Cacica gobernar Venezuela, por Eduardo López Sandoval

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El título del presente no es una oración. Son palabras sueltas que ni siquiera constituyen el enunciado de una simple frase. Son vocablos escritos en la forma más primaria, como ha de ser este mensaje, elemental… Es como si lo dijera Tarzán, el hombre mono.
Hablando de monos, hace casi un año escribimos por estas ventanas artículo que denominamos Gobierno de monos de veintipico de años.
Explayábamos en este escrito las similitudes que existen entre la conducción política de las manadas de monos y los gobiernos que hacemos en esta manada grande de humanos, los Estados.
De manera muy general decíamos que: “En las sociedades humanas, tal la de los primates, el liderazgo lo lleva un individuo, el macho alfa que, como su nombre lo indica, no es una hembra de la manada; situación que en los humanos, en tanto racionales —elucubramos, tiene sus excepciones—, la cuestión de los monos es política. De hecho, el trabajo que les presento se denomina Cinco lecciones que los chimpancés nos pueden enseñar sobre política.
Al referirnos al caso específico de las excepciones de la hembra en posición de gobierno olvidamos tocar la historia de Venezuela y he allí la razón de la existencia de este nuevo artículo y su tono de enmienda.
Decíamos: “En esta especie de monos existe la experiencia que el liderazgo lo lleva siempre el macho, –de allí los lugares comunes de sexo dominante vs sexo débil–, de hecho, la categoría del gobernante recibe el nombre de macho alfa, lo que descarta la posibilidad de que exista la categoría hembra alfa, o macha alfa. Pero en la especie bajo estudio (el Homo sapiens), si bien siempre es el macho el dominante, se han documentado casos particulares donde en una manada es una hembra la que gobierna. Son excepcionales casos donde, como dicen los abogados, “son excepciones que confirman la regla”.
*Lea también: Esperanza y libertad, por Alejandro Oropeza G.
Y se refería el escrito a la experiencia de una mujer gobernando en otros continentes, así: “Allende los mares existen experiencias de hembras dominantes, es el caso de las manadas de monos Britana y Filipa, que fueron gobernadas por las monas Trachy y Cora.” (Nos referíamos a Gran Bretaña y Filipinas y sus mujeres gobernantes, Margaret Thatcher y Corazón Aquino).
Y cuando se refería a esta experiencia de mujer en la difícil posición de macho alfa en este subcontinente, Indoamérica, se dijo: “Más acá, vecinas de esta manada en estudio, tenemos la experiencia de un par de monas gobernantes, se trata de Dilma, que pertenece a un grupo que limita con esta manada y Cristy, que gobernó su manada un poco más al sur.”
Olvidamos en aquella oportunidad las cacicas de Venezuela, vaya este escrito como acto de desagravio a todas ellas, que las crónicas registran en un número que se iguala –sino fuere más allá, que la ínfima presencia numérica de machas alfas en el mundo.
En el cercano oriente del país, en las fronteras del hoy estado Guárico y Anzoátegui, se cuenta que la cacica Orocomay comandaba una facción de cinco mil indios que, para su momento, seguro constituía el más poderoso ejército de lo que hoy es Venezuela.
La crónica del cronista Fernando de Oviedo, nos dice: “En aquellas provincias hallaron los cristianos en muchas partes, pueblos donde las mujeres eran reinas o cacicas e señoras absolutas, e mandan y gobiernan, e no sus maridos, aunque los tengan: y en especial una llamada Orocomay, que la obedescían más de treinta leguas en torno de su pueblo, la cual fue muy amiga de los cristianos. E no se servía sino de mujeres, y en su pueblo y conversación no había hombres, salvo los que ella enviaba a llamar para les mandar alguna cosa, o los enviar a la guerra. La tierra y estado desta reina, e todo lo que por allíes en sus confines, es tierra fértil e sana, e de muy buenas aguas e de mucho maíz e yuca e otros mantenimientos, de gentiles aires e templada región…”
Juan de Castellanos, otro cronista de aquellos tiempos, por su parte añade: “… Llegaron a las tierras que mandaba, la reina que llamaban Anapuya, después la gran Orocomay fueron buscando señora de grandísimo talento…tuvo un hijo varón…y el nombre…fue Parima…”. Para este cronista, Juan de Castellanos, Orocomay perteneció a la nación Palenque que se ubicada en el río Unare.
En una “Relación descriptiva de Nueva Andalucía”, de autor anónimo, de 1580, se relata lo siguiente. (Vale este paréntesis, la provincia de ultramar de España, Nueva Andalucía y Paria, incluía territorios de los actuales estados Sucre, Anzoátegui, Monagas y la isla de Trinidad):
“…La provincia de Arara la manda una india llamada Arara, posteriormente es mencionada como Auriara, ubicada al margen izquierda del Neverí tierra adentro por lo tanto Cumanagoto”.
Las crónicas de 1633 dicen que las tierras donde se ubican las cuevas del Guácharo tuvo una reina que se rebeló y atacó a los españoles. Que fue puesta presa, llevada a Cumaná y ahorcada públicamente, el hermoso nombre de Urimare llevaba esta noble reina.
Sigue el relato histórico en el oriente, en 1629: “…palenques y píritus destruyen el pueblo de Uchire, el gobernador Juan de Orpin en 1631 solicita la empresa de conquistarlos y someterlos”, “…todos estos males los causan los indios de guerra que están en tierra firme y los llanos… no obedecen a las justicias de Vuestra Alteza, destruyen a vuestros leales vasallos, como lo han hecho los palenques… la cabeza de ellos es una india, a quien ellos llaman la gran reina de los palenques… cambió de nombre por el de Magdalena porque quería ser cristiana… y por ser grande guerrera, a la cual obedecen cinco o seis guayapas o grandes caciques”. “…en las comarcas orientales, las mujeres igualaban a los hombres en belicosidad y actividades guerreras”.
Terminamos este escrito de desagravio a las cacicas de Venezuela con el párrafo con el que concluimos el artículo de marras que se refiere al presente.
“Surge una mona con pretensiones de ser una de las excepciones que confirmen la regla, se trata de Cory, candidata a ser la próxima macha alfa de la manada, quien en cuanto a inteligencia es con creces superior al interfecto. En cuanto a fuerza, –que se repite es el otro carácter que el candidato debe presentar–, a lo lejos se le ve la fuerza de la juventud, de la honestidad de no contarse entre los que han recibido cambures, y la potencialidad de los monos que no apoyan a los monos que han estado hasta hoy en el poder, los del gobierno y los de la “oposición”, que se han repartido los cambures por veintipico de años.”
De allí el elemental título: cacica gobernar Venezuela.
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