Bicentenario de una Mentira, por Eduardo López Sandoval

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El título de este escrito era En Venezuela se robaron una iglesia, con la coreada acotación: ¿aunque usted no lo crea?, pero iba a sonar como el titular de una noticia con una tonalidad de tenue amarillo, quizás como esta que en la web podemos leer, de 2018: “Una histórica campana de bronce de 500 kilos fue robada en un templo de la ciudad de Cumaná, Venezuela, antes del inicio de las celebraciones de la Semana Santa, denunció el párroco de la zona.”
O así: “Desconocidos ingresaron al patio de la iglesia Santa Inés y hurtaron la pieza patrimonial, según la denuncia presentada el sábado ante la policía por el párroco Jesús Senior, quien difundió una copia del documento.”
O como, quizás, pudo decirse cuando se robaron la campana de la iglesia de la población de El Rastro el siglo pasado (vale este paréntesis para, muy respetuosamente, solicitar la devolución de esta preciada joya colonial que en una residencia no eclesiástica de la ciudad de Valencia está).
Lo del robo de una iglesia no se dice de forma metafórica, tampoco se habla del robo de una campana, de la ostia o del vino, o de la cartera o el móvil del cura párroco. No, se trata del robo de una iglesia completa.
La cuestión no es de último momento, pero como tú no la sabes, mi pana lector, para ti es una noticia de última hora en cuanto te enterarás en los próximos dos minutos.
El robo de la iglesia completa sucedió en la colonial ciudad de Calabozo en el año 1835, el objeto del engaño fue la iglesia del Carmen que, contrario a lo que dice la historia por no contadas razones, cambió de dueño.
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La investigación histórica llevada a cabo por un viejo historiador de estos llanos, don Ubaldo Ruiz, develó que a quien se tenía como constructor único de este templo colonial no es el del nombre que adorna con una placa de bronce la pared principal de la iglesia, así nos lo cuenta en la introducción de un texto que escribió a propósito-inédito, que Un templo y tres familias se llama la obra:
“A finales del mes de junio de 2006 nos encontrábamos en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Caracas, realizando parte de la investigación documental requerida para completar el trabajo de grado de la Maestría de Historia de Venezuela que entonces debíamos presentar en la Universidad Rómulo Gallegos, la cual se refería a procesos relativos a la erección de la iglesia y la parroquia de Las Mercedes de Calabozo…”
El historiador buscaba una cosa y se encontró con esta portentosa información velada por casi 200 años, el templo que se tenía como iniciado en 1835 por un señor apellido García, fue realmente iniciado por un ciudadano que cargaba con la mácula –así lo decían en aquella sociedad de castas–, de tener alguna sangre negra dentro de sus ancestros.
El hallazgo fue una serendipia en el más exacto sentido de la palabra, fue: “Un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual, o cuando se está buscando una cosa distinta”, como nos dice Wikipedia.
La introducción sigue: “Era casi mediodía, es decir, la hora de cerrar el repositorio y revisábamos la carpeta número 19 de la sección Parroquias, cuando nos topamos con un expediente encuadernado con hilo, que decía en su portada: “Sobre la Imagen de Nuestra Señora del Carmen de la Villa de Calabozo”; el mencionado documento, fechado en 1802, comenzaba con parte de un testamento, dictado un año antes, en 1801 por un señor que declaraba llamarse “Don Juan Josse Demetrio Montiel, Escrivano público, y de Cabildo, que he sido de esta Villa de todos los Santos de Calabozo…”; más adelante, en la cláusula 6° agregaba que era “Mayordomo de Nuestra Señora del Carmen”, añadiendo que “he emprendido la fábrica de su Iglesia en esta Villa de tres Naves capaces…”
El fundamental documento original del que se habló se hace plural. Otro documento del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Caracas de aquellos tiempos, hace incontestable la investigación de don Ubaldo, que concluye que don José Ramón García terminó la Iglesia del Carmen, no la construyó, cito: “En marzo de 1845, el Arzobispo de Caracas, Dr. Ignacio Fernández Peña, habiendo recibido la información de la conclusión del templo del Carmen de Calabozo por don José Ramón García, y tomando en cuenta la vigente Ley de Patronato Eclesiástico, hace participación de la noticia al Gobernador de la Provincia; en la comunicación respectiva le dice al funcionario “que la Iglesia del Carmen que desde antes del año de 1812 se estaba edificando en la ciudad de Calabozo, al fin se ha concluido por los afanes, y a expensas del Señor José Ramón García…”
Se repite: “La Iglesia del Carmen que desde antes del año de 1812 se estaba edificando en la ciudad de Calabozo”, décadas antes del tiempo que se tiene como de inicio de la construcción del templo, 1835.
La investigación de marras es lo último que ha develado la ciencia histórica, si dentro de dos días, tres meses o cuatro años, la ciencia determina otra cosa –como son cosas propias de la ciencia–, así lo escribiremos si estamos por estos planos terrenales.
La investigación de don Ubaldo Ruiz tiene una gran virtud, dice la verdad, pero más grande aún –hasta hoy– es la gruesa sombra que no permite su revelación, que es la misma sombra que ha mantenido una mentira en esta capital del Llano Integral Colombo venezolano por más de 200 años…
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