¿Qué ocurre cuando la esposa abre la computadora del marido y descubre que éste se ha estado comunicando con una serie de perversos cuyo propósito es secuestrar, torturar, violar, asesinar, y merendarse mujeres, y que la esposa está incluida en los planes?
Gracias al internet, muchas esposas, novias y amantes han tenido la ocasión de escudriñar las computadoras de sus maridos y tropezarse con íntimas conversaciones y fotografías de extrañas mujeres en ropas menores o sin ropas, ofreciendo sus encantos virtuales al mejor postor.
Muchos matrimonios han sido destruidos y muchas relaciones han cesado. Pero, en algunas circunstancias, las mujeres engañadas han reaccionado con suma cautela, y han perdonado al transgresor. Y por buenas razones: el acto sexual no se ha consumado, y existe una gran distancia entre la fantasía y la realidad.
Pero ¿qué ocurre cuando la esposa abre la computadora del marido y descubre que éste se ha estado comunicando con una serie de perversos cuyo propósito es secuestrar, torturar, violar, asesinar, y merendarse mujeres, y que la esposa está incluida en los planes?
En estos días, los neoyorquinos están pendientes del caso denunciado por Kathleen Mangan-Valle ante el FBI, y que ha conducido al arresto y procesamiento de su esposo, el agente de policía Gilberto Valle.
Mientras intentaba controlar sus sollozos en el Tribunal de Distrito de Manhattan, la mujer informó que la intención de su esposo era "atarme por los pies, y degollarme".
El agente Valle mantenía conversaciones con participantes de una comunidad virtual en el internet donde una variada fauna de seres aviesos proponía planes para asesinar y devorarse mujeres tras someterlas a toda clase de sevicias.
Por ejemplo, en el caso de Kathleen Mangan-Valle, su esposo enunció que sentiría gran placer "observando cómo se desangraba con lentitud".
CONFESIONES TENEBROSAS
Las evidencias contra el policía Valle son abrumadoras. Además de expresar sus deseos de matar a su esposa, también señaló que deseaba hacer lo mismo con varias de sus amigas.
Cuando alguien que participaba en el chat preguntó al agente cómo haría para lidiar con los alaridos de su esposa mientras era sometida a torturas, éste respondió: "No hay problemas. Es suficiente con amordazarla".
Valle, de 28 años, lloró casi tanto como su esposa al escuchar su testimonio. Pero, pese a los espeluznantes detalles ofrecidos por Kathleen Mangan-Valle, el caso reposa en una cuestión bastante sencilla, y que podría abrir una caja de Pandora en materia de jurisprudencia criminal: ¿Pueden sancionarse las fantasías criminales de un ser humano? Pues hasta ahora no hay evidencia alguna de que las mujeres que el policía Valle deseaba asesinar y devorar hayan sufrido daño alguno.
Y eso dio lugar a un interesante debate al comenzar el juicio. El fiscal federal Randall W. Jackson dijo a los miembros del jurado que Valle estaba planeando crímenes reales y que su propósito era asesinar a seres humanos de carne y hueso.
Por su parte Julia L. Gatto, la abogada del acusado, dijo que el policía estaba simplemente divulgando fantasías perversas en el internet, y no había evidencia alguna de que pensara llevarlas a cabo.
Más de un psicoanalista ha escuchado terribles confesiones de sus pacientes. Pero no hay muchos casos en que el psicoanalista haya presumido que esas fantasías se iban a concretar, justamente porque se trataba de fantasías. Y muchas de ellas son la materia prima de best-sellers.
Y sus autores se hacen famosos y millonarios, y a nadie se le ocurre recluirlos en un asilo para enfermos mentales. Por el contrario, sus admiradores les piden que inventen más fantasías, cuando más macabras, mejor.
LOS VENDEDORES DE FANTASÍAS
Joseph V. DeMarco, un abogado que trabajó para la unidad de crimen cibernético de la fiscalía federal en Manhattan, señaló en una entrevista con The New York Times que hay ciertos "oscuros rincones" en el internet donde se llevan a cabo "una serie de conductas inmorales o ilegales, y el público en general tiene apenas un vago conocimiento de que esos lugares existen".
DeMarco dijo que el internet ha creado comunidades tan inofensivas como los filalelistas, y tan peligrosas como aquellos que predican el canibalismo. Y en cada caso, esas comunidades consiguen adeptos.
Una persona que mostrase interés por el canibalismo hace treinta años, "muy difícilmente podría encontrar un alma gemela en su entorno", dijo el abogado.
En cambio, en el internet, "es más factible tropezar con esas personas. Y en comunidades donde sus integrantes empiezan a dar aprobación a una serie de actos ilegales, y se estimulan entre ellos, no es tan descabellado pensar que ciertas personas podrían cruzar barreras que no se animarían a atravesar si no fuese por ese aliento".
En ese sentido, el fiscal Jackson trató de convencer a los miembros del jurado que era muy tenue la valla entre la fantasía y la realidad del sospechoso. Jackson dijo que las comunicaciones entre el policía y sus presuntos cómplices eran "reales", y que en ese chateo "existían detalladas discusiones estratégicas acerca de mujeres reales que fueron identificadas".
El fiscal mencionó una conversación en la cual el policía Valle discutió cómo asesinar a una mujer específica que conocía, y la logística adecuada para introducirla en un horno y cocinarla.
Había también discusiones sobre cómo violar a dos mujeres "una enfrente de otra, a fin de aumentar" sus miedos y de poner a otra en un asador, y asarla durante varias horas, en turnos de 30 minutos, para que la tortura se pudiera prolongar.
Gatto, la abogada del policía, dijo que si bien las acusaciones contra su cliente eran tan espantosas como una película de horror, "también comparten algo más con las películas de horror: son pura ficción".
La abogada dijo que el proceso a Valle va más allá de su posible condena. "Casos como estos ponen en cuestión la libertad de pensar, la libertad de hablar, la libertad de escribir inclusive los pensamientos más siniestros de la imaginación humana".
Aunque el policía Valle pensó cometer actos repulsivos, nunca pasó a la acción. Y hasta ahora, en una sociedad democrática, no existe la Santa Inquisición o la policía encargada de arrestar a una persona simplemente porque piensa cosas horrendas.