El macabro legado «obrerista » de Maduro, por Beltrán Vallejo

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La OIT vino, vio y no sabemos si venció porque todo ha quedado en “esperanza”. Los que participaron sólo tienen eso, lo de la esperanza de que el régimen de Maduro se meta en el camino de un buen proceder laboral.
Yo no creo que el régimen deje de imponer sus salarios inconsultos; no creo que instale un diálogo franco con los actores sociales involucrados en la materia laboral; no creo que respete la autonomía de los sindicatos, y no creo que respete las contrataciones colectivas. Y no creo que Maduro afloje su garra de control social y político porque en verdad le ha ido bien. Aquí el movimiento sindical está debilitado, y eso es positivo para todo tipo de dictadura. Perdonen mi pesimismo.
Lo que sí fue positivo es que la presencia de la OIT generó en el régimen una actitud diplomática y decidió realizar gestos de magnanimidad, y por eso soltó a 2 de los 157 trabajadores y líderes sindicales que mantienen presos o bajo régimen de presentación. Hace una semana soltaron a Rodney Alvares, el sindicalista ferrominero preso desde hace 10 años porque se le culpó de un crimen que no cometió; y en plenas actividades de la OIT en Caracas también soltaron a Eudis Girot, líder sindical de Pdvsa, preso bajo acusaciones de terrorismo y de traición a la patria; pero en verdad su único crimen fue el de cumplir su rol de ser vocero de la clase obrera; pero ese rol es un crimen para los dictadores, así se disfracen de obrerista. ¿Ustedes sabían que el nombre completo del partido Nazi, cuyo líder fue Adolfo Hitler, es Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán?
En todo caso, con esa liberación de los dos sindicalistas mencionados, yo creo que la OIT confirma que el régimen juega a la barajita de intercambio con sus presos, como antier vinieron los gringos y estos se llevaron a dos estadounidenses detenidos desde hace tiempo.
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Maduro todavía mantiene a unos 157 trabajadores en sus calabozos o detenidos en sus casas o bajo régimen de presentación. Esto no es casual pues es toda una política de terrorismo de Estado, y le ha resultado eficaz hasta ahora; primero dividen el sindicalismo, lo fracturan, y después implantan el miedo, el calabozo, el castigo, la censura y los despidos.
Maduro y su dictadura jamás permitirán que los espacios sindicales resuciten y se fortalezcan porque un sindicato históricamente ha funcionado como un instrumento y un medio de poder donde los trabajadores intentan gestionar sus condiciones de empleo debatiendo o entrando en conflicto con la dominación del patrón. Pues bien, para una dictadura esa autonomía sindical no es permitida, debe ser aplastada.
Ciento cuarenta y siete trabajadores presos: ese es el legado obrerista de Maduro. Ante ese legado, claro que hace falta un sindicalismo independiente como lo fue esa “Solidaridad” polaca liderizada por Lech Walesa. El historiador alemán Peter Oliver Loew, sobre aquella experiencia que terminó de erradicar a una dictadura totalitaria, dijo lo siguiente: «Si algunos intelectuales salen a la calle, no es una revolución. Pero cuando se declara en huelga una empresa de la que depende parte de los ingresos del Estado, entonces se está cuestionando un sistema comunista que está legitimado por el proletariado».
En ese sentido, Maduro nunca permitiría un sindicalismo disidente; es vital para él no tenerlo, y por eso lo reprime con puño de hierro, como también reprime con puño de hiero cualquier disidencia en los cuarteles. Por eso cualquier fisura en esos espacios se atiende con “sangre, sudor y lágrimas” para sus víctimas.
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