¿Bielorrusia nos enseña algo?, por Ana Milagros Parra

En los últimos días, el mundo ha sido testigo de otra puesta en práctica de las típicas acciones de los autoritarismos modernos en día de elecciones; esta vez, fueron los comicios electorales presidenciales en Bielorrusia, donde desde 1994, ha gobernado Alexander Lukashenko, el “último dictador de Europa”.
Digo típicas, porque parecen querer seguir un guión, donde los puntos principales son:
- Primero que todo, no suspender las votaciones. Necesita legitimidad, pero debe controlar la estructura (instituciones) y los resultados. Para eso, ya tiene bajo su manejo los poderes del Estado y el monopolio de la fuerza.
- Censurar la prensa, controlarla, manejar el flujo de información.
- Crear una narrativa previa de “sabotaje” o de algún enemigo/factor externo que buscará atentar contra los resultados electorales. Traducción: Si hay irregularidades, es culpa de otros que actúan contra nosotros.
- Sacar de la ecuación a adversarios opositores fuertes; encarcelarlos, forzar exilio, entre otros, y permitir participación de figuras débiles que le den legitimidad al proceso, pero que no representen una amenaza.
- Anunciar resultados ganadores por un margen amplio.
- Y si alguien se queja: Reprimir bajo el discurso de que cualquiera que se manifieste en contra, está actuando contra la “nación”, y no el líder. Al final, se usan como sinónimos
¿Suena familiar, no?
Vivir bajo un autoritarismo hace que contrastar la situación propia con las luchas democráticas en otros espacios del globo sea prácticamente automático. Ver como otros intentan hacer lo que en Venezuela se ha intentado por varios años, genera una solidaridad instantánea.
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Sí, los autoritarismos se parecen, pero todos son casos distintos, con factores diferentes, y con dinámicas propias, por lo que no se puede caer en el error de comparar por comparar, y utilizar situaciones “parecidas” para darle fuerza a una narrativa doméstica, solo destacando las similitudes, dejando a un lado la otra parte del ejercicio comparativo: las diferencias. Solo tomándolas en cuenta, revelando los contrastes, es posible hacer una lectura de la situación y extraer los ejemplos que podrían servir, en este caso, a la lucha política venezolana.
Acá las diferencias que más resaltan:
- Son elecciones presidenciales: Si bien cualquier evento electoral puede representar un catalizador para protestas, las presidenciales, por ser una vía más directa al cambio de gobierno, poseen mayor potencial de capitalización política. No es lo mismo tratar de movilizar a las personas para exigir puestos en un parlamento (con ningún poder fáctico en la actualidad), que el cambio del que encabeza el Ejecutivo nacional.
- Líder con apoyo masivo, que al mismo tiempo, resulta ser candidata: Este factor cambia las reglas del juego por completo, porque además de poseer la candidata (Svetlana Tikhanovskaya) apoyo de los demás grupos de oposición y de la sociedad civil (coordinación estratégica), ella representa en sí misma la opción alternativa de poder. Todo bajo un discurso de cambio de gobierno, que al mismo tiempo se transforma en propuesta electoral, y traza una ruta perfectamente comunicable y tangible para el “después”.
- Las protestas no comenzaron el día de la elección: Aproximadamente desde mayo, las manifestaciones populares contra el presidente comenzaron, intensificándose a raíz del arresto del opositor Sergei Tikhanovsky, quien había logrado un mensaje unificador contra Lukashenko y ganado apoyo poblacional. Una presión ciudadana poco común en su historia en el poder. Como resultado, la esposa del líder opositor, asumió la candidatura basándose en el apoyo hacia su esposo. Al subestimarla, logró solidificar su base y capital político, para crear todo un movimiento social alrededor de las elecciones, meses antes de que se llevaran a cabo. Las manifestaciones el día de las votaciones no fueron espontáneas, y tampoco se redujeron a la capital.
- Relación con Rusia intermitente: Ningún dictador se mantiene sin aliados internacionales, y Rusia es el socio usual de los autoritarismos, mucho más cuando comparten frontera. Sin embargo, las tensiones entre los países han ido aumentando a través de los años, siendo Bielorrusia el que ha acusado al gobierno de Putin en intentar socavar la independencia de su país, además de haber arrestado a “mercenarios rusos” en su territorio, dibujando a los rusos como “enemigos”. Al mismo tiempo que Rusia redujo significativamente los subsidios de gas y gasolina a su vecino y está completamente enterada de su inestabilidad política.
La relación no está rota, pero no está en sus mejores momentos.
- Descontento dentro de la coalición de poder: El mismo presidente ha calificado su manera de gobernar como autoritaria, discurso que le ha servido gracias a la historia de guerras en el país. Sin embargo, cinco años después de las últimas elecciones, el contexto ha cambiado mucho (donde la covid-19 jugó su papel) y según Aleksandr I. Feduta, el ex Secretario de Prensa de Lukashenko, el presidente se ha quedado sin aliados fuertes (control) más allá de las fuerzas de seguridad. El sistema político en Bielorrusia dista mucho del tipo de relaciones de poder que posee la estructura chavista, donde son distintos grupos involucrados, y no un gobierno más personalista o una dictadura más “tradicional” y con más escrúpulos que la venezolana.
Entonces, ¿qué lecciones pueden sacarse para Venezuela?
- Un catalizador es necesario, pero este se debe construir con anterioridad. Las elecciones puede ser uno, siempre y cuando se plantee cómo responder ante ellas.
- Liderazgo unificado bajo una figura concreta (cohesión estratégica)
- Mensaje único, conjunto, que escriba una ruta/alternativa y se le comunique a las personas.
- Los puntos anteriores (unificación, mensaje conjunto y ruta propuesta) generan confianza en la población, que se traduce en capital político y poder de convocatoria
- Planificación, entendiendo que el catalizador es el principio de una “lucha”
- Inicio de protestas no significa cambio de gobierno. La situación todavía está en desarrollo, por lo que es un error interpretarla como sinónimo de cambio de gobierno. Un episodio de presión no necesariamente significa que se genere el cambio deseado.
Contrastar con eventos extranjeros es un buen ejercicio, pero siempre debe basarse en el entendimiento del panorama propio, para poder contrastar.
La desesperanza se combate con organización y planificación, no con mensajes de “esperanza” vacíos.
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