Desafío de la educación superior.. por Gisela Ortega

En este siglo XXI, el desafío de la educación superior es la de incrementar centros de perfección donde los mejores puedan llegar a ser excelentes y producir cosas que realmente nos coloquen en el primer nivel, al menos en determinados campos.
Para lograr esto hay que desarrollar el talento, es decir restablecer en la enseñanza el reto como criterio fundamental de la realización personal. La posibilidad de excelencia está abierta a todo el que se empeñe con verdadera dedicación y esfuerzo.
No es un llamado ilusorio el llamado de la excelsitud. Una persona con un grado de educación siempre será socialmente más útil, que un individuo sin ningún nivel de instrucción.
La educación se entiende como un proceso que involucra no sólo conocimientos habilidades y destrezas, sino que tiene que ver con la esencia misma del ser, con sus sentimientos, así como el sentido y significado de la vida. Debe intentar que el ser humano asuma la libertad responsable, y debe ejercer una función formadora para beneficio de la persona y de la sociedad a la que pertenece. Debe desarrollar el potencial espiritual y cultural del ser humano lo cual permite e incrementa la libertad y la responsabilidad del individuo.
La Declaración Universal de Derechos Humanos, señala: “la educación superior deberá ser accesibles a todos en función del mérito. No puede aceptarse ninguna discriminación, ni nadie deberá quedar excluido de la educación superior ni de sus ámbitos de estudio, niveles de titulación y diferentes tipos de establecimientos por razones fundadas en su raza, género, lengua, religión, edad, ni tampoco por diferencias económicas o sociales ni discapacidades físicas”, por lo que las naciones miembros de la Unesco deben crear, un marco legislativo, político y financiero para desarrollar y reformar la educación superior de conformidad con esta resolución.
En este sentido, se debe considerar que la educación superior es un catalizador para todo el sistema de enseñanza y emplearla como tal, proporcionando a los estudiantes una gama óptima de opciones y la posibilidad de entrar y salir fácilmente del sistema, y redefinir su cometido, lo que implica la instauración de un espacio abierto permanente de aprendizaje así como la necesidad de programas de transición y evaluación y el reconocimiento de la instrucción recibida anteriormente.
Los institutos de educación superior deben mantener estrechas relaciones con los organismos que se dedican a la investigación, tomando en cuenta que son dos factores relacionados de la producción y del conocimiento, ya que estos contribuyen eficazmente al desarrollo local, regional y nacional.
Es necesario promover y facilitar la movilidad nacional e internacional del personal docente y estudiantil como elemento esencial de la calidad y la pertinencia de la educación superior, estableciendo y garantizando las condiciones necesarias para el ejercicio de la libertad académica y la autonomía institucional para que los institutos de educación superior, así como –catedráticos e investigadores- dedicados a estos menesteres puedan cumplir con sus obligaciones para con la sociedad.
Los países, en los que, el número de matrícula es bajo en comparación con las normas internacionalmente aceptadas deben esforzarse por garantizar un nivel de educación adecuado a las necesidades actuales de los sectores público y privado de la colectividad y elaborar planes para diversificar y ampliar el acceso a los estudios superiores, especialmente en beneficio de las minorías y los grupos desfavorecidos.
La interrelación con la enseñanza general, técnica, y profesional debe revisarse a fondo en la perspectiva de los aprendizajes permanentes. El acceso a la educación superior en todas sus formas debe permanecer abierta a cuantos hayan terminado sus cursos secundarios o su equivalente.
Es imprescindible fomentar una mayor cooperación, así como la de adoptar medidas que disminuyan la creciente distancia existente entre los países industrialmente prósperos y las naciones en vías de desarrollo, especialmente los pueblos menos adelantados, considerando la posibilidad de asignar recursos presupuestarios con este fin y concertar acuerdos mutuamente ventajosos con la industria, tanto nacional, como internacional, a fin de realizar actividades y proyectos de cooperación mediante los incentivos y la financiación apropiada para la educación, la investigación y la formación de expertos de alto nivel en esas naciones.
Las instituciones de educación superior deben definir su misión de acuerdo con las necesidades presentes y futuras de la humanidad, consciente de que esta, es esencial para que todo país o región alcance el nivel necesario de desarrollo económico y social sostenible y racional desde el punto de vista del medio ambiente, una creatividad cultural nutrida por un conocimiento y una comprensión mejores del patrimonio cultural, un nivel de vida más alto, la paz y la armonía internas e internacionales, fundadas en los derechos humanos, la democracia, la tolerancia y el respeto mutuo. Estos cometidos deben incorporar el concepto de libertad académica, tal como figura en la Recomendación del personal docente de la enseñanza superior, aprobada por la Conferencia General de la Unesco.