Es inocultable que el mapa está pintado de rojo y que el PSUV tiene ahora más poder. También lo estuvo de blanco en otros tiempos y en intervalos se ponÃa verde
Los días posteriores al 7 de octubre volvimos a las tertulias de balance de los resultados electorales. Una de estas reúne a un grupo de amigos militantes de izquierda, acostumbrados al 10% histórico del MAS y, en mi caso particular, a bastante menos que eso en el MIR.
Nuestra única lucecita, en las lides presidenciales, la tuvimos con el Dr. Caldera en 1993, cuando hicimos causa común en el chiripero. Con esto que se denomina revolución bolivariana, siempre hemos tenido marcadas diferencias, pues más allá de compartir la intención de ocuparse de los pobres, el modo de pensar predominante, el delirio por la confrontación y el desprecio por las ideas distintas, son arquetipos con los que rompimos hace largo rato. Ni qué decir de la enorme ineficacia que caracteriza las ejecutorias de este gobierno, en todo lo concerniente a las políticas públicas.
No obstante, admitimos que, en eso de ganar elecciones, el chavismo se las trae. Es inocultable que a tal hecho contribuye el ventajismo y el más desvergonzado abuso de poder que hayamos conocido en el pedazo de historia que nos ha correspondido vivir, pero también es obvio que existe un enganche de la Venezuela más pobre con el gobierno.
Otro dato de la realidad es que el mundo opositor, constituye una sólida mayoría en la clase media, lo cual se pone de bulto con el resultado que se registra en las ciudades más importantes del país. De modo que se ratifica que en el pedazo de país que más depende del Estado el gobierno es mayoría y en aquel cuya población es más autónoma el panorama favorece a la alternativa democrática. En un twitter que hice circular días después del 7 de octubre dije que para ganar elecciones es indispensable el respaldo de los más pobres, pero para gobernar con un mínimo de eficiencia es menester contar con la clase media.
La gran tarea de las fuerzas democráticas es lograr el respaldo de las mayorías más pobres, para lo cual no queda otra que sumergirse en su cotidianidad, seguir en el esfuerzo por calar en sus motivaciones, en lugar de descalificarlos tildándolos de ignorantes, como es usual en algunos que se la dan de sabios.
Es inocultable que el mapa está pintado de rojo y que el PSUV tiene ahora más poder. También lo estuvo de blanco en otros tiempos y en intervalos se ponía verde.
Claro que no estamos hablando de lo mismo. Allá hubo mucho más respeto por la disidencia que lo que estamos padeciendo, pero como afirma el dicho: no hay mal que dure cien años. Volviendo a las tertulias referidas en el principio, en una de ellas se le ocurrió a mi compadre Constantino Morán, la frase que encabeza esta nota: "ahorita no hay otra que beber". Eso fue en octubre y ahora, luego de las regionales y en vísperas de la Navidad y de las fiestas de fin de año, la invitación tiene más pertinencia.
Evaluar, hablar, opinar, con el mejor gusto, pero seco, nada y mientras más edad tenga el escocés, mejor. Si no hay, cualquier otro trago sirve. Sólo añadiría, lo que solía oír entre mis parientes orientales: beber con fundamento.
Feliz Navidad y mejor Año Nuevo.