Y entre todas esas conexiones que hemos ido aprendiendo a detectar y a interpretar, juega la que hay entre política y elecciones, tan presente, que casi podemos hablar de una tendencia a identificar una cosa con la otra
Vivimos, como se oye decir por doquiera, uno de los momentos en la historia reciente de más extensa e intensa actividad política, como es fácil verificarlo cada día, cuando desde muy temprano confluyen en los programas noticiosos de los medios información sobre lo que en esta materia ocurre de grave y de crítico, no solo en el Medio Oriente, sino en regiones otrora tranquilas, como Bulgaria o Túnez.
Y al comparar nuestra situación, como ya es reflejo entre nosotros, con lo que sucede en las demás naciones, todos pensamos que en este auge de la vida política no estamos en modo alguno a la zaga. Bien por el contrario, pensamos todos que en materia de crisis, de situaciones novedosas en el acontecer político, bien podemos pensar que nuestro país ocupa un lugar privilegiado.
Y a esta tan extendida representación, que nos puede llenar tanto de orgullo como de congoja y rabia, podemos agregar otra: la conciencia que tenemos de hallarnos en una especie de tempestad política nos permite también tomar conciencia de la relación que hay entre política y cualquier otra entidad o fenómeno, social o natural.
Así, no es extraño escuchar conversaciones entre ciudadanos de cualquier extracción social, serias conversaciones sobre las relaciones entre política y cambio de clima o entre sexo y política, brujería y política y, por supuesto, enfermedad y política.
Y entre todas esas conexiones que hemos ido aprendiendo a detectar y a interpretar, juega la que hay entre política y elecciones, tan presente, que casi podemos hablar de una tendencia a identificar una cosa con la otra. Aquí, pensamos, la presencia enorme de la política en la vida pública y privada de cada día se debe a que este es un país donde, más que en ningún otro, a cada rato se habla de ella.
En otros países, ciertamente, como está sucediendo ahora en Italia, también se despiertan las pasiones políticas cuando vienen comicios, pero como estos no se dan con la frecuencia con que se dan entre nosotros, pues son otros factores los que despiertan aquellas pasiones: la corrupción administrativa, la falta de inversiones, los desastres o calamidades naturales, etc, etc.
Ahora bien, hacemos estas consideraciones porque encontramos curiosa y harto peligroso para la salud de nuestra vida republicana y hasta para nuestra salud personal, no esta relación tan estrecha que hay aquí y ahora entre la política y los comicios electorales, sino que lo que realmente estamos viviendo como crisis política se vincula solo con las posibilidades de nuevas elecciones presidenciales.
Es a la sombra de estas todavía inciertas elecciones presidenciales que nos situamos en la oposición ante las importantísimas, decisivas elecciones municipales, que han de realizarse el próximo 14 de julio con gran descuido, para no decir con gran desánimo.