El nuevo año y las tareas por la libertad, por Luis Alberto Buttó

Twitter: @luisbutto3
En Venezuela, entre las tareas imprescindibles a desarrollar en el nuevo ciclo anual que en horas comienza, destaca en lugar privilegiado no cejar en la lucha por alcanzar y reconquistar la libertad. La libertad en concreto, más allá de su abstracto significado. Es decir, la lucha por la implantación de un Estado de derecho que haga efectivo el ejercicio pleno de las libertades políticas, civiles y económicas de la población. Esta es la tarea primigenia. En esto se traduce construir el mañana.
Sucedáneas de esta tarea de marca mayor son otras de menor cuantía, pero de singular importancia. Por ejemplo, hacer valer en la práctica las supuestas victorias obtenidas. Para que tales victorias sean ciertas es perentorio ir más allá de vocearlas como grandes conquistas. Si las mismas forman parte de cierta direccionalidad estratégica, lo lógico es avanzar, entonces, en las realizaciones tácticas