Mao TseTung proclamó hace medio siglo que uno de los grandes héroes de la Revolución China era el fiel soldado Lei Feng, un joven altruista, educado, perseverante en su propósito de servir al prójimo. Pero en 1962, cuando Lei Feng tenía apenas 21 años de edad, y todos le auguraban un futuro prometedor le cayó en la cabeza un poste telefónico y lo mató
Decenas de fotógrafos lo seguían a todas partes y registraron su imagen realizando múltiples actividades. A veces arreglaba camiones del ejército, en otras ocasiones remendaba las medias de sus camaradas, y durante la noche estudiaba las obras del presidente Mao a la luz de una linterna para ahorrar electricidad.
Mao TseTung proclamó hace medio siglo que uno de los grandes héroes de la Revolución China era el fiel soldado Lei Feng. Como el pequeño vigía lombardo de Edmundo d’Amicis, como tantos héroes niños de nuestra independencia, todos imaginarios, Lei Feng era altruista, educado, perseverante en su propósito de servir al prójimo.
Decenas de fotógrafos lo seguían a todas partes y registraron su imagen realizando múltiples actividades. A veces arreglaba camiones del ejército, en otras ocasiones remendaba las medias de sus camaradas, y durante la noche estudiaba las obras del presidente Mao a la luz de una linterna para ahorrar electricidad.
En 1962, cuando Lei Feng tenía apenas 21 años de edad, y todos le auguraban un futuro donde podría reparar centenares de camiones del ejército y millares de medias de sus camaradas, y releer una y otra vez las obras completas del Presidente Mao, le cayó en la cabeza un poste telefónico y lo mató.
Hasta el día de hoy nadie sabe por qué Lei Feng, que era tan cuidadoso reparando objetos, no revisó el poste telefónico en el cual se apoyó brevemente para descansar.
OTRO HÉROE MUERDE EL POLVO
Hace unos días, se conmemoró en China el 50º aniversario del tránsito de Lei Feng hacia la inmortalidad. Y el aniversario, lejos de celebrar al héroe, contribuyó a acelerar su olvido.
En primer lugar, hubo un trágico percance. Un octogenario fotógrafo que se hizo célebre por tomar 200 fotos de Lei Feng y pronunciar 1.260 discursos en su homenaje, sufrió un ataque al corazón mientras pronunciaba su discurso número 1.261 en un salón repleto de militares, en el noreste de China.
La agonía y muerte del fotógrafo en el salón fue registrada con lujo de detalles por los principales medios periodísticos de China. Una de las imágenes era la del fotógrafo boqueando como un pez y recostado en una silla.
Otra lo mostraba recibiendo masajes para resucitarlo. La tercera era una fotografía del cadáver del fotógrafo envuelto en la bandera del partido Comunista de China.
Tras ese dramático episodio hubo una total ausencia total de público en el estreno de tres películas dedicadas a encomiar la gloria de Lei Feng.
Como parte de las celebraciones nacionales del "Día para Aprender de las Obras de Lei Feng", fueron estrenados los filmes El joven Lei Feng, La sonrisa de Lei Feng, y Lei Feng en 1959.
Según informó The New York Times, las tres películas fueron un fracaso total en la taquilla. En Pekín, donde se habían congregado millares de delegados para el Congreso Nacional del Pueblo, un parlamento en el que todos los legisladores son comunistas y cuyo único atributo es andar siempre con la mano alzada para aprobar todo lo que quiere el gobierno, las películas que mostraban al joven Lei Feng, su sonrisa y su transcurrir por la tierra en 1959, fueron exhibidas en salas prácticamente vacías.
Un cine local informó que había vendido 43 entradas en cuatro días del filme El joven Lei Feng. En ese mismo lapso, en la misma sala, fueron vendidas 450 entradas de la película Los Miserables.
En la ciudad china de Taiyuan, en la provincia de Shanxi, el empleado de un cine informó al periódico que tuvo que retirar los tres filmes de la saga de Lei Feng, pues ni un solo espectador se sintió tentado de verlos.
BUSCANDO VOLUNTARIOS
Ante el fracaso de las exhibiciones, el gobierno chino sugirió a trabajadores que fueran a ver las películas si deseaban conservar sus empleos. The New York Times dijo que la Administración Estatal de la Radio, el Cine y la Televisión ordenó a encargados de cines que empezaran a promover las películas del héroe que remendaba medias.
Miles de cuadros del partido Comunista se dedicaron a organizar visitas grupales a cines, especialmente en zonas rurales. También los pioneritos uniformados del partido Comunista fueron convocados a la tarea de difundir las enseñanzas de Lei Feng.
El diario dijo que una exhibición en Pekín de una película de la saga de Lei Feng, contó exclusivamente con empleados del gobierno y pioneritos. Pero ni siquiera así se logró éxito en la campaña de propaganda.
Los empleados del gobierno y los pioneritos fueron fotografiados en la puerta del cine, sonriendo a las cámaras... Y una vez se fueron los fotógrafos, huyeron rápidamente del cine, como alma que lleva el diablo.
¿Por qué ese fiasco en la promoción de Lei Feng como modelo comunista? Al parecer, el pueblo chino está harto de un doble estándar.
La corrupción de los dirigentes chinos ya ha alcanzado características de leyenda. Hace algunos meses, se reveló que la madre del ex primer ministro de China, Wen Jibao, quien obtenía una modesta pensión antes del ascenso de su hijo al poder, controlaba para el 2007 una empresa de servicios financieros cuyos ingresos ascendían a 120 millones de dólares.
Y aunque el próximo presidente de China, Xi Jinping ha iniciado una enérgica campaña para combatir la corrupción, nadie le cree. Porque en los últimos años se han multiplicado las campañas contra la corrupción, y lo cierto es que la descomposición moral en el seno del partido Comunista pica y se extiende.
Tal vez el gran indicador es el heroico soldado Lei Feng, y su rápido ingreso en el basurero de la historia. Según dijo The New York Times, muchos se preguntan si no ha llegado el momento de que los restos del santo Lei Feng descansen en paz.
Para esas personas, dijo el periódico, "el fracaso en taquilla de las películas que tienen como protagonista a Lei Feng es el último clavo en su ataúd".