El conqué, por Aglaya Kinzbruner

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¿Qué es el conqué? Por ahora diremos que es solamente un neologismo y responde al hecho de que para acceder a cualquier cosa queramos o necesitemos hay que tener conqué pagarla. Al fin y al cabo no todos somos Trump con grandes talentos histriónicos y dispuesto siempre a demostrar que hay razones históricas, de necesidad nacional o porque me lo saqué del sombrero para justificar sus querencias. Y vamos al grano.
El 18 de diciembre de cualquier año es el día del migrante, dictaminado así por nada menos que las Naciones Unidas. Siempre se ha dado por entendido y es justo que sea así, que el migrante tiene una calidad exógena, o sea que siendo de un país tiene que migrar a otro porque así lo dictamina la necesidad o sea porque estando donde está no tiene como procurarse el conqué seguir viviendo.
El único país que ha tenido un migrante endógeno, aunque sea involuntario, ha sido Venezuela. Resulta que en el año 1981, en tiempos de Luis Herrera Campins una joven médico, Raiza Ruiz, se dirigió al sur del país, al Estado Amazonas, para hacer su rural. Pero luego de unas dos semanas, justo cuando se subió a una avioneta para ir a cobrar su primer sueldo, la avioneta se metió en un banco de neblina, se perdió la visibilidad y la vida de los otros ocupantes de la avioneta.
Pero como nadie se muere en la víspera, Raiza se salvó, caminó días y noches perdida en la intrincada selva tratando de mantener siempre una dirección y que los ángeles hicieran el resto. Los ángeles fueron los indios de la etnia baré que la encontraron y cuidaron hasta que pudiese ser acompañada a un hospital. Cada actor hizo lo que pudo menos en Caracas donde, al haber perdido noticias suyas, la declararon muerta. Al volver tuvo que pedir la exhumación de sus restos que resultaron ser un saco de 4 kg de cal y unos huesos de animales. Tardó 25 años en volver a tener una cédula, cosa que demuestra que, después de todo hasta el Saime no es tan malo.
La citamos porque encontramos en su ejemplo una gran fuente de valor personal que ahora que se habla muchísimo de los migrantes es quizás compartida con muchos de ellos. Y ahora volvemos al conqué y ya verán la razón. Tal como el beso del príncipe despertó a Blanca Nieves, el presidente Trump ha tocado la fibra escondida y durmiente de la xenofobia americana. Y ahora, por caminitos verdes que el tiempo no ha borrado, por tren, por autobús, por avión vuelven los migrantes con un futuro más incierto que nunca. Explicaremos porqué.
En uno de sus programas diarios Jaime Bayly se refirió en particular a los migrantes venezolanos protegidos por el TPS, por el Parole y el CBP1. Entre todos, siempre según él, suman un millón doscientos mil. Muchos de ellos enviaban a Venezuela una parte de sus ingresos que si bien no se pueden comparar con lo que entraba por la exportación de petróleo eran una ayuda importante para las familias que los recibían.
Ahora ellos volverán no sabemos cómo porque muchos no tienen siquiera pasaporte válido, a su país para sumarse a las multitudes ya existentes que no tienen qué comer.
Nos preguntamos si a alguien se le ha ocurrido algún plan Marshall o como atender a estos compatriotas que vuelven a pasar el trabajo hereje. Que si antes estaban mal ahora estarán más ajustados que nunca. Más ajustados que los pantalones de Chandler en un episodio de Friends. El cuento es el siguiente. Entra Chandler en la escena donde están los demás amigos preguntando si alguien sabe de un buen sastre. Joey le sugiere que vaya donde Franky que es el sastre que ha atendido a toda su familia por mucho tiempo. Chandler va y parece que hay un pequeño malentendido cuando el sastre toma las medidas del tiro del pantalón. Chandler sale furioso, llega donde los amigos y cuenta lo que le ha pasado. Joey tiene una explicación hilarante sobre cómo tomar las medidas para hacer un pantalón y Ross lo remata diciendo que «¡sí pero en una prisión!»
El chistecito es quizás una forma de salir de una preocupación verdadera.
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Aglaya Kinzbruner es narradora y cronista venezolana.
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