ser castigado es muy baja. Según declaraciones de la diputada Delsa Solórzano, basadas en el informe anual 2011 del Ministerio Público (MP) la tasa de impunidad en el país en el 2011 se ubicó en 91.8%. Es decir, de cada 100 casos tramitados por el MP, menos de 9 resultaron en una acusación. Si el ministro Reverol quiere meterle el pecho en serio al crimen, haría bien en revisar los incentivos de los potenciales criminales en Venezuela.