2018 llega a su fin y un nuevo atajo aparece en el horizonte, por Bruno Gallo

Como si el 2018 no hubiera sido suficientemente malo y repleto de errores en el camino hacia la construcción de la democracia y la prosperidad, el año próximo despunta con nuevas promesas de los mismos jarabes, inútiles, tanto en la práctica política, como en la simbólica.
Como si el Gobierno no hubiera dado todas las muestras posibles de falta de escrúpulos y no fuera obvio que los menos afectados por la crisis son los que toman las decisiones que profundizan el sufrimiento de los venezolanos y aumentan el poder y riqueza de la élite gobernante.
Como si los promotores de la abstención no hubieran boicoteado grandes oportunidades para debilitar al Gobierno y acumular fuerzas, e incluso, oportunidades para derrotarlo, si hubiéramos hecho lo debido.
Como si la siembra de desesperanza que el Gobierno realiza y cierto radicalismo riega y abona con frustraciones y expectativas consecutivamente defraudadas. Ahora aparecen en el horizonte dos hitos, el 5 y el 10 de enero, a los que la genialidad de los inventores de todos los atajos del pasado, pretenden darles el mismo tratamiento con otro nombre.
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Como si no hubiera sido suficiente con tantas y tan variadas formas de defraudar a la gente, solo mencionaremos las últimas para no agobiarnos; el Abandono del Cargo, el TSJ en el exilio, el juicio a Maduro, la abstención (porque ya vienen los aliados a salvarnos), ahora los mismos descocados nos invitan a una acción de fuerza, pero sin fuerza. Todas acciones detrás de la cuales hay una lógica “legal” pero no política y ningún intento de construir apoyo popular.
Mis amigos me preguntan, ¿qué va a pasar el 5? ¿Qué va a pasar el 10 de enero? ¿Reconocerán a Maduro? ¿Declararán a Maduro ilegitimo? ¿La comunidad internacional lo va a desconocer? ¿Nombrarán al Presidente de la Asamblea Nacional, Presidente de la República? ¿Nombrarán un Gobierno Paralelo?
La respuesta a todas esas interrogantes es que en política gana el que tiene más fuerza y no el que tiene más razón y las victorias definitivas se construyen, como en el ajedrez con un conjunto de jugadas útiles para acorralar al Rey. No de fantasiosos discursos en los que la Reina Blanca alardea con frases hechas como “estamos cerca”, “ya casi”, “el quiebre es inevitable”… Mientras las huestes del otro jugador les comen las torres, les corretean los caballos, les envía los alfiles al exilio y deja que la reina fanfarronee, porque es inocua.
¿Qué pasará el 5 de enero? Pues que la oposición democrática tendrá una oportunidad dorada para reordenar sus filas a partir del cumplimiento de un pacto de larga data. También tendrá la oportunidad de ratificar la institucionalidad del único Poder Público electo, con ESE CNE y por lo tanto, más legítimo y garante de la Voluntad General que cualquier otro Poder. También tendrá la oportunidad de derribar muros y construir puentes con un Ejecutivo, de hecho en el poder, pero con muy limitada legitimidad y económicamente en problemas.
Tender un puente significa, que aprovechas el clima internacional (los aliados), mientras reacomodas una mayoría a partir del descontento frente al Gobierno, inicias una negociación para trabajar en función de mejorar sensiblemente la calidad de vida de los venezolanos, reconstitucionalizar y reinstitucionalizar el País, elegir un CNE aceptable para todas la fuerzas políticas, un TSJ respetable y que imparta Justicia y, por supuesto, fijar una hoja de ruta hacia elecciones con reglas de juego universalmente válidas y supervisión internacional suficiente y confiable.
¿Qué pasará el 10 de enero? Pues que la oposición tendrá otra oportunidad, una disyuntiva por una parte la de jugar en el tablero de la política, consensuando un proyecto para superar la crisis, el tablero de la ratificación del compromiso con la gente, con la paz y con la Constitución o, por otra parte, la de seguir la ruta de intereses personalistas y autorreferentes, que buscando atajos, nombre un gobierno paralelo que minutos después, estará en el exilio o en la cárcel.
Finalmente, los desastres no se reconocen o desconocen, son un hecho que debe ser superado de la mejor manera, con un plan y la mayor participación de los afectados por el desastre.