#5Jul La barbarie manchó con sangre de civiles las paredes del Parlamento venezolano

Autor: Luisa Quintero/ @l_andrequintero
Por tercera vez desde que la oposición asumió las riendas de la Asamblea Nacional en 2015, fue asediada por personas identificadas como oficialistas, quienes encapuchados y portando tubos, piedras, cohetones y armas de fuego irrumpieron en el Palacio Federal Legislativo y mantuvieron secuestrados por más de siete horas a diputados, invitados, cuerpo diplomático y trabajadores de la prensa que asistían a la sesión solemne por los 206 años de la firma del acta de la Independencia.
A las 10:30 de la mañana, mientras la historiadora Inés Quintero pronunciaba sus palabras como oradora de orden, donde aseguraba que “nos corresponde a los venezolanos comprometernos con el sostenimiento de la República”, un grupo de personas identificadas como “colectivos revolucionarios” liderados por el candidato a la Constituyente Jorge Navas y los conductores del programa Zurda Konducta, Oswaldo Rivero y Luis Hugas, lanzaban su advertencia a los diputados.
“El presidente Nicolás Maduro no está solo. Tenemos a 12 mil hombres a nivel nacional para dar la vida por el presidente Maduro y la Constituyente va (…) Hoy el pueblo amparado en la Constitución y el artículo 5 ha decidido declararnos en plantón frente a los espacios de la Asamblea Nacional por 6 horas”.
Asesinos era la palabra más usada por los colectivos con el fondo musical de “La Constituyente va”. Cada cohetón lanzado dentro del Palacio era motivo de celebración y alborozo entre los simpatizantes de rojo, el rojo de Chávez; mientras un piquete de la Guardia Nacional permanecía impávido frente a las rejas que protegen las puertas este y oeste.
Inés Quintero recordó durante su discurso que el gran civilista Rómulo Gallegos se enfrentó al golpe militar para ser depuesto de la presidencia, y en 1959 se instauraron los desfiles militares dentro de las celebraciones del 5 de julio. “Ya va siendo tiempo de eliminar la presencia de las Fuerzas Armadas en este hecho memorable de nuestra historia republicana y civil”.
Rómulo Gallegos en una de sus grandes obras expuso el tema de la civilización frente a la barbarie, tomando como escenario los llanos venezolanos. La personalidad de Doña Bárbara y Míster Danger parecen haberse instaurado en la ciudad, bajo la forma de dirigentes oficialista y sus colectivos, “dispuestos a dar la vida por el presidente Maduro”.
El ataque
Las 11:48 fue la hora escogida. De forma atropellada, con improperios a cada civil que veían y como sabuesos que olían y buscaban diputados para agredir, los colectivos se acercaron hasta las puertas de entrada a los hemiciclos del Palacio. Retrocedieron unos segundos, mientras los diputados se resguardaban, pero luego aparecieron de nuevo.
Encapuchados, con más insultos y cabillas en las manos agredieron a periodistas y diputados. Armando Armas fue el primer golpeado al tratar de defender los espacios de la Asamblea. Fue lanzado al piso mientras era golpeado con tubos de andamios y patadas cerca de la fuente que adorna el Palacio.
En segundos, el parlamentario Américo de Grazia se acercó a socorrerlo, pero también fue recibido con golpes en todo su cuerpo, que lo dejaron casi inconsciente en la grama de los jardines. El diputado Franco Casella también “se la jugó” por sus compañeros, y logró evitar más golpes sobre de Grazia.
Teléfonos partidos y cohetones explotaban en los 15 minutos que duró el asedio. Cerca del final, sonaron al menos diez disparos. Uno de ellos atravesó la ventana de la Dirección de Archivo de la AN e hirió a un trabajador de forma leve en un brazo, pues la bala había perdido fuerza.
A las 12 se empezaron a retirar los “colectivos” luego de que la Guardia Nacional detonara una bomba lacrimógena. Solo quedaron los destrozos, el susto y la indignación.
Por primera vez en la historia republicana las paredes del Palacio Federal se mancharon con la sangre de civiles agredidos en su misma instalación. Al menos cinco parlamentarios resultaron heridos con lesiones graves, mientras que 7 trabajadores de la Asamblea sufrieron en carne viva la violencia de los “colectivos”. El enojo se hacía presente en cada declaración, el reclamo a la Guardia Nacional también.
El asedio final
Seis de la tarde. Mientras el merengue de la Constituyente sonaba a través de parlantes instalados en el edificio de AnTV (tomado por el oficialismo y centro de reuniones del Bloque de la Patria), al menos 300 personas trataban de salir de las instalaciones del Parlamento.
Una hora antes, la directora de Acervo Histórico del Ministerio de Interior, Justicia y Paz, Barbara Medina, ingresó sin problemas a la sede del Parlamento para cerrar formalmente el arca donde reposa el acta de Independencia.
Esa arca fue abierta a las 8 de la mañana por el vicepresidente de la República, Tareck El Aissami, quien invitó a todo el pueblo revolucionario a tomar juramento en el Salón Elíptico, al tiempo que prometió que pronto, el 30 de julio, iba a ser ocupado por la Constituyente.
Más cohetones y una lluvia de botellas cayeron a funcionarios de la GN y las personas al tratar de ingresar hacia el edificio José María Vargas. Solo después de las 7 de la noche, todos los diputados lograron salir de los espacios de la AN. La barbarie, una vez más, trastoca la vida republicana del país.
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