Al ministro Vladimir Padrino, por Alonso Moleiro

@amoleiro
No ministro, usted está equivocado. Lo que usted está haciendo no está bien. El cargo que usted ocupa tiene unos límites, pero también unas obligaciones. Su conducta está produciendo un enorme daño al tejido institucional del país. Usted está procediendo de forma incorrecta.
La Constitución no es un documento para ser cumplido a medias, por partes, por ratos, o a conveniencia. No hacemos nada ponderando sus virtudes los martes por la tarde. La Carta Magna no debe ser invocada con interpretaciones desencaminadas. La Constitución es el parámetro republicano para coexistir en paz, y por eso debe ser acatada de forma literal, a cabalidad, con nobleza y con lealtad. Con la observancia que exige un cargo como el suyo. No está bien hacer ejercicios selectivos de la interpretación constitucional. La Constitución es un dispositivo sagrado en cualquier sociedad civilizada. Especular con sus límites y posibilidades es poner en peligro la paz del país.
No tiene sentido invocar el respeto a la Constitución promoviendo o tolerando procedimientos que no están en la Constitución. Esto no es un detalle cualquiera. Una persona que ocupe el cargo de su envergadura, como piedra angular del Estado, está obligado, más allá de sus pareceres personales en la política, a cumplir, pero además a hacer cumplir, la Constitución.
De acuerdo a la Constitución, las Fuerzas Armadas tienen expresamente prohibida la toma de posiciones políticas. Unas Fuerzas Armadas “chavistas, zamoranas, antioligárquicas” son unas Fuerzas Armadas tocadas por el ánimo faccioso. En el espíritu de las Fuerzas Armadas tiene que estar comprendida, sintetizada, plasmada, la propia diversidad de la nación. Entre otras cosas, su despacho está obligado a garantizar la equidistancia con las formaciones políticas de la vida nacional, para poder ejercer un arbitrio solvente, y velar por sus derechos
La Constitución tiene garantizada la cláusula de la alternabilidad política. Usted no puede pretender que la Oposición acepte que puede existir, pero que no puede aspirar a tomar el poder. Y no puede esperar que una circunstancia como ésta no produzca complicaciones. Cambiar de gobierno está permitido. Nadie debería estar preso, o en el exilio, por esa causa. No está bien trabajar desde su tribuna, prevalido de la fuerza de las armas, para impedirlo. No es correcto, y no es cónsono con su propia prédica sobre la democracia. Usted se ha cansado de dirigirse a la población para pedirle que “salga a votar sin miedo”.
En su preámbulo, el Estado venezolano se define como “democrático, responsable, alternativo y de mandatos revocables”. La alternabilidad es un derecho que usted está obligado a garantizar. En la Constitución, además, queda consagrado el perfil federal de la gestión; se garantiza la propiedad privada y no se dice absolutamente nada sobre socialismo ni modelos comunales.
Usted, el almirante Remigio Ceballos, y el resto de los generales que le acompañan, debieron imponer en el alto gobierno la coexistencia con el Poder Legislativo luego de 2015. Esta es una instancia fruto de una realidad política inobjetable, portadora, por sí misma, de una poderosa carga soberana: es un cuerpo electo por 14 millones de personas en un contexto de altísima participación. Ese recinto sagrado ha quedado completamente escamoteado con su consentimiento. Eso es inaudito e inexplicable.
El poder legislativo es la instancia que consagra el ideal republicano, la trascendente iniciativa de la promoción nacional de los acuerdos en torno a leyes, reconociendo las diferencias de criterios y el principio matemático y político de la proporcionalidad. Los parlamentos no son electos para que luego cualquier juez los invalide. Rousseau, inspirador y guía de Bolívar, definió al parlamento como “el corazón de toda democracia”.
