A Maduro le dan pena sus aumentos salariales, por Carlos Seijas

Lo único que Nicolás Maduro ha aumentado desde que asumió la Presidencia en abril de 2013 es el tamaño de su barriga. Es la perfecta imagen del crecimiento de la inflación a lo largo de su gobierno. Acabó convirtiéndose en una “nevera de dos puertas”, como decía en clase mi profesora de Historia de Venezuela en la universidad.
Entretanto, la clase trabajadora venezolana, la que desde un principio prometió proteger, se fue depauperando. Con su pésima gestión en materia económica se ha encargado de destruir el salario. De pulverizarlo. Pese a los casi 30 aumentos que aprobó en siete años, el gobernante llevó el salario mínimo de 85 a 3 dólares.
Ahora hasta él se avergüenza de sus incrementos salariales. O eso pareciera, pues de los seis aumentos aprobados desde agosto de 2018 solo anunció los primeros tres, incluyendo el de agosto de 2018 cuando puso en marcha su «programa de recuperación económica», con la reconversión monetaria y con un descomunal incremento del sueldo base nada más y nada menos que de 5.900%, que subió el ingreso de 3 millones a 180 millones de bolívares (con los cinco ceros que ordenó eliminarle a la moneda).
La última vez que habló sobre un aumento salarial fue el 14 de enero de 2019. En cadena nacional y ante la oficialista asamblea constituyente, donde expresó orgullosamente: “La clase trabajadora sabe que la revolución no descansa para proteger sus ingresos. La revolución ha decretado no menos de 47 aumentos salariales en estos 18 años, y seis en el último año (2018)”.
Desde entonces nuestro querido presidente obrerista guarda silencio, y el constituyente, presidente de la Comisión de Trabajadores de la ANC, exdiputado y exministro del Trabajo Francisco Torrealba, suma un nuevo cargo en su historial como operador político del gobierno: el plenipotenciario encargado supremo de anunciar (por un simple y tímido tuit) los revolucionarios incrementos salariales.
#FelizLunes Por las dudas que sobre el tema de ajuste del Salario Mínimo Nacional y otros Beneficios anunciados por el Compatriota Bolivariano Trabajador Presidente y Comandante en Jefe @NicolasMaduro procedo a publicar Las fotos de la #GacetaOficial #OEAPalCarajo pic.twitter.com/GSUm4Cs0Sx
— Francisco Torrealba (@torrealbaf) April 29, 2019
#FelizLunes Nuevo ingreso mínimo para tod@s l@s Trabajador@s en la República Bolivariana de Venezuela ha sido establecido en 300 mil Bolívares Soberanos de los cuales 150 mil corresponden a Salario Mínimo y 150 mil a Cesta Ticket Socialista.#ClaseObreraResteadaConMaduro pic.twitter.com/lwTe7l6mvT
— Francisco Torrealba (@torrealbaf) October 14, 2019
Desde tempranas horas del viernes 10 de enero corrió el rumor de que el sueldo base pasaría a 250.000 bolívares y el bono de alimentación a 200.000 bolívares. Se esperaba que Maduro anunciara el ajuste en la tarde, cuando tenía previsto un encuentro con la Red de Articulación y Acción Sociopolítica (RAAS) en el Polideportivo José María Vargas en Maiquetía. Pero no dijo absolutamente nada, solo que el sábado 18 y domingo 19 de enero arrancaba la jornada de carnetización del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) “para incorporarse a las filas de la tolda roja”. Todo parecía indicar que era solo un rumor.
Sin embargo, horas más tarde Torrealba publicó en Twitter una imagen de la Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.502 con la que oficializaba el incremento del salario mínimo integral de 300.000 a 450.000 bolívares, un ajuste de apenas 50% en un país cuya población sufre un severo ciclo hiperinflacionario desde 2017. Fue nuevamente el encargado del gobierno de anunciar el alza salarial.
Esta mañana en @Unionradionet la Compatriota @EstherQuiaro me preguntó por el aumento del Salario Mínimo Nacional (ahora 250 mil BS mínimo) y el Cesta Ticket Socialista (ahora 200 mil BS mínimo) retroactivo desde el 1-1-2020. Aquí la Gaceta Oficial #ClaseObreraResteadaConMaduro pic.twitter.com/gqY5scvomW
— Francisco Torrealba (@torrealbaf) January 11, 2020
El pasado 14 de enero, en su discurso de aproximadamente tres horas ante la ANC, Maduro aseguró nuevamente que en 2019 continuó protegiendo al pueblo al aprobar aumentos salariales. Otra mentira más. En enero del año pasado, el salario mínimo equivalía a $6. Pese a que el gobierno ajustó el sueldo tres veces en 2019, en diciembre era apenas $2,7.
Hoy en Venezuela una carrera de taxi puede costar lo que gana un empleado público durante todo un mes de trabajo. El pasado miércoles 15 de enero pagué 250.000 bolívares, justo el nuevo salario mínimo, por un traslado entre Santa Mónica y Los Palos Grandes.
Un trabajador que percibe sueldo mínimo no puede cubrir sus necesidades mínimas de alimentación, mucho menos otros gastos básicos como el de servicios públicos esenciales, vestido y calzado, educación, salud, alquiler de vivienda y artículos de higiene personal, que están incluidos en la cesta básica.
En diciembre se necesitaron más de 101 salarios mínimos de 150.000 bolívares para poder adquirir la canasta alimentaria, referida a una familia de cinco miembros, es decir, Bs. 508.419 diarios (más de tres salarios mínimos cada día), que equivalen a 10,16 dólares diarios a un tipo de cambio promedio de 50.041 bolívares por dólar.
Pero si hay algo seguro, es que a Maduro no le importa. No le duele mantener a millones de trabajadores y de pensionados condenados al hambre. Que no puedan alimentarse con el salario que ganan. “Mi esposo de 75 años era de talla 40 y ahora 32”, me dijo a inicios de enero Carmen, una contadora pública de 62 años que sobrevive a la crisis inflacionaria cobrando en divisas o en bolívares al cambio del día.
Maduro no tiene misericordia hacia los educadores, enfermeros, trabajadores de la administración pública ni con los de las empresas del Estado. Ni siquiera con los empleados del Metro de Caracas, donde fue sindicalista.
Pero no solo se ha encargado de eliminar el salario, también los sindicatos, los contratos colectivos, la seguridad social, la formación profesional y el dialogo tripartito. Maduro ha significado un profundo retroceso para la clase trabajadora venezolana
También se ha encargado de reprimir, hostigar e incluso encarcelar a trabajadores y sindicalistas como castigo por no quedarse callado y haber exigido un salario que les alcance simplemente para alimentar a sus familias, para llevar a sus hijos o nietos a la escuela o universidades, para cambiar sus zapatos rotos por unos nuevos y para chequearse la salud.
De esto saben sindicalistas como Ronny Álvarez, quien lleva 8 años preso, y Rubén González, condenado a 5 años y 9 meses de cárcel por un Tribunal Militar, la segunda vez en ocho años que es sentenciado a estar tras las rejas.
No por nada Maduro fue investigado el año pasado por la Comisión de Encuesta de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que en su visita identificó en el país un persistente hostigamiento contra empresarios y sindicatos no afines al gobierno, y constató la existencia de mecanismos y prácticas que abarcan graves atentados a los convenios internacionales en forma de actos de violencia, incluidos asesinatos.
Recuerdo que una vez durante una protesta laboral, los trabajadores coreaban al unísono esta consigna: “Señor presidente, a usted lo invitamos a que sobreviva con el sueldo que ganamos”. Ojalá, así sea por un día, Maduro aceptara la invitación y se atreviera a ir a un negocio con los 8.333 bolívares que percibe diariamente un empleado público que gana sueldo mínimo. Ni una empanada de esas que se come en plena cadena nacional pudiera comerse. Debería intentarlo, a ver si así rebaja y nos saca de esta inflación.