«Chávez es derrotable si se diagnostica a tiempo» podría ser el título de un libro mitad científico, mitad estadístico. La conducta de los ni-ni será un tema noticioso los próximos meses: usted lleva uno adentro
El estudio del Centro Gumilla sobre las actitudes del venezolano de las clases populares ha sido mejor aprovechado por el Gobierno que por la oposición. La prueba es la puesta en el aire (no se puede hablar de puesta en marcha) de la misión del empleo con sus tres millones de sugerentes promesas.
Debe recordarse que en la encuesta del CG aparecía la falta de empleo como el principal problema del país según las clases socioeconómicas C-, D y E, por encima de la inseguridad.
El presidente Chávez está haciendo lo que debe hacer según el librito: demagogia populista con labia y plata. Esos ingredientes lo han llevado y traído con buen viento, a pesar de los altibajos, durante trece años. Ahora necesita, quizás, mayores dosis de demagogia, populismo, labia y plata. Pero de todo eso tiene en abundancia.
Sin embargo, en sus cálculos no cuenta, por lo visto, con los ni-ni o no alineados, un grupo más racional de lo que se cree, sobre todo el de las clases más populares; nada apático, piensa muy individualmente y actúa según un eventual beneficio que pueda derivarse de su elección a la hora de votar. No es abstencionista, o al menos no lo es en mayor proporción que los alineados.
Mientras mayor número de ni-ni voten, tanto mejor para la oposición. Aun cuando se muestren independientes de cualquier alternativa partidista, estudios han demostrado que estarían dispuestos a votar con preferencia por la opción no oficialista. Pero hay algo que los puede paralizar.
ALÓ, PRESIDENTE
Reapareció el reality show presidencial el domingo pasado y allí puso en práctica el líder máximo las armas con las que cuenta. Dijo que no está en campaña sino solo haciendo training. Dedicó al menos media hora a hablar de los problemas hipotéticos de las primarias, basándose en una sola fuente: Mario Silva. Alguien programado para llamarlo, una pobre mujer, lo trató como «nuestro todo».
Cuando las personas le agradecen por alguna dádiva, comienzan indefectiblemente con la frase «gracias a Dios y a usted, señor Presidente». A través de otra llamada prediseñada abordó el tema de la violencia, endilgándole a los medios apátridas el manejo de unas cifras dantescas: «Meten lo que es y lo que no es... Andan como zamuros en la morgue», dijo. Es curiosa la alusión al infierno de Dante.
Uno de los Cuadernos del Centenario que editó la Fundación Herrera Luque está dedicado a analizar las actitudes políticas desde el resentimiento y el miedo. Ruth Capriles, su autora, traza una relación entre el miedo y la desesperanza política. Habla de inhibición: «La inhibición es el resultado de un mecanismo de disuasión eficiente que ha sido incorporado a las personas. De alguna manera se parece en su actuación a la conciencia moral, solo que no logra la convicción sino exclusivamente la disuasión. Sin embargo, no por ello deja de ser igualmente eficaz».
Esto quiere decir que el Presidente, por intuición y por enseñanza de sus asesores, acentuará en lo sucesivo cualquier elemento que contribuya a que los ciudadanos se abstengan de actuar políticamente.
Esto, desde una simple manifestación (es sintomática la foto que publicó El Nacional en portada, el otro día: una manifestación con mayor despliegue represivo que manifestantes, hasta el preciso momento de las votaciones.
Por eso, la campaña de la oposición debe propagar una esperanza razonada, un aliento de fe, una ilusión sostenida en metas discernibles.