El jazz, un ave fénix. Quinto renacimiento, por Simón Balliache

Miles Davis con 43 años de edad y en plena madurez musical lanza al mercado dos discos In A silent Way (1969) y Bitches Brew (1970) que son como esos árboles que lanzan sus semillas al viento para caer en tierra fértil y reproducirse. Los viejos no saben lo que está pasando y dicen que eso no es jazz, por su parte las juventudes, adscritas al rock y todas sus variantes, si entienden lo que está pasando y se adhieren a la nueva tendencia: el jazz fusión.
Hasta estos años, el jazz está cargado de personalidades, de individualidades que les dan títulos a los discos, ahora surgen los grupos: Return To Forever, Headhunters, Mahasvishnu Orchestra, Weather Report, Lifetime, Soft Machine y otros quienes se adueñan de la escena musical en la década de los 70.
El bajo eléctrico, un instrumento fundamental en cualquier agrupación, pero que hasta ahora no ha tenido un protagonismo descollante, salta al escenario de manos de Jaco Pastorius, un músico de comportamiento errático quien lo revoluciona y crea una escuela. De él dijo un colega: «Jaco toca en un tema más notas que yo en un mes». Prácticamente, otro Charlie Parker. Algunos comentaristas exageran y dicen que llegó a influenciar a un grupo alemán, en ese entonces oscuro, llamado Tangerine Dream, quien sabe, habría que leer la biografía de Edgar Froese, si es que existe, para ver si menciona algo sobre eso.
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El disco de Miles Davis, Kind Of Blue de 1958, es reverenciado por muchos rockeros tales son los casos del guitarrista Duane Allman, de Allman Brothers Band, quien dijo: «Mis solos en canciones como In Memory of Elizabeth Reed vienen de Miles Davis y John Coltrane, y particularmente de Kind of Blue. He escuchado tantas veces ese álbum, en los últimos años, que difícilmente he escuchado otra cosa», y el de Richard Wright, el teclista de Pink Floyd, quien declaró en la serie de videos Classic Rocks, que algunos acordes que aparecen en The Dark Side Of The Moon los tomó de Kind Of Blue
En el Bronx de New York los latinos observan que la estructura y los conceptos del jazz pueden utilizarse, se despiden de la charanga, la bomba y géneros similares que dominaban los 60s y dan a luz a la Salsa, un estilo agresivo, propio de una comunidad latina que logra una identidad que se internacionaliza.
En todas partes el jazz se fusiona con los estilos autóctonos y se multiplican las posibilidades. Los años 70a están preñados de ideas pariendo continuamente a hijos inquietos, renovadores no sólo en el jazz sino también en el rock.
Ya no solo se escucha el jazz de los EE.UU. sino también de otros países. Surge en Europa un sello discográfico importantísimo, ECM, que muestra al mundo un jazz diferente, relajado y cerebral en donde no sólo participan los músicos europeos sino de otras latitudes del Oriente Medio y de la India. Ya no hay tiempo para estar al día, las corrientes avasallan al oyente, las ondas hertzianas se nutren del jazz y aparecen las emisoras especializadas en esta música.
Sin embargo, no todo es color de rosas, los WASP (White Anglo Saxon Protestant), con el ánimo de figurar esterilizan el jazz produciendo lo que se llama Smooth Jazz, una suerte de música ambiental sin mayores pretensiones, para los que prefieren lo tranquilo, que no le gustan las improvisaciones, algunos despreciativamente lo llaman música de supermercado, de ascensores, de consultorios médicos, totalmente comercial al que se pliegan algunos jazzistas en busca del sustento para sus familiares ya que se vende prácticamente sin hacer ningún esfuerzo. Mientras hay emisoras que difunden al jazz de manera amplia incluyendo todos los estilos, el smooth jazz se dio el lujo de tener unas dedicados a ellos exclusivamente.
Los años 70 son etiquetados como años cruciales para la música. El hard rock, el heavy metal, el rock progresivo, que venían desarrollándose desde mediados de los sesenta se consolidan. Ninguno de estos géneros es bailable. Los jóvenes les gusta bailar y nace la música disco.
El jazz había venido resistiendo los embates de los puristas y tradicionalistas casi siempre de críticos y gente “mayor”. Sin embargo, el 12 de julio de 1979, los rockeros demostraron que también pueden ser puristas, tradicionalistas y pensar como la gente “mayor”. Como no soportaban el éxito de la música disco, argumentan, entre otras cosas, que es simple, vacía y para homosexuales, también apelan a otras cantidades de razones que no vienen al caso. Convocaron a una quema de miles de discos, de la música disco, en el estadio Comiskey Park, de Chicago. Cualquier parecido con la quema de libros ocurrido El 10 de mayo de 1933 en la Alemania de Hitler no es casual. El mismo pensamiento en épocas diferentes. Yo tengo la razón y ustedes no.
Mientras tanto el jazz goza de buena salud, hay un desarrollo exponencial y aumentan las posibilidades. Solo los nostálgicos rememoran la era clásica del jazz, los jóvenes lo ven con reverencia, pero hay que estar con los años. Sin embargo, se avecina un cambio, no hacia adelante, sino hacia atrás. Una nueva generación proveniente de las academias de música de New Orleans, la cuna del jazz, promueve un retroceso, volver a los años 50 y 70. Utilizando el bebop, el cool, el jazz modal y el hard bop en una suerte de mezcla que produce sonidos interesantes, audibles, nadie discute que sean malos, por el contrario, son excelentes y sus intérpretes son de primera categoría, pero no les interesa la evolución sino el retroceso.
El movimiento es conocido como el Neoconservadurismo. Más de lo mismo. Se visten bien y son elegantes, un encontronazo con las vestimentas de los jazzistas de los 70 y comienzos de los 80 que utilizan colores, pelos largos y prácticamente el mismo vestuario de los rockeros.
Estamos a comienzos de los 80 y nuevamente se decreta el fallecimiento, porque si algo no evoluciona o no crece se estanca, morirá por inanición y el jazz siempre ha sido algo dinámico, un ser vivo, una continua exploración de las armonías. Se le prepara un velorio, pero al «muerto» no le gusta esa fiesta, se resiste, se levanta y se va a ver que inventa.
Simón Balliache es investigador y melómano venezolano, autor de los libros Una Historia del jazz,Los íconos del jazz, Voces en el jazz. y Jazz en Venezuela. Gracias
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