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Tecnología | 18/03/2013
Contra el internet lento
Cada vez es más frecuente escuchar en las oficinas "se cayó el internet". En la actualidad hay más demanada debido al crecimiento de dispositivos móviles o tablets.
LUIS CARLOS DÍAZ
Internet lento
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Gloria Salazar, de la ONG Espacio Público, lo narra así: "es como virosis, una de esas cosas que están dando. De pronto sientes una irritación en la piel ligera, pero luego te das cuenta que más gente está contagiada. Te llegan más y más comentarios, y sabes que es una epidemia de algo. Eso nos pasa con el Internet". En las oficinas se escucha el "se cayó el Internet" con cada vez más frecuencia.

Los ritmos laborales disminuyen, empezamos a parecer esas dependencias públicas que se excusaban con la resignación del "no hay línea". Como si fuese una luz de navidad. Intermitente. Azarosa. Caprichosa en momentos de necesidad. 3 minutos sin Internet mientras se trabajan pasan con la misma intensidad que 3 minutos bajo el agua. Pero cuando se cargan o descargan archivos, cuando se hacen sincronizaciones, más que agonía es muerte del trabajo. Un ejercicio repetitivo y eterno, como el de Sísifo al empujar su piedra cuesta arriba para verla rodar nuevamente por la terca gravedad y recomenzar.

A Internet le ocurre lo mismo que las carreteras: son las mismas y cada vez hay más vehículos. Estamos llenando nuestra cotidianidad de más y más aparatos que se conectan a la red. A la infraestructura de cables y computadoras, estamos sumando teléfonos, tabletas, consolas de videojuegos, libros electrónicos y en poco tiempo electrodomésticos. No significa que estamos poblando Internet, sino que aumentamos cada vez más la demanda de conectividad, por más tiempo, con contenidos más pesados y en una gran variedad de peroles. Pero seguimos transitando la misma carreterita de dos canales, sin posibilidad siquiera de comernos el hombrillo o ir en mototaxi.

LOS HELADEROS NOS PASAN POR UN LADO
Una de las muestras más patéticas de nuestra pobreza de conexión es que la mayoría de los usuarios que se quejan lo hacen por no poder mandar tweets, actualizar su Facebook, buscar una tarea en Wikipedia o subir una foto. El ancho de banda que consumen estas actividades es bajísimo, es la demanda de un usuario básico de la incipiente Web 2.0. Hablamos de 2005-2007. Ni siquiera nos damos la oportunidad de exigir conexión para colgar o ver videos en alta definición, realizar videoconferencias con 10 personas a la vez, innovar en salas de educación a distancia con alto consumo de datos, o enviar grandes paquetes de imágenes (como hacen los fotógrafos). La gente no extraña lo que no conoce.

Durante los últimos meses hemos realizado sesiones de Hangouts, unas emisiones de video en streaming, y nos llegan cada vez más quejas de gente que no puede verlas en vivo porque se congela la imagen. Estos afectados tienen cosas en común: viven en Venezuela, son usuarios de Cantv y están molestos con su servicio. Por lo general están fuera de la ciudad capital, que es donde Conatel ha reportado una mayor exclusión de la conectividad a pesar de los esfuerzos gubernamentales.

Las provincias tienen unas tasas de conexión bajísimas comparadas con Caracas y el estado Miranda, que tienen alta penetración pero una velocidad baja. El promedio de conectividad nacional nos pone por debajo de la media latinoamericana. Así que a pesar del alto consumo de teléfonos inteligentes, las canaimitas en los colegios y los más de 10 millones de usuarios en Facebook, transitamos por una trocha.

Muy probablemente el nudo sea presupuestario. Por un lado, los investigadores de Inside Telecom han publicado en diversas oportunidades que, al contrario de la región, Venezuela no ha aumentado la cantidad de prestadores de servicio de telecomunicaciones. Por el contrario, cada vez se depende más de Cantv, con todo lo que implica que sea una empresa pública cuyas ganancias se usan para pagar deudas de ministerios como el de Cultura o Salud. Pero no aumentar las opciones de prestadores de servicio le da a nuestro mercado de telecomunicaciones menos incentivos para competir, crecer y mejorar la relación calidad-precio.

LAS CIFRAS DE CADIVI
Por detrás de la infraestructura de cables y conexiones se esconde otra cosa: las trabas en la adquisición de divisas y las importaciones. Resulta bastante curioso que para este mes de marzo, Cadivi haya anunciado que en los dos primeros meses del año se hubiesen aprobado 74 millones de dólares para las empresas de telecomunicaciones, informática, seguros y reaseguros. Son materias distintas en un mismo saco. Sin embargo, en una nota de prensa similar del año 2012, se informa que fueron aprobados 90 millones de dólares para telecomunicación e informática. Más dinero para los rubros que exploramos aquí.

Pero si nos vamos más atrás, resulta que el 29 de enero de 2008 Cadivi publicó otra nota en la que daba cuenta de cómo se había comportado el sector el año anterior. El cambio es abrumador: "durante el año 2007 se autorizaron 921 millones de dólares para el área de informática, cifra que mostró un crecimiento cercano al 20 por ciento con respecto a los 775 millones aprobados en el 2006". Eso es sólo informática (equipos, piezas y otros implementos).

Luego dice: "En cuanto a las importaciones de las empresas del sector telecomunicaciones (...) el año pasado (2007) la Comisión le autorizó un monto superior a los 2 mil millones de dólares, registrando un incremento de 8 por ciento en comparación con lo aprobado en el 2006 (US$ 1852 millones)". Los seguros y reaseguros fueron otras partidas aparte. Si dividimos, veremos que el promedio mensual, sólo para telecomunicaciones, fue de al menos 166 millones de dólares.

Muy distinto a los 37 millones de dólares de 2013 repartidos entre 4 rubros. Un apunte sobre estos datos de Cadivi: en 2006 o 2007, la tecnología no era más costosa que en estos momentos. Tampoco hoy en día se producen más insumos para las telecomunicaciones que en ese entonces. Por lo tanto, pareciera que han mermado las prioridades de importación e inversión en telecomunicaciones, a pesar de que paradójicamente sea uno de los sectores de nuestra economía que más han crecido en estos años y el que no cesa de generar más exigencias.

Necesitamos un mejor ancho de banda, a menor precio, porque seguimos rezagados respecto al continente en las dos variables. Las empresas deben garantizar que el servicio sea estable, continuo y confiable, de manera que no afecta la productividad, los procesos educativos ni los momentos de ocio que permite la conectividad. Es urgente desplegar con más rapidez la conectividad en las provincias del país para disminuir la desigualdad entre centro y periferia. Y por último, darle más importancia a la conectividad móvil.

Nuestro parque de teléfonos celulares se hace cada vez más rico y exigente, pero también tortuoso en sus velocidades. Con todo esto en mano, hay suficientes elementos para construir un consenso de exigencia ciudadana: podemos protestar contra el mal servicio de Internet.

 
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