Arzobispo de Mérida, sacerdote aguerrido a quien le ha tocado jugar un papel preponderante en los convulsionados tiempos políticos que ha vivido Venezuela en su historia reciente. Monseñor Baltazar Porras opina sobre las funciones del nuevo Papa y la renuncia de Benedicto XVI
El pasado 28 de febrero se dio un hecho extraordinario e inesperado en la Iglesia Católica, la renuncia del Papa Benedicto XVI, y quisimos conversar con Monseñor Baltazar Porras sobre este hecho que ha conmovido al mundo católico y al mundo en general.
-Monseñor, ¿hay en la historia de la Iglesia otras renuncias papales?
-Han sido pocas y las tres anteriores (Benedicto IX, Celestino V y Gregorio XII) estuvieron signadas por conflictos más que todo políticos. De alguna manera la renuncia de Benedicto XVI es la primera que se da en plena libertad y serenidad, como él mismo lo ha dicho.
-¿Qué significa a comienzos del siglo XXI la renuncia de Benedicto XVI?
-En primer lugar, un ejemplo de desprendimiento o apego al poder así sea el espiritual. En estos momentos en los que parece aumentar en políticos y empresarios el deseo de eternizarse en el poder, es un llamado de que debemos dejar el paso a las generaciones más jóvenes para que con vigor físico y espiritual puedan comprender y guiar a un mundo en cambios constantes.
-Monseñor Porras, Mario Vargas Llosa en su artículo "El hombre que estorbaba" (El País, España, 2013) opina que a Benedicto XVI le tocó enfrentar uno de los tiempos más difíciles que ha transitado el cristianismo en sus más de dos mil años. ¿Cuál es su opinión?
-Momentos difíciles y mayores que el actual le tocaron a muchos Papas. A Benedicto le ha tocado, primero, suceder a un hombre carismático y mediático con cualidades que en él no son sobresalientes por su personalidad y hace que muchos puedan ver como opacado el pontificado de Benedicto. Ha tenido, por otra parte, el coraje de asumir situaciones como la pederastia de algunos clérigos con enorme valentía y riesgos. Las decisiones que tomó en ese campo y la normativa que hoy rige a la Iglesia en este asunto son muy claras y transparentes. Los escándalos, reales o creados, sobre las finanzas del Vaticano son un tema viejo que obliga a la Iglesia a una transparencia mayor para evitar el abuso y para la tranquilidad de todos, y de la opinión pública.
-¿Usted cree que el Papa Benedicto XVI se sintió incómodo o fuera de lugar en una Iglesia tan convulsionada como la que estamos viviendo?
-No lo creo. Es un hombre de un talante intelectual muy elevado y de una estatura moral incuestionable. Ha sido a lo largo de su vida un hombre de pensamiento más que de gobierno. Esto, sin duda, es un peso que en su conciencia lo ha asumido como una limitación, falta de vigor físico y espiritual, que lo llevó a tomar serenamente la decisión de renunciar.
-¿Piensa que ha habido un decrecimiento de la Iglesia Católica frente a las Iglesias cristianas que cada día suman más adeptos?
-En un mundo secularizado y en el que los que se llaman católicos no tienen la suficiente preparación para ello, no es de extrañar que la incursión de otras confesiones o la negación de ella, lleve al desánimo a muchos bautizados. La obligación del creyente, y Aparecida (Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe del 13 al 31 de mayo del 2007. AparecidaBrasil) así lo señaló en el 2007, es la necesidad de asumir la conversión pastoral, vale decir, la reingeniería de la evangelización para dar respuesta oportuna y clara a las exigencias del mundo moderno. De allí la misión continental y la necesaria revisión de las estructuras de la Iglesia.
-¿Qué debemos esperar los católicos de un nuevo Papa?
-Que asuma con vigor y alegría las inquietudes del mundo de hoy, y que sea un testigo que dialogue con todos, sin excepción, para bien no sólo de la Iglesia sino de la sociedad postmoderna tan inclinada a la desesperanza y el inmediatismo.
-¿Cómo verían los europeos la elección de un Papa del tercer mundo? ¿Cree usted en la posibilidad de que la Silla de San Pedro sea ocupada por alguien distinto a un europeo?
-Esto se plantea cada día con mayor fuerza. Los europeos en este sentido son mucho más amplios y plurales que otros continentes. La prueba está en que tanto Juan Pablo II como Ratzinger, polaco y alemán, fueron acogidos sin mayores reticencias por los europeos, empezando por los italianos.
-¿Cuál fue su impresión personal sobre la renuncia del Papa? ¿Cree usted que en esa renuncia influyeron los diferentes escándalos que ha enfrentado la Iglesia en estos últimos tiempos?
-Me pareció sorpresiva pero no me extrañó, pues el Papa ha sido un hombre desprendido de apetencias. Después del Accidente Cerebro Vascular (ACV) en 1995 y al cumplir los 75 años, le renunció a Juan Pablo II. Este quiso tenerlo a su lado hasta el último suspiro y ello lo condujo a ser su sucesor. No se puede descartar del todo, el que los problemas, no sólo los escándalos, inherentes a una función tan exigente como la de un Papa, lo hayan llevado a tomar la decisión de renunciar. Su actividad intelectual no la dejó siendo Papa, y quizá sienta mayor necesidad de dedicarse a ello y a la oración. Es una opción personal incuestionable que eleva más bien su imagen ante el mundo entero.