Con más pasado que futuro, por Carlos M. Montenegro

En el horizonte cercano se vislumbra la Navidad y en Venezuela no se percibe contento precisamente. La tradicional alegría de este país tan risueño habitualmente y festejador de cuanto sea festejable, especialmente cuando llega la fiesta de todas las fiestas, o sea: vacaciones en los colegios, la Navidad con Papá Noel en su trineo y Rodolfo el reno, el 31 engordante y etílico, el Año Nuevo con sus alka seltzers y ratón incluido, y por si fuera poco la llegada de los Reyes Magos.
Al menos en occidente, sin importar en que crea cada quien, han sido siempre fechas de júbilo familiar, de “amigoteo” y rumba. Y sobre todo es la fiesta por antonomasia de los niños montando el pesebre y colocando las luces y los adornos al abeto navideño. Pues bien, este montón de tópicos tradicionales a la mayoría de la gente en Venezuela sólo nos tocará recordarlos. Explicar por qué no celebraremos nada, sería jurungar en las heridas y no es la idea.
No es poca cosa que un régimen en apenas un par de décadas haya destruido su país que, sin caer en chovinismo, puede decirse que contaba con una floreciente economía muy por encima de la media mundial, además de otros valores sociales, culturales y democráticos reconocidos, mejorables sin duda, sino que además ha destruido una tradición que comenzó en el mundo hace más de 2.000 años de la que Venezuela participaba desde que fue descubierta por Colon y su tropa con curas incluidos.
Leyendo estos tres párrafos tan pesimistas que describo, aunque probados, para desprenderme como decía el personaje de Radio Rochela de semejante “telaraña”, aunque sea de momento, voy a elucubrar sobre las personas que tienen más pasado que futuro, como es mi caso, y a buscar las cosas que se han dicho sobre los que hemos vivido tantas fiestas navideñas siendo niños, padres y ahora abuelos y que nos han escamoteado estos gerifaltes de la horterada que gobiernan.
De modo que como mi ingenio no da para crear frases dignas de trascender, voy a usar un subterfugio para apropiarme de unas cuantas, es decir y hablando sin tapujos: plagiarlas. En una especie de salto mortal con medio tirabuzón, les invito a zambullirse en su memoria y recuerden una inolvidable escena de la película El Cartero (Il Postino) de 1994.
Es cuando Doña Rosa, tía de Beatrice, la hermosa muchacha amada por el cartero, visita muy enfadada a Neruda para mostrarle una carta que ha encontrado escrita por Mario el cartero, y que su sobrina ocultaba, con versos sensuales que considera indecentes (que en realidad eran del poeta Neruda), para pedirle que le diga al muchacho que no se acerque más a su sobrina. Cuando más tarde Pablo Neruda le reclama al muchacho que aunque le regaló sus libros, no le autorizó a plagiar los poemas que él escribió para Matilde, su esposa, a lo que el cartero le responde: «no señor, la poesía no es de quien la escribe, es de quien la necesita».
El DRAE dice, más o menos, que poesía es la manifestación estética de la belleza o del sentimiento en verso o en prosa, expresadas con frases ingeniosas por medio del lenguaje. Así que voy a hacer trampa como dije, y necesito aprovecharme de algunas frases que no son versos ni poemas, pero si ingeniosas, trasmitidas por personajes que sin duda tenían mucha más inspiración y conocimiento de causa que yo*.
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Todas esas frases que no escribí se las dedico especialmente a todos los que andan rondando mi edad, que es bastante, y deseando que les sirva a los más jóvenes (aunque lo dudo). Allá van.
– .El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.
– .Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.
– .Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario.
– .Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes.
– .Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla rápido.
– .Vejez es un tirano que prohíbe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.
– .Envejecer es todavía el único medio que se ha encontrado para vivir mucho tiempo.
– .Todos deseamos llegar a viejos y todos negamos que hayamos llegado.
– .Si quieres ser viejo mucho tiempo, hazte viejo pronto.
– .Nada nos envejece tanto como la muerte de aquellos que conocimos durante la infancia.
– .El joven conoce las reglas, pero el viejo las excepciones.
– .En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos.
-.El viejo no puede hacer lo que hace un joven; pero lo hace mejor.
– .Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.
– .Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.
– .La vejez nos arrebata lo que hemos heredado y nos da lo que hemos merecido.
– .Un hombre no es viejo hasta que comienza a quejarse en vez de soñar.
– .Nadie es tan viejo que no pueda vivir un año más, ni tan mozo que hoy no pudiese morir.
– .La vejez comienza cuando el recuerdo es más fuerte que la esperanza.
– .Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara
– Los árboles más viejos dan los frutos más dulces.
– Un hombre no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se arrugan sus sueños y sus esperanzas.
– Viejo es quien considera que su tarea está cumplida. El que se levanta sin metas y se acuesta sin esperanzas.
– Anciano de éxito es cuando logras acumular arrugas en la piel, juventud en el corazón y llenas de sabiduría tu mente….
* Se que es poco probable que estos insignes personajes me vayan a demandar por plagio, pero cierto pudor, aunque sin ánimo de contrición, me impide esconder sus nombres al firmar este escrito. Así que los cito en el mismo orden que van sus estupendas frases.
Gabriel Garcia Marquez / Ingmar Bergman / Arthur Schopenhauer/ William Shakespeare /Pablo Picasso/ Francois de La Rochefoucauld/ Charles Augustin Sainte-Beuve/ Francisco de Quevedo/ Cicerón/ Julián Green/ Oliver Wendell Holmes/ Marie von Ebner Eschenbach/ Cicerón/ Ernest Hemingway/ Sófocles/ Gerald Brenan/ John Barrymore/ Fernando de Rojas/ Proverbio Hindú/ Michel Eugene de le Montaigne/ Y las cuatro últimas son de autores anónimos.