Al menos 8 canales adicionales se activan cada día para buscar bajar las colas, en Caracas. No se trataría de falta de vías sino de exceso de vehículos por ser una ciudad hecha para carros y no para la gente
Cada mañana, Caracas activa no menos de 8 canales de contraflujo. Al más consolidado, el llamado "VAO" de la Autopista Prados del Este, se le suma uno en la carretera Panamericana, otro en el bulevar de El Cafetal, uno más en la autopista Guarenas-Caracas, otro en la Francisco de Miranda, en La California, uno más adelante en entre Palo Verde y Petare, otro en la avenida Rómulo Gallegos y uno adicional en la avenida principal de Caricuao. En la tarde se activan en sentido contrario.
Además, se comenzaron las pruebas para una medida similar en la autopista Francisco Fajardo desde El Paraíso hasta Plaza Venezuela y se anunció uno nuevo en la avenida Río de Janeiro, entre los municipios Sucre y Baruta.
Visto ese panorama cada mañana y tarde, cualquiera puede pensar que las calles, simplemente, se quedaron pequeñas. Pero según el arquitecto y urbanista Enrique Larrañaga, no es así. "Hay que reformular toda la ciudad, pero no porque nos quedamos sin capacidad de vías sino porque tenemos exceso de carros y además poco y mal transporte público". El especialista señala la falta de control en las expansiones urbanas aunque revela que "tampoco es que seamos demasiada gente. De acuerdo a los datos del censo del INE, Caracas ha crecido muy poco en población pero sí ha aumentado su parque automotor". A ello invita a reflexionar qué no hace la ciudad por su gente que la obliga a depender de un vehículo.
PURA PASTILLITA
Tales medidas "son meros analgésicos, como una aspirina. Pero eso no soluciona el problema, la causa", dice Larrañaga para quien ampliar un canal más "lo único que consigue a corto plazo es aumentar el parque automotor porque la gente piensa que como baja la tranca puede meter más carros". Es correr la arruga. "Lo que hay es que identificar por qué la gente necesita andar en carro, qué es lo que la ciudad no ofrece".
Para el urbanista, la ciudad está mal planteada. "Está hecha para los carros y no para la gente y los terrenos se ocupan indiscriminadamente, como una operación meramente inmobiliaria y no como un hecho urbano". Por ello incluso ve con preocupación que las quejas, incluso con insultos, ahora se dirijan hacia los motorizados. "La gente opta por las motos para vacilarse la ineficiencia de las vías, así se buscan atajos en una ciudad que no está ofreciendo una calidad de vida tolerable".
PROBLEMA DE TODOS
Ponerle el cascabel al gato no es fácil. Es usual escuchar que no se deja el carro porque el transporte público no sirve, pero el colectivo no sirve porque las vías colapsadas por tanto carro no lo hace eficiente. Para Enrique Larrañaga parte del problema es la expansión urbana. "Transporte eficiente pasa por tener público. Tener un autobús que vaya a Lomas de la Lagunita y agarre una persona cada 3 kilómetros, no paga. Eso es lo que obliga a esa persona a venir al valle central donde están las fuentes de trabajo. Eso es lo que causa los desplazamientos y el tráfico".
El problema entonces pasa por enfrentar la dinámica inmobiliaria y de planificación urbana, además de resolver, entre todos y con dinero público, problemas de urbanismos "privados" o locales, "como ocurre con el distribuidor de Ciudad Caribia y el de La Guairita que la ciudad entera debe financiar para solucionar una falta de planificación eficiente y sensata de El Hatillo. Todos pagamos los errores y la miopía urbana de un grupete", dice Larrañaga. En todo caso, las soluciones son lentas porque "son complejas y duelen".
Por eso, el arquitecto dice que "todos nos tenemos que poner serios. Dejar la quejadera y entender que los problemas serios requieren soluciones serias y que incluso las soluciones intermedias necesitan ser aplicadas con seriedad para que tengan efecto", en referencia a que los VAO (vehículos de alta ocupación) se respeten y no queden como meros canales de contraflujo.