El error principal del gobierno de Chávez fue plantear el futuro del país como un juego suma cero, en el que sólo era posible que un sector de la sociedad ganase a expensas de otro
La muerte de Hugo Chávez ha traído consigo cambios importantes en el discurso y la percepción de nuestra realidad que vale la pena comentar. Las impresionantes y sentidas muestras de dolor y apoyo a Chávez son reflejo de la gran popularidad que cosechó quien supo interpretar y hacer suyas las banderas y necesidades de una gran parte de los venezolanos.
Después de Chávez es imposible concebir la política en Venezuela sin tener como norte la mejora de las condiciones de vida de los más pobres. Si entendemos al chavismo como la defensa de los más pobres, entonces de ahora en adelante todos nuestros políticos, oficialistas y de oposición, serán chavistas.
De igual forma, su muerte ha venido acompañada de una sensación de fin, de ya todo está dicho. Para sus seguidores, Chávez está camino de convertirse en leyenda. Las posiciones extremas que en vida Chávez generó, ahora parecen solidificadas al punto que los argumentos y propuestas son secundarios. También los líderes, en especial los oficialistas, parecen haber tomado posiciones finales.
El chavismo sin Chávez se presenta como un movimiento excluyente que buscará afianzar su hegemonía del poder e imponer un modelo errado en el país, a través de un discurso divisivo. Tragarnos este discurso de los buenos y los malos es quizás una de las mayores tragedias que nos pueden ocurrir.
No sólo por los odios que siembra, sino porque además es falso y no se identifica con el espíritu del pueblo venezolano. De hecho, creo que las divisiones entre nosotros son ficticias: los venezolanos compartimos la gran mayoría de sueños y aspiraciones de país y, además, hay un gran consenso sobre cómo lograrlo.
Nuestro sueño común es ser un país de hombres y mujeres trabajadores, justos y pacíficos; que le ofrezca a cada ciudadano mayores oportunidades de progreso a través del trabajo propio, para en última instancia tener una sociedad más justa, igualitaria y productiva.
El error principal del gobierno de Chávez fue plantear el futuro del país como un juego suma cero, en el que sólo era posible que un sector de la sociedad ganase a expensas de otro. Esta visión falsa creó un clima de inestabilidad que partió a la sociedad y nos ha hecho más pobres como colectivo. Más allá de la bonanza petrolera, la sociedad venezolana es hoy más pobre porque produce menos.
El camino a seguir es claro. Necesitamos que el Estado se dedique a luchar contra la pobreza; aumentando el empleo y la producción nacional. Para ello es necesario reducir la inflación y los controles que ahogan a la economía en ineficiencia y corrupción. El gobierno además debe buscar reducir la violencia; combatiendo la corrupción, injusticia, impunidad y narcotráfico.
Finalmente, se debe realizar un plan de inversiones para mejorar la muy frágil infraestructura del país. Este es un plan que no tiene colores partidistas y que está a la disposición de todos. En esta hora difícil, es perentoria la unión. Los bandos políticos deben alcanzar un acuerdo nacional, un acuerdo Venezuela que nos ayude a progresar en los puntos comunes.
Un país dividido nunca podrá alcanzar sus objetivos. Sólo unidos podremos hacer realidad nuestro sueño común. La buena noticia es que aún son muchas más las cosas que nos unen que su contrario.