Usted, general Padrino, el almirante Caballos, y el resto de los comandantes de las Fuerzas Armadas, debieron ser los primeros en promover la vigencia del poder legislativo luego de aquella elección. Usted debió obrar para que se le permitiera asumir sus funciones constitucionales, parte de las cuales incluían el nombramiento de los nuevos rectores del CNE y los magistrados del TSJ. Usted debió velar por el cabal cumplimiento y la garantía de los derechos políticos de aquellos que exigían la celebración de un Referendo Revocatorio. Usted no debió haber permitido las agresiones a los dirigentes opositores en el Parlamento. Usted no debió permitir que se inhiba la participación política, se anulen tarjetas electorales, se proscriban partidos o se inhabiliten candidatos.
Usted debería interpretar con algo más de cuidado el efecto político y graves consecuencias de las últimas citas electorales que se han organizado en este país. Estos eventos en los cuales los militares que llaman a votar sin miedo acarrean votos a la causa del chavismo y expulsan testigos opositores de las mesas. Eso no está bien. No es institucional. Como líder militar, a usted más que a nadie le tiene que constar que la determinante mayoría del país no deseaba una Constituyente, que la gente no salió a respaldarla y que la participación en aquella cita de julio no es la que dijo Tibisay Lucena.
Usted tiene que tener completamente claro que, a lo largo y ancho de Venezuela, en zonas acomodadas y barriadas populares, casi toda la población con edad de votar decidió no participar en el evento convocado por el CNE en las presidenciales del 20 de mayo. Son las elecciones con mayores índices de abstención en la historia de este país. Incluyendo bastiones urbanos y rurales del chavismo. Esto a pesar de que hay una población desesperada, deseosa de que las cosas cambien, que habría podido aprovechar cualquier planteamiento institucional que tuviera un mínimo de credibilidad para fundamentar sus esperanzas con el ejercicio del sufragio, votando por Maduro o votando en su contra.
Lo que los dirigentes civiles que en este momento usurpan el poder pretenden es que, con ese mandato tan débil, un presidente como Nicolás Maduro tiene más legitimidad política que una Asamblea Nacional electa en 2015 en un contexto de participación que casi triplicó, o que al menos duplicó, al de mayo de este año.
A usted, como Ministro de la Defensa, tiene que constarle que millones de personas han huido del país por las fronteras, por Colombia, Guyana o Brasil, sorteando obstáculos, usando trochas, en autobús, en camiones, por cualquier medio. Emigrando de un país convertido en un tormento, víctima de una dirigencia que no tiene empatía ante el sufrimiento ajeno y parece no tener la menor conciencia del desastre que ha causado. Algo mal tienen que estar haciendo en el Gobierno para que naciones que no se meten con nadie, habitualmente neutrales, como Suiza o Canadá, estén formulando graves reclamos al gobierno venezolano.
Nadie le ha pedido que de un golpe. Aquí sí estamos de acuerdo: el tiempo de los gorilas latinoamericanos pateando la mesa tiene que quedar atrás. Los golpes, como usted mismo lo afirma “no forman parte de la política de este siglo”. Ya no es momento de dictaduras, de cárceles, de torturas, de vetos judiciales. para aquellos que disienten. Seamos de izquierda o de derecha, tiene que imponerse el estado de derecho, el respeto a la diferencia, el valor de la legalidad. El peso moral del voto.
El llamado es el mismo: lo de ustedes es cumplir y hacer cumplir la letra de la Constitución. Usted, junto a Ceballos, a Chuorio y a los otros generales, está obligado a rescatar el carácter apolítico y profesional de las Fuerzas Armadas. La revolución bolivariana es una opción individual. No todos estamos obligados con ella. Lo que nos obliga a todos en una democracia es la letra de la Constitución.
Porque aquí lo que ha venido sucediendo es que los integrantes del gabinete al cual usted pertenece se han divorciado del carácter obligante del voto, una institución que forma parte de una tradición cultural de larga data, y que hoy ha sido vaciada de contenido con cualquier ardid. Se ha consolidado un estado de ruptura, en el cual se vota pero no se elige, mientras, al mismo tiempo, se dice que el tiempo de los golpes de Estado ya ha quedado atrás.