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Coordenadas | 26/02/2013
Fuerza productiva
Se nos ha dicho y se nos sigue diciendo que con miras a producir su vida, los miembros de una sociedad establecen vínculos entre ellos en relación con las fuerzas productivas de que disponen: relaciones de esclavitud, de servidumbre, de sometimiento impersonal de la mayoría a la minoría
OSWALDO BARRETO
Limón
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He ahí la noción que más profundamente define al marxismo, el principal instrumento del que se ha servido este sistema de pensamiento para indagar sobre la marcha de la historia y el funcionamiento de las sociedades que se conocen en cualquiera de sus momentos y en sus más diversos aspectos. Engloba todos los recursos de que dispone una determinada agrupación humana para producir tanto los bienes que le permitan vivir como las formas o maneras de lograr la supervivencia. Recursos que el ser humano encuentra en naturaleza y todo cuanto ha inventado, oficios, técnicas, ciencia para servirse de ellos y transformarlos en otro tipo de recursos.

HERRAMIENTA CLAVE PARA EXPLICAR EL MUNDO
 De cuál es el papel de estas fuerzas productivas en la vida de los hombres se ocupó Carlos Marx desde que iniciara su combate con sus pares filósofos o pensadores, antes de cumplir 30 años, cuando escribió virulentos libros polémicos como La miseria de la filosofía (francesa de su época) y la ideología alemanas (elaborada por sus connacionales de entonces).

Pero es en la introducción a los Principios de Economía Política, libro que escribió justo un año antes de cumplir los cuarenta, donde quiso exponer en su complejidad, no tanto el papel que jugaban estas fuerzas productivas en sus sistema de pensamiento, como la manera como actuaban en la vida real.

Ahí sustentó unas tesis que jamás llegó a revisar, y de cuya validez no han dudado ni sus mismos seguidores, ni sus adversarios de ayer y de hoy. Y lo hizo con estas palabras "En la producción social de su existencia, los hombres crean entre ellos relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad, esas relaciones de producción están en correspondencia con un desarrollo determinado de sus fuerzas productivas. Este modo de producción de la vida material domina en general el desarrollo de la vida social, política e intelectual.

No es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, al contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia". Palabras que en innumerables traducciones que de ellas se han en todas las lenguas y en las más diversas circunstancias han transformado en otras palabras, menos herméticas, pero fieles hasta el dogmatismo.

Se nos ha dicho y se nos sigue diciendo que "con miras a producir su vida, los miembros de una sociedad establecen vínculos entre ellos en relación con las fuerzas productivas de que disponen: relaciones de esclavitud, de servidumbre, de sometimiento impersonal de la mayoría a la minoría, por una parte y de gobiernos y regimenes, de leyes y constituciones, de costumbres y morales, que dependen también del grado de desarrollo de esas productivas" Y en palabras aún más de nuestro lenguaje cotidiano: "dime con qué fuerzas de producción cuentas y así podré decirte qué régimen político tendrás, cómo será tu vida cultural, tu sistema de educación, etc. etc.

En la época en que el marxismo era un sistema de pensamiento de plena vigencia, historiadores, filósofos, economistas, críticos literarios, se sirvieron de la dialéctica de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción para explicar cuanto había sucedido y sucedía en el mundo y hasta para hacer profecías sobre lo que podía venir en el futuro. La caída del sistema de esclavitud en Europa, que nadie pudo atribuirla a una revolución triunfante, fue rigurosamente explicada por economistas (algunos marxistas ortodoxos) por la aparición y desarrollo de nuevas fuerzas productivas y lo mismo ha ocurrido con otras caídas, como la del muro de Berlín.

La caída del comunismo real y el derrumbe de la Unión Soviética como gran potencia y del propio marxismo como sistema de pensamiento dominante durante toda una época. Y aún en nuestra época de desamparo ideológico y desconfianza frente en las grandes teorías se recurre a menudo al desarrollo o estancamiento de las fuerzas productivas para entender la crisis de la Unión Europea, la perdurabilidad de la hegemonía americana o los comienzos de la primavera árabe.

SUPINO DESPRECIO ENTRE NOSOTROS
Curiosamente, aquí, en esta menguada hora en que vivimos, cuando recurrimos a todo para tratar de explicarnos, desde el poder o desde la oposición, el caos en que se ha transformado nuestra vida, hasta en su más elemental cotidianidad; aquí nadie vincula su suerte o la suerte del otro con el estado en que se hallan nuestras fuerzas productivas.

Nadie, en efecto, ve en el sistema la destrucción de las fuerzas con las que contábamos o en la radical voluntad o incapacidad efectiva del sistema para producir la causa de algunos de nuestros males, si no de todos ellos. Hoy, apenas, lo más altos voceros del régimen hablan de asegurar el abastecimiento y detener la inflación con una adecuada administración de la renta petrolera o también mediante un régimen tributario que haga pagar a los ricos ­que son, desdichadamente o no, los que aquí y ahora producen algo­ cuanto sea necesario para evitar el colapso definitiva.

Y de nuestra parte, si nos atenemos a lo que nos dicen que dice el informe autocrítico de la MUD y su esbozo de una nueva estrategia, la lucha por la producción nacional, por el restablecimiento de la salud de nuestros aparatos productivos, pues no parece desempeñar papel alguno.

Y aquí sí es verdad que cabe aquel dicho oscurantista "De que vuelan, vuelan". Al punto que nos hemos atrevido a asegurar, y lo aseguramos de nuevo, que así vuelva el Chávez que se fue, no tendrá posibilidades de sobrevivir si no se consagra a producir o dejar que produzcan tranquilamente quienes hasta hora lo han hecho y en las formas que a todos nos convenga.

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