¡Alto al fuego!, por Teodoro Petkoff

No se había terminado de firmar la “Declaración contra la Violencia” y ya estaban silbando las balas en las inmediaciones del hospital de El LLanito, produciendo nuevas víctimas, incluyendo un muerto. Un grupo armado pro-gubernamental atacó a trabajadores de ese centro de salud que protestaban la inseguridad reinante en las inmediaciones.
La policía del municipio Sucre actuó, se produjo la consabida balacera y el balance dejó un fallecido en las filas del grupo armado, varios heridos y la detención de cuatro personas que portaban armas de fuego. El episodio da buena cuenta de las dificultades que acompañan el cumplimiento de los acuerdos alcanzados entre gobierno y oposición y pone de bulto la necesidad de conformar cuanto antes la comisión de enlace prevista en la Declaración, para atender, precisamente, violaciones a lo recién acordado. El punto 7 del texto aprobado tendría que ser instrumentado sobre la marcha.
Se habla allí de “mantener y perfeccionar un enlace permanente entre los factores políticos y sociales que apoyan al Gobierno de la República, y los que están representados en la Coordinadora Democrática”. El propósito de ese enlace sería el de “ejercer una acción sostenida que se dirija al cumplimiento efectivo de los contenidos de la presente Declaración, y a evitar todos los hechos que pudieran lesionarla y fuesen capaces de acarrear consecuencias lamentables”.
De existir ese “enlace permanente” ya tendría entre manos su primer caso, el de El Llanito, y, con este, todo ese paquete que significa la existencia y acción de grupos armados del oficialismo que ya con sistemática persistencia atacan actividades públicas que desarrollan otros sectores, no necesariamente opositores, como fue el caso del hospital.
El punto 1 de la declaración compromete a las partes a rechazar “la intemperancia verbal, las recriminaciones mutuas, el lenguaje hiriente y cualquier retórica que de alguna manera contribuya o estimule la confrontación”.
Se pide “a todos los actores políticos y sociales” que den su aporte en ese sentido “mediante la pronta moderación del tono, estilo y contenido de sus expresiones”.
En este sentido, y sin soslayar la conducta de otros actores, que también requiere moderación, es obvio que la solicitud planteada casi constituye un retrato hablado de Hugo Chávez. Tocaría al Presidente dar el ejemplo. No pueden ignorar los representantes del gobierno en la Mesa cuánto ha contribuido al deterioro del clima político en el país “el tono, el estilo y el contenido de las expresiones” del Primer Mandatario. Es este el principal factor político del país y su actitud ha sido decisiva para marcar la tónica del lenguaje. Si el Presidente no modera el tono, estilo y contenido de sus expresiones, difícilmente podría avanzarse en el cumplimiento de este primer punto y la violencia verbal continuará estimulando la física. Pero, en todo caso, ante ese llamado hay otros que no nos podemos hacer los locos, creyendo que sólo Chávez es malhablado. La intemperancia verbal y los insultos mutuos constituyen un signo de los tiempos y una “veda” en ese sentido no sería nada mala. En este orden de ideas, los medios de comunicación tenemos el deber de dar, también, un ejemplo y una contribución. Lo cortés no quita lo valiente:
eso vale para todos.