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Opinión | 25/04/2013
Primero de Mayo
Sin lugar a dudas, los más afectados por ese despropósito han sido los trabajadores del sector público, quienes han sido objeto de vejámenes y acoso por parte de ministros y presidentes de compañías estatales. Nunca antes en la historia posterior al 23 de Enero de 1958, habíamos visto una operación de esa naturaleza
LEÓN ARISMENDI
Día del trabajador
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La próxima semana se cumplen 127 años de los sucesos que dieron lugar a la consagración del primero de mayo como día internacional de los trabajadores. La histórica fecha encuentra a los venezolanos marcados por la polarización que padece el país desde que la ultraizquierda borbónica tomó las riendas del poder y se empeñó en convertir la política en una guerra, donde el diálogo democrático y el respeto de las divergencias, se archivaron y en su lugar, los adversarios fueron rebautizados como enemigos (apátridas, de derecha, burgueses, escuálidos) que deben ser destruidos y convertidos en polvo.

Los trabajadores no podían salir ilesos de tales ejecutorias.  Sus organizaciones sindicales fueron fragmentadas y el intervencionismo estatal en los asuntos propios de su vida interna y de sus actividades es cada vez más obsceno. El difunto expresidente hizo lo indecible por tener un sindicalismo obediente y sumiso, un movimiento que pusiese por delante la fidelidad a su gobierno en lugar de los intereses de los trabajadores.

En eso anda el Presidente de la central oficialista, según declaró en fecha reciente. Por fortuna para todos, el resultado electoral del pasado 14 demostró que el país está hastiado de la confrontación y que el futuro dejará atrás a quienes no entiendan que la democracia y el dialogo son consustanciales al progreso.

Sin embargo, los señores que gobiernan no dan señales de haber leído bien el mensaje del soberano y su reacción ha sido la típica de fanáticos, presuntos dueños de una verdad absoluta e inmutable. Una vez que verificaron que las mayorías les abandonan, en lugar de evaluar las causas del descalabro, se dedican a descalificar y a perseguir a todo aquel que votó por Henrique Capriles.

Sin lugar a dudas, los más afectados por ese despropósito han sido los trabajadores del sector público, quienes han sido objeto de vejámenes y acoso por parte de ministros y presidentes de compañías estatales. Nunca antes en la historia posterior al 23 de Enero de 1958, habíamos visto una operación de esa naturaleza.

Para los ultrosos en el poder cambiar de opinión política no es un derecho sino una traición. Se ha llegado hasta la revisión de celulares y computadoras en busca de la huella de algún mensaje opositor. El cinismo llega al extremo de decir que no hay acoso por razones políticas sino que, de un día para otro, el sector público se minó de saboteadores. Por cierto el vocero más expresivo de tal denuesto es diputado y dirigente de la central oficialista.

Creo que semejante oleada de discriminación, absolutamente contraria a la Constitución y a las normas internacionales que protegen los derechos humanos fundamentales, debe ser el eje de la protesta de este primero de mayo. La convocatoria debe ser unitaria y amplia, que incluya a todas las organizaciones sindicales. Los trabajadores venezolanos deben exigir el cese inmediato de la persecución política y estoy seguro que la sociedad como un todo estará dispuesta a acompañarles.

 
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