Así reprime el chavismo, por Teodoro Petkoff

En el estilo represivo del gobierno existen algunos elementos que nos colocan ante un abominable cambio cualitativo en cuanto a los “usos y costumbres” venezolanos en esta materia. Ahora tenemos algunas novedades perversas.
En primer lugar, simultáneamente con la acción “oficial” de represión se ejerce una “paraoficial”, realizada por grupos armados, sin identificación alguna, movilizados en vehículos sin placas, portando armas de guerra, que disparan a mansalva contra personas o viviendas, utilizando incluso proyectiles no convencionales. Casi todos los muertos y heridos en las recientes confrontaciones fueron producidos por estos grupos armados, cuya acción, sin embargo, pasa por debajo de la mesa, mientras la atención pública se fija en la actuación de los cuerpos represivos regulares.
El gobierno puede, así, autoabsolverse de las bajas producidas, que no habrían sido causadas por sus cuerpos represivos, e incluso, en un acto de cinismo pantagruélico, acusar a la propia oposición de haberlas causado.
Se trata de la presencia de un factor extremadamente peligroso, porque estos grupos anónimos han actuado con la máxima ferocidad y con la máxima impunidad.
“Oficialmente” no existen y el gobierno niega conexión con ellos. No es lo mismo la operación de un cuerpo represivo plenamente identificado, cuya violencia está, en cierta forma, bajo control y sometida a parámetros legales, nacionales e internacionales, que la acción de grupos armados fuera de control oficial explícito, al margen de toda ley.
Otra novedad es la politización e ideologización de los integrantes de la Guardia Nacional.
No se trata ahora de un cuerpo políticamente neutral, al servicio de cualquier gobierno en funciones de orden público, sino de un cuerpo que actúa políticamente motivado. La saña, la brutalidad con la cual han sido tratados los ciudadanos detenidos, que no es ajena, por cierto, a la tradición de la GN, esta vez estuvo acompañada de un discurso político de los guardias hacia sus prisioneros.
Los guardias no fueron adecos ni copeyanos, tampoco fueron perezjimenistas, eran simplemente funcionarios públicos de Estado, políticamente indiferentes.
Ahora procedieron como militantes de un proyecto político, abiertamente comprometidos con este. Se ha producido, pues, una distorsión de la función de la GN, transformándola prácticamente en un cuerpo represivo chavista.
En tercer lugar, la reclusión en pabellones de presos comunes de las personas capturadas en los disturbios, configura también una novedad. Jamás ocurrió eso en nuestro país. Ni siquiera cuando Pérez Jiménez.
Conocida la situación reinante en las cárceles venezolanas, estamos ante un deliberado acto de aterrorizar a los opositores con la perspectiva del encierro en alguno de nuestros infiernos carcelarios, donde, además, un detenido político podría perfectamente ser maltratado e incluso asesinado sin que el régimen asuma la responsabilidad.
Los detenidos, aun sin hacer juicio de valor sobre su actuación, lo fueron en una clara actividad política. En Venezuela eso siempre se tuvo en cuenta, diferenciando claramente la condición política de la común entre los detenidos. De hecho, algunos de los actuales miembros del gobierno fueron presos políticos, y nunca se les confundió con los comunes. Ahora, entre nosotros, no hay presos políticos. Todos son comunes y, por tanto, sometidos a las contingencias terribles que padecen los presos comunes en este país.
No es, pues, represión pura y simple sino que estamos ante formas embrionarias de terrorismo de Estado.