Adiós al maestro Abreu en esta hora menguada de la política cultural, por Beltrán Vallejo

Autor: Beltrán Vallejo
Recibí la noticia del fallecimiento del maestro Abreu en unas circunstancias bien peculiares, que motivaron la redacción de estas notas. Tenía tiempo intentando hacer un comentario que me alejara de mi pasión política; es decir, hablar sobre temas referidos al arte, a la ciencias, al conocimiento, a la educación, entre otros; pero no, la muerte de Abreu me llevó, con el matiz político por delante, inevitable él, hacia la temática de la pseudopolítica cultural predominante que difunde el desgobierno de Maduro.
Efectivamente, cuando vi la noticia sobre el fin de los días de una institución humana de la talla de Abreu, creador de un sistema de orquesta que es nuestro más grande patrimonio de talla mundial para la espiritualidad y la grandeza, me encontraba conversando con Félix Bejarano, otrora director de la casa de la cultura de un pueblo sufrido del estado Sucre, Cariaco; se trata de un hombre que fue hecho a un lado de la gerencia de aquella institución cultural como un perol viejo por no comulgar con el chavismo, y que me hacía comentarios sobre el estado actual en que se encontraba esa entidad, convertida en un cascarón vacío, más con apariencia de gallinero o establo, y bien alejada de los días en que protagonizó un activismo cultural para beneplácito de la sociedad cariaqueña.
Pero además, también en ese momento de tristeza, nuestro “Presidente obrero” se encontraba en compañía de Danny Glover, dirigiendo una ceremonia sobre la firma de un fulano decreto sobre “decenio afrodescendiente”. Precisamente, aparece este actor norteamericano en medio de nuestras lágrimas, para recordarnos que Chávez, hace once años, le entregó un anticipo de financiamiento de 10 millones de $ para hacer una película sobre la vida del prócer de la independencia de Haití, François Dominique Toussaint-Louverture, una producción fílmica que hasta la fecha ese irresponsable no ha realizado, por lo que su presencia incomoda nuestro pesar y nuestro luto por la muerte de un hombre que sí influyó para bien sobre la vida de decenas de miles de niños venezolanos.
El maestro Abreu nos deja, y detrás de él quedó su herencia humanista del Sistema Nacional de Orquesta juveniles e infantiles, un modelo que causa admiración en el mundo, ganándose premios y galardones de la UNESCO, además del premio príncipe de Asturias de las artes, más otros reconocimientos internacionales; es decir, todo un patrimonio que contrasta con el grueso de la política cultural del régimen totalitario que subyuga a Venezuela, y que se caracteriza por una inversión en la actividad cultural que ya lleva varios años con cifras desvalidas de apenas un 0,91% del gasto público; además, que también se caracteriza por su nefasto sesgo clientelar y por su sesgo ideológico fascistoide de imponer un pensamiento único. En esos términos, agregamos que en la pseudocultura de Maduro sobresale la escasez de personal calificado y la abundancia de activistas politiqueros en labor de mediocridad para hundir la labor cultural.
En fin, los museos se pierden, la historia la pervierten, y han convertido la cultura en una vil propaganda política
Por eso es que extrañaremos al maestro Abreu y su legado, que es una enseñanza conveniente para enfrentar el drama nacional actual; se trata de una pedagogía que nos dice que hasta del fondo de la más oscura prisión puede salir el sueño de libertad sin límites, y que la realidad no podrá frenarlo; como dijo Albert Camus en el hombre rebelde.
Gracias, maestro, por haberle dado la libertad a miles de niños y de jóvenes.