«El Bateador Maravilla»: 20 años siguiendo a Miguel Cabrera

Héctor Becerra Sardá, periodista de larga trayectoria en medios caraqueños y agencias de noticias, publica un vívido relato testimonial de la extraordinaria carrera deportiva de Miguel Cabrera en busca de los 500 jonrones y los 3.000 hits. Un libro que es un «hit»
Autor: Javier Conde @jconde64 | Foto de portada: Fabio Becerra Di Gregorio
Cuando Miguel Cabrera debutó en las Grandes Ligas con los Marlins de Florida (ahora de Miami) a mediados de la temporada del año 2003, Héctor Becerra era jefe de deportes de TalCual. Ya estaba al tanto de las maravillas que se hablaban de este pelotero que con apenas 14 años había despertado el interés de varias y lustrosas organizaciones beisboleras de las grandes ligas que lo firmaron por un bono 1,8 millones de dólares. El primero de sus muchos récords.
«Desde que Cabrera debutó fui día a día siguiendo su trayectoria, guardando informaciones diversas, recopilando material, escribiendo artículos en el periódico sobre sus actuaciones, revisando los números, etcétera», comenta Becerra, que en su adolescencia, cuando el periodismo aún no figuraba en su agenda, quiso ser como Gustavo Gil, un exquisito segunda base venezolano aunque de corto recorrido en las ligas mayores de Estados Unidos.
«Nunca le había seguido la carrera a un pelotero venezolano tan al día a día como Cabrera, que con el pasar de estos 20 años se convirtió en el número uno de todos los tiempos de los nacidos en Venezuela», y de ese seguimiento minucioso nace El Bateador Maravilla, el libro que Becerra acaba de publicar en Amazon y que recoge los momentos culminantes del pelotero nacido en Maracay: el jonrón 500 y el hit 3.000, que lo ubican en la élite de la historia del beisbol.
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Becerra, que comenzó su andadura periodística en El Nacional (1977) y la prosiguió en El Diario de Caracas y la United Press International (UPI), tanto en Caracas como en Miami –además de sus 15 años en TalCual– es autor de otros textos sobre temáticas deportivas: El Universitario cuarentón (1991), Ocho medallistas olímpicos (1992) y 200 grandes/ Venezolanos en las Mayores (2007).
El bateador Maravilla tiene otra textura. Un relato testimonial, dice él, que comienza con un viaje a Nueva York –al nuevo Yankee Stadium– para ver a Cabrera en el apogeo de su carrera, luego de conquistar en 2012 la Triple Corona de bateo, lo que no se lograba desde 1967, y su segundo galardón de Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 2013.
–¿Miguel Cabrera ya es más grande que Luis Aparicio?
–Es el pelotero que ha llegado más lejos. Aparicio está en el Salón de la Fama y eso significa que es muy grande. Cabrera tiene números extraordinarios y también va a llegar, sin duda, al salón de los inmortales.
–¿De eso va El Bateador Maravilla?
–El Bateador Maravilla es una combinación de cosas. No es una novela, ni un reportaje, ni memorias. Tampoco una biografía o una entrevista. Es un relato testimonial, escrito en primera persona. Sin personajes inventados o hechos ficticios, lo que escribo se basa en hechos reales: informaciones periodísticas, publicaciones diversas, portales de beisbol en Venezuela y los Estados Unidos, fuentes de recopilación estadística y vivencias propias mezcladas con testimonios de terceros, desde el scout que lo firmó a los 16 años hasta la admiración rendida por los mejores bateadores y lanzadores de ahora.
–¿Cuál es el jugador que más te ha gustado?
–Cuando estaba chamo me encantaba Gustavo Gil, quería ser como él. Siempre quise jugar en segunda base. La admiración por Luis Aparicio ha sido de toda la vida, coleccionaba en el colegio las barajitas que le dedicaban y estaba de guardia en la redacción de El Diario de Caracas la noche que salió electo en el Salón de la Fama. Pero el gran pelotero de las grandes ligas para mí gusto fue Willie Mays, al que solo vi por televisión. Siempre se discutía cuál era mejor, Mays o Mickey Mantle.
–¿Qué es lo que más admiras de un juego de beisbol?
–Lo que más disfruto es el sonido del batazo, el choque de la madera con la pelota; pero admiro de todo: una atrapada de esas épicas, un jonrón decisivo, al pitcher que lanza un blanqueo.
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–El primer juego que viste.
–El primero fue un Valencia contra Rapiños de Maracaibo en el Universitario. Me llevó mi tío Ernesto Sardá, un seguidor afiebrado de Magallanes. Me impresionó la inmensa grama verde, un mar verde que vi completo porque entramos por la puerta detrás del home. Recuerdo que mi tío me mandaba a comprar El Nacional y se leía las crónicas de Eladio Secades, que eran del carajo. Yo apenas tenía noción del beisbol, sabía de Luis Aparicio, que estaba en los Orioles y había jugado en Rapiños y era una cosa de otro mundo.
–¿Hay un juego que recuerdes más que cualquier otro?
–Hay un juego emblemático con el que hice clic definitivo con el beisbol. Fue la final del año 67, Caracas contra La Guaria y ganó el Caracas. Nunca he sentido más lleno el Estadio Universitario, no cabía un alma más. En el séptimo inning La Guaira ganaba 7-0 y ya cantaban como campeones, pero Caracas hizo cuatro carreras en esa entrada y luego un rally tremendo de 11 carreras en la séptima. Un jonrón con bases llenas del cubano Paul Casanova, que los Leones habían tomado como refuerzo de los Tigres, fue el batazo que volteó el partido y parecía que el estadio se iba a caer, temblando de la euforia, los gritos y los brincos de las gente. Desde ahí, el beisbol fue uno de mis alimentos.
–Siempre has sido seguidor del Magallanes, ¿por qué?
–Cuando yo comencé a seguir el beisbol no estaba activo el Magallanes. Yo era del Valencia Industriales, que vi en ese primer juego contra Rapiños al que fui. Yo solo conocía a otra persona que seguía al Valencia, que era mí amigo liceísta René Gómez, y cuando desaparece el Valencia nos preguntamos qué hacemos ahora. No íbamos a ser del Caracas, casi sí de Tiburones, pero el Magallanes, que volvió, se mudó a Valencia y lo seguimos. Además, mi tío Ernesto era del Magallanes.
–¿Y en las grandes ligas, eres de los Yanquis, de los Medias Rojas o del equipo dónde se destaquen venezolanos?
–En este momento la tercera opción, no hay un equipo que siga como antes. Me gustaban los Atléticos de Oakland, la «Gran Maquinaria Roja» de Cincinnati porque estaba David Concepción. Nunca he sido de los Yanquis.
–¿Le enviarás El Bateador Maravilla a Cabrera?
–Eso ya está previsto. Ya hice contactos con el jefe de prensa de los Tigres de Detroit, Carlos Guillén, que se llama igual que el exgrande liga, para enviarle ejemplares a él y, por supuesto, a Miguel Cabrera.