Se llama Francisco...
Vestido con simpleza y una cruz de bronce, pidiendo al pueblo la bendición de Dios. Eligió un nombre con gran carga simbólica que inicia una tradición, Francisco, el santo de los pobres Francisco de Asís, y el santo misionero, que llevó su apostolado hasta la India y Japón, con un deseo ardiente por llevar a China la fe cristiana, Francisco Javier
La elección del actual Papa fue precedida de actos incómodos para los sectores más conservadores de la Iglesia. Benedicto XVI, con su renuncia, exalta el rol de servicio del Papado. Ser el sucesor de Pedro no es un fin en sí mismo, una monarquía que se ejerce hasta la muerte; su importancia no es la institución, sino el servicio.
En las últimas alocuciones del antiguo Papa, mientras comentaba las tentaciones de Jesús y la conversión al Reino de los Cielos, hizo referencia a tres testimonios vividos desde la periferia y la marginalidad de la historia, alejados de los centros de poder.
Me refiero a Pavel Florensky, Etty Hillesum y Dorothy Day, un científico agnóstico converso, sacerdote y mártir de la Iglesia Ortodoxa Rusa, una judía víctima del nazismo, y una madre soltera y militante anarquista que encontró en la Iglesia Católica la Fe para persistir en sus luchas sociales.
De algún modo estos testimonios nos preparaban para quien sería el nuevo sucesor de Pedro. Un Arzobispo sencillo, que no figuraba entre los "favoritos", que al ser nombrado Cardenal pedía que no lo llamaran con reverencias especiales sino simplemente Padre Bergoglio. Que se desplazaba en bus y metro como uno más de los porteños, disfrutando de su identidad, el fútbol, el tango y la literatura. Y que al ser nombrado Papa, se presentó como Obispo de Roma, más que como Sumo Pontífice.
Vestido con simpleza y una cruz de bronce, pidiendo al pueblo la bendición de Dios. Eligió un nombre con gran carga simbólica que inicia una tradición, Francisco, el santo de los pobres Francisco de Asís, y el santo misionero, que llevó su apostolado hasta la India y Japón, con un deseo ardiente por llevar a China la fe cristiana, Francisco Javier. Fundador junto a Iñigo de Loyola y Pedro Fabro, de la última orden de la Iglesia Católica, los jesuitas, de gran importancia para el posicionamiento de la Iglesia Católica en la modernidad europea.
Posiblemente no veamos en este pontificado grandes cambios en materias de moral, sacramentos y teología del magisterio. Pero sí un mayor acento en lo social, en la humildad y pobreza de la Iglesia. Una depuración necesaria de la Curia romana y el IOR (Banco Vaticano), así como la redefinición del ministerio petrino que se inicio con la renuncia de Benedicto XVI.
Francisco en su breve aparición está más próximo a la idea del Papa como primus inter pares de los primeros siglos de la Iglesia, que al Sumo Pontífice Infalible del siglo XIX. Muy significativo fue que se refiera a su predecesor Benedicto XVI, como obispo emérito y no como Papa, y el hecho de que sea el primer no europeo desde el sirio Gregorio III en el 741, es un signo de ruptura con el eurocentrismo eclesial que ha opacado la catolicidad de la Iglesia, una muestra de confianza de parte de la Iglesia Universal a la Iglesia latinoamericana.
Los jesuitas además de los tres votos de castidad, pobreza y obediencia que profesan otras órdenes religiosas, suman un cuarto voto, el de fidelidad al Papa, ahora que por primera vez un jesuita asume tal responsabilidad, esperemos que no por eso deje de cumplir con ese voto, que sea fiel a su conciencia y no se deje llevar por las intrigas de la Curia Romana.