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Opinión | 19/03/2013
Exclusión y cambio
Tras la táctica de la acumulación de fuerzas y posterior toma del poder estatal, los revolucionarios desarrollaron su vocación totalitaria al tratar de imponer, a sangre y fuego, su "ciencia" en la mente y cuerpo de los habitantes de los territorios bajo su control
RAFAEL UZCÁTEGUI
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Hugo Chávez será recordado como el último líder que reiteró el fracaso de la tradicional toma del poder estatal para imponer desde allí una nueva hegemonía, una estrategia que caracterizó las revoluciones típicas de la modernidad.

El advenimiento de la llamada era industrial, con el paso de los conglomerados rurales a urbanos, trajo aparejada la popularización del llamado "método científico" para aprehender la realidad.

De esta manera la ciencia reemplazó a las religiones como bitácora de explicación del mundo, contraponiendo la razón a la superstición. La ciencia se erigió, de esta manera, como el cuerpo de ideas que explicaban todo sobre el mundo y que proponían un camino para la evolución y el progreso para la humanidad.

Basados en esta secularización del viejo sentimiento religioso, comenzaron a edificarse diferentes doctrinas revolucionarias en un contexto signado por el positivismo, en donde la creencia en que el único conocimiento auténtico era el científico, paradójicamente se convirtió en una razón de fe.

El marxismo y su método del materialismo dialéctico, principalmente, empezaron a predicarse como "la" ciencia que aseguraría el bienestar y la felicidad de hombres y mujeres. A quienes disentían de ella se les trató, literalmente, como herejes.

Tras la táctica de la acumulación de fuerzas y posterior toma del poder estatal, los revolucionarios desarrollaron su vocación totalitaria al tratar de imponer, a sangre y fuego, su "ciencia" en la mente y cuerpo de los habitantes de los territorios bajo su control.

Rusia, China, Vietnam, Cuba, Camboya fueron los fenómenos concretos de las profecías de George Orwell. Nunca estuvo mejor dicho que el camino al infierno estaba empedrado de buenas intenciones.

A pesar que de las propias filas revolucionarias surgieron las mejores disidencias a estos modelos, como lo demostró el entusiasmo mundial suscitado por la figura de Hugo Chávez, los "revolucionarios" del mundo continuaban jerarquizando la igualdad sobre la libertad, mirando hacia otro lado ante las denuncias de sistemáticos procesos de exclusión por razones políticas.

Entender lo anterior no significa abandonar los deseos de hacer del mundo un sitio mejor, ni abandonar el espíritu de solidaridad con los excluidos.

Por el contrario, es entender que cualquier proceso de cambio, de la profundidad que sea, deberá lidiar con una característica innata de los seres humanos: la diversidad de pensamiento, su capacidad de libre albedrío.

Como sucedió con las experiencias anteriores, el chavismo intentó en vano uniformizar a todos los venezolanos, y quienes nos mantuvimos refractarios fuimos sometidos a una intensa campaña de exclusión y eliminación simbólica, que no se convirtió en real debido al alto costo político de transmitir imágenes de represión abierta en tiempos globalizados.

 
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