Este amor por la No Intervención, tradicional en los regímenes autoritarios, pasaría más inadvertido si no fuera por el contraste con el beneplácito mostrado con las ofensas de Raúl Castro a la oposición venezolana al asumir la presidencia pro tempore de la Celac
El apoyo pedido por Willie Colón para los estudiantes venezolanos a través de su cuenta de Twitter fue muy atacado entre otros por el diputado Robert Serra, quien con su estilo "parlamentario" calificó de rata y drogadicto al músico y compositor puertorriqueño.
Ya venían tan picados por las anteriores declaraciones del salsero relacionadas con la dualidad presidencial que el 20 de enero en el Teatro Teresa Carreño enviaron un mensaje a Chávez a través de la descarga salsera "¡Pa’ que respeten". No sabemos si lo habrá recibido.
Por esos días se produjo también una airada respuesta de la Cancillería calificando de grosera injerencia de Washington en los asuntos internos de Venezuela las tímidas declaraciones de la portavoz del Departamento de Estado Victoria Nuland en las que se refirió a lo previsto en la Constitución venezolana sobre la necesidad de convocar a elecciones si el Presidente no podía seguir ejerciendo el cargo.
Ya Insulza se había quejado de que Venezuela es el único de los 33 países de la OEA que no ha sido invitado en 5 años, según cree por declaraciones adversas a lo acontecido con RCTV y eso a pesar de que ha hecho todo lo posible por apañar las irregularidades de la democracia venezolana.
En la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur y de África (ASA) el canciller Jaua leyó una supuesta carta de Chávez en la que rechazaba toda actividad injerencista de la OTAN, así como la estrategia imperial de las potencias occidentales.
Este amor por la No Intervención, tradicional en los regímenes autoritarios, pasaría más inadvertido si no fuera por el contraste con el beneplácito mostrado con las ofensas de Raúl Castro a la oposición venezolana al asumir la presidencia pro tempore de la Celac, bajo la mirada indulgente de los presidentes presentes que pragmáticamente han decidido no hacerse malasangre por pendejadas principistas; pero sobre todo por haber protagonizado el mayor atentado a la soberanía de la historia de Venezuela al situar la sede del poder político en La Habana durante la prolongada convalecencia de Chávez, ciudad hacia donde se desplazaban sin empacho y con frecuencia los dirigentes del PSUV, además de jefes de Estado de otros países.
Sabemos que para quienes se creen representantes del pueblo el apoyo de sus afines no constituye intromisiones, pero no deja de sorprender la obsecuencia hacia el régimen de los Castro que hace muchas décadas, en especial desde que perdieron el financiamiento soviético, optó por un pluralismo a la carta que los llevó a establecer estrechos nexos con los gobiernos de CAP, de quien obtuvieron favorables intercambios comerciales y con quien se solidarizaron contra el intento de golpe de 1992.
Quisieron las circunstancias que la cabeza visible de aquel golpe fuera su principal benefactor, en una extraña alianza en la que las fantasías de Chávez y algunos seguidores se empeñaron en repetir el fracasado modelo que los cubanos quieren dejar atrás para avanzar hacia una dictadura capitalista.