Cuando vinieron por mí…, por Bruno Gallo

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí, pero para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.
Martin Niemöller
La mayor tragedia de este país no es Maduro ni la acelerada forma en la que se deteriora la calidad de vida de los venezolanos, tampoco es la oposición; ni la “extremista” ni la “colaboracionista”.
Nuestra tragedia es la pérdida de la elemental cualidad humana de la empatía, la capacidad para solidarizarse con el otro, sea el otro de mi bando o de uno diferente.
Al vecino del frente se le ha ido la luz, mi reacción inmediata es “menos mal no se me ha ido a mi” y tal vez hasta allí sea un pequeño egoísmo aceptable, pero si te falta el elemental gesto solidario de ofrecer tu refrigerador para mantener sus alimentos en buen estado o la oferta de un poco de hielo, la verdad es que se deteriora el todo, la comunidad deja de serlo para convertirnos, en una aglomeración de viviendas sin conexiones emocionales elementales que nos hacen humanos.
En los últimos días hemos visto gestos que explican dolorosamente por qué no hemos logrado la unidad necesaria para derrotar a un gobierno cuya gestión y actuación es rechazada por, cerca del 85% de los ciudadanos y electores. No somos capaces de respetar las diferencias, ni siquiera para rechazar las agresiones y embestidas del gobierno contra una parte del todo heterogéneo y diverso de la oposición.
El 25 de mayo, el Fiscal Tarek William Saab, desde la tradición de la Razón de Estado que tanto combatió como defensor de los derechos humanos, definió a TODA la organización Voluntad Popular, como una organización Terrorista. Para nadie es un secreto que rechazó política y racionalmente una estrategia violenta que ni siquiera se ha ocupado de prepararse para la violencia, rechacé sus llamados a la Salida, en sus diferentes versiones y por supuesto los fallidos intentos de golpes e invasiones al que aparecen vinculados algunos de sus dirigentes.
Milité, como Tarek William en una organización que tenía a la violencia como “partera de la historia” y como instrumento válido para la conquista del poder político, y como él sé que una arenga antisubversiva (en nuestra época no se usaba la noción de terrorista) viene seguida por una persecución generalizada contra los militantes de esa organización.
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En el caso de Voluntad Popular, una organización de masas a diferencia de la Liga Socialista y Ruptura que eran organizaciones de cuadros, hay cientos de muchachos y muchachas que de buena fe y sin ningún vínculo con la violencia se mueven en estándares democráticos, más que probados, la generalización de Tarek William Saab es inaceptable, sobre todo si preludia una clásica jornada de represión contra la militancia de VP.
Hoy (26 de mayo de 2020), Vladimir Villegas hace públicas presiones del gobierno contra Globovisión, para que lo saquen del aire. El gobierno logró su cometido, Vladimir a la 1 sale de la programación. No se hizo esperar el rechazo del mundo político, ni el regocijo de la fauna de twiteros, opositores silvestres y extremistas, que ya en los últimos días sostenían una campaña contra Vladimir, Kico y otros periodistas, por complacientes y colaboracionistas.
Incluso algunos cagatintas de baja ralea, hasta hace nada al servicio del gobierno, la emprendían contra el medio, los periodistas y los opinadores que allí eran invitados, como expresión del furor del converso en busca de un nuevo patrono.
Lo cierto es que alegrarse porque ha sido silenciada una voz que no decía lo que cierto sector opositor aspiraba escuchar y que hacia maromas por mantener una rendija de libertad de expresión, limitada pero abierta, es sencillamente miserable.
Descalificar deportivamente un medio, una vía, una estrategia, tácticas, políticas que no son las nuestras, evidentemente limita la posibilidad de la acción unitaria. Usar poder de veto contra quienes sostienen visiones diferentes limita enormemente que la alternativa democrática, en algún momento, pueda reencontrarse unida y fuerte frente al autoritarismo.
Gobierno y oposición son una suma de diversidades, el gobierno no es monolítico, tampoco lo es la oposición. Acudir al expediente, de la descalificación del otro sin el beneficio de la duda, sustituyendo argumentos por adjetivos solo contribuye a fortalecer las visiones homogeneizantes con aspiraciones de pensamiento único. De una confrontación de esta naturaleza solo se desprenden malos presagios: un autoritarismo aspirando sustituir otro autoritarismo, una cultura política que aspira callar a unos por una cultura que espira callar a otros.
Tanto Voluntad Popular como Vladimir Villegas tienen detractores y defensores, pero una agresión contra ellos, desde la perspectiva de quien defiende la diversidad, es una agresión contra el todo de la alternativa democrática.
Al menos en la agresión es indispensable cerrar filas o escucharemos sonar las campanas y estarán sonando por nosotros.
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.
John Donne