Chávez los tiene locos, Wilfredo Mora

La popular consigna usada por el gobierno en sus buenos tiempos, porque hay que estar loco para creer que los tiempos que corren sean buenos, parece que se ha vuelto contra lo que se burlaban y hacían escarnio de sus opositores llamándoles escuálidos, apátridas, majunches, era una especie de cohetería, fuegos artificiales, saltapericos, silbadores y triqui trakis. El gobierno, al llegar al poder, hizo una fiesta sin darse cuenta que tenían que gobernar un país, ordenar lo que ellos llamaban, el capitalismo salvaje.
El popular líder, ahora difunto, nunca imaginó cómo su cuerpo sin vida, lo ruletearían y aún, hoy después de muerto, lo siguen ruleteando, cuando en verdad el que está muerto es el gobierno, sin ideas, que nunca las tuvo, sin planes que nunca hicieron porque no tenían.
Decían que iban a convertir a Venezuela en un país potencia, y han resultado, no un cero a la izquierda, sino muchos ceros a la izquierda. Lo más parecido a un salón de clases de bachillerato donde los estudiantes toman control del plan de estudio y hasta del plan de evaluación, para exigirle al profesor, cómo deben ser evaluados a fin de lograr un brillante promedio de notas, eso sí, sin estudiar, ni aprender. Eso es lo de menos. Los han llamado generación del milenio, quieren resultados sin trabajar. Ellos con sus teléfonos inteligentes, no escriben, sino toman fotos al pizarrón, hacen selfies, pasan mensajes y manejan las redes sociales, y ése es el pensum de estudio. No escriben, ni leen, ni recuerdan, ellos lo único que tienen es juventud. Así el país de cual, el gobierno habla de su futuro, de sus riquezas de su juventud. Si no mire usted
Mi vecino Carlitos, llama por teléfono a mi casa a las nueve de la noche y con su tono de gallo ronco, pide que por favor
.- Alguien con un tensiómetro vaya a su casa para tomarle la alta y la baja a la señora de la casa, quien tiene fiebre y le cuesta tragar- Dije Carlitos, no porque fuera un niño, porque es un viejo donde los huesos destacan sobre los músculos. No porque se haya vuelto joven, sino más bien, se volvió loco. Si no, mire usted.
Al llegar con la bombita que infla al brazalete que va al brazo para medir la posible hipertensión, el tensiómetro japonés digital, marca un doce cinco.
-Vecino, la tensión está normal
– ¿Entonces la fiebre no tiene nada que ver la tensión ni el dolor de garganta?
– No hermano, nada que ver, yo creo que quien podría tener la tensión alta es usted. ¿YO?
– Bueno, es un decir
- Vecino, usted no se puede ir sin que yo le cuente lo que hoy me pasó cuando fui al banco, en el día del pago de la pensiones.
- Yo que había atravesado la ciudad durante el día para llevar a mi mamá al médico, me fue imposible no ver las colas de pensionados, no en un banco, sino en todas y cada una de las agencias, San Martín, El Silencio, Av. Lecuna, Chacao, Altamira. Ningún sector de la ciudad podía ofrecer un aspecto que no fuera el de un hormiguero de personas, mejor dicho una gusanera, porque las hormigas son ordenadas y no chocan entre sí.
- Con el tensiómetro aún en la mano, bajo un poste sin luz, tuve que escuchar la película que yo había visto no menos de cien veces a lo largo del día.
- Imagínate vecino. Fui con mi mamá al Banco, pero estaba papita, me atendieron en tres segundos. A mí mamá le entregaron dos millones seiscientos mil bolívares en efectivo,
- Salimos- del banco y nos fuimos al Supermercado Plaza con los billetes. Entramos y fui a buscar una bandejita de carne molida, y vi que decía 140 mil bolívares, bueno embuchao como estaba– dije métalo, mama, en el carrito, y así hice con unos huesos para la sopa, escogí unos tomates, unas berenjenas, un quesito, unas legumbres, una aceitico y un vinagre para la ensalada y así fui llenando el carrito. Bueno siempre pensando en que no hay que volverse loco.
- Pero coño, vecino, al llegar a la caja registradora con mi carrito, casi que me reía de la caja del clap, paso mi bandejita de carne, y la cajera me mira- como si dudara que yo no tuviera fondos, me dice, – señor por aquí , lleva usted, un millón cuatrocientos mil.- Cómo así? Pero aquí dice ciento cuarenta mil. No Señor, usted cómo que no sabe que el kilo vale tres millones, y usted aquí lo que lleva es casi medio kilo.
- No me quedó más remedio, que comenzar a bajarme del carrito, sentí que me estaban bajando de la mula, un atraco pues. A esta altura, el vecino, estaba hiperventilando y sentí que debía yo mismo servir de anti hipertensivo. Así que decidí seguir oyéndolo para ver si se le bajaba la tensión.
- Pero eso, no es nada vecino. Mi mamá, piensa que el domingo cuando gane Maduro, al día siguiente, va a poner preso a todo el mundo, y que la carne va a bajar de precio y que no va a faltar nada.
- Chávez los tiene locos- pensé que el aforismo triunfalista de la revolución había pasado de la risa a la mueca.
- Recordé la película La Máscara, detrás de la risa, la mueca. El presidente bailando sobre los muertos, el general rompiendo las cámaras del profesional de prensa en el palacio legislativo, el camarógrafo pateado en el piso que se tiró al suelo para proteger su instrumento de trabajo.
- Tremenda campaña electoral la que está haciendo el gobierno. Sus logros, una Mueca,
- El presidente candidato lo más parecido a la película, La Máscara.
- Chávez lo volvió loco. Y así andamos todos. Supongo que los venezolanos en el extranjero, andarán apurados para demostrar que no están locos. Porque los que quedamos en el país. Chávez los volvió locos. No hay familia en Venezuela, donde unos a otros, no se llamen locos. Hermanas con hermanos. Todo el mundo piensa que quien está loco es el otro. Y por lo que se ve. Todos estamos locos.
- Qué gran verdad dijeron apenas llegaron al poder. Chávez los tiene locos.