Andrés Bello: entendió que sin educación no hay república, por Stalin González
La educación es, quizás, la expresión más elevada de la virtud humana. Es el instrumento que nos permite transformar la realidad, cultivar la libertad y construir ciudadanía. Ningún país puede aspirar al progreso si no coloca la educación en el centro de su vida pública. La historia universal demuestra que las naciones que invierten en innovación y formación son las que logran superar sus crisis, modernizar sus instituciones y abrir caminos de desarrollo sostenible. En Venezuela necesitamos reencontrarnos con esa verdad elemental: sin educación no hay futuro posible.
Este compromiso con la educación no es ajeno a nuestra tradición intelectual. Se cumplen 244 años del natalicio de Andrés Bello, uno de los venezolanos más brillantes, universales y decisivos de la historia de América Latina. Se le conoce mayormente por su labor como maestro del Libertador Bolívar, pero Bello no fue solo poeta y humanista: fue un constructor de instituciones, un organizador del pensamiento y un arquitecto del orden republicano. Mientras Bolívar, San Martín, Sucre, O’Higgins y tantos otros liberaban territorios y abrían el camino de la independencia, Bello trabajaba en otro frente igual de decisivo, el de darle a las nuevas naciones un marco jurídico, cultural y educativo capaz de sostener su libertad.
Fue en Londres donde su visión se consolidó. Como representante de la “Gran Colombia”, y luego del Chile independiente, se convirtió en un americanista convencido, profundamente republicano. Comprendió que, tras la desaparición de la monarquía y del principio de autoridad que la acompañaba, los países recién nacidos debían construir un orden distinto, basado en el Estado de derecho, en el imperio de la ley y en ciudadanos capaces de sostener sus instituciones.
Para Bello, la libertad sin orden derivaba en caos, y el orden sin libertad degeneraba en tiranía. El equilibrio entre ambos era un proyecto de Estado, y la educación era la herramienta para hacerlo posible. Su visión de la educación pública era radicalmente moderna: formar ciudadanos, no súbditos, dar herramientas de pensamiento, no discursos de obediencia, crear igualdad de oportunidades, no reproducir privilegios.
Hoy, Venezuela necesita reencontrarse con ese legado. La crisis ha golpeado la educación pública en todos sus niveles: escuelas deterioradas, docentes mal pagados, universidades sin recursos y jóvenes que abandonan sus estudios por la necesidad de emigrar o trabajar.
Recuperar la educación como eje del desarrollo nacional no es un lujo intelectual, es una necesidad vital. Significa invertir en infraestructura, dignificar a los docentes, asegurar alimentación escolar, fortalecer las universidades, promover la investigación y garantizar que ningún niño o joven quede fuera del sistema educativo por razones económicas o geográficas. Esto es ante todo un acto para el bienestar colectivo y el sano funcionamiento de la nación.
Mirar a Andrés Bello no es un ejercicio nostálgico. Aprender del pasado sirve como una brújula para el futuro. Su vida demuestra que las naciones no se construyen solo con gestas militares o discursos épicos. Una república duradera se crea con instituciones sólidas, leyes claras, educación pública fuerte y ciudadanos formados en valores republicanos. Venezuela necesita esa visión para reconstruirse: un país donde la educación sea la mayor virtud colectiva y el fundamento de una ciudadanía libre, crítica y capaz de transformar su propia historia.
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Stalin González es político, abogado y dirigente nacional del partido Un Nuevo Tiempo
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