Con bolas, por Teodoro Petkoff

El talento y la audacia de los fotógrafos de TalCual recogieron dos momentos de las líneas políticas que ayer se confrontaron. De un lado, la llegada de las firmas ciudadanas al CNE; de otro lado, el zarpazo criminal de la violencia. De un lado, decenas de millares de personas, eufóricas y combativas, materializando una línea de conducta pacífica y democrática, una línea apegada a la legalidad, en uso legítimo de sus derechos; de otro lado, unos pocos centenares de personas, al margen de la ley, tratando de impedir mediante la violencia más ilegítima el ejercicio de aquellos derechos.
La jornada terminó con nueve heridos de bala. Alguno de ellos, o tal vez varios, podría haberlos producido el encapuchado de la foto de la derecha, nada difícil de identificar, por lo demás, a pesar de la máscara, porque su corpulencia permite distinguirlo sin mayores apremios. Así como la Guardia Nacional disolvió ayer a los grupos antidemocráticos, garantizando el ejercicio del derecho de manifestación a la marcha de las firmas, ahora toca a la Fiscalía adelantar las investigaciones para llevar ante los tribunales a los responsables de la violencia y de los disparos de ayer. Desarmar a los grupos violentos comienza por impedir la impunidad de quienes con tanto descaro accionan sus armas. Esos funcionarios del oficialismo que ayer trataron infructuosamente de persuadir a los patoteros de que cesaran sus acciones descubrieron el significado exacto del viejo dicho: «Cría cuervos y te sacarán los ojos». Esa violencia fascistoide, que no tiene nada que ver con ningún propósito de redención social, es la resaca que ha dejado un discurso intolerante y torpe, que llegó al desatino de dar certificados de heroísmo a los pistoleros de Puente Llaguno. El desarme de los gatillos alegres debe ser un punto prioritario en la agenda de las negociaciones que están por comenzar, si es que los esfuerzos de la OEA culminan exitosamente.
Entregadas las firmas para el referendo y abierto el camino hacia una mesa de negociaciones, se amplían las condiciones para terminar de aislar las políticas extremistas, que se retroalimentan mutuamente. La de ayer fue una jornada de triunfo de la política democrática, de la conducción civilista y pacífica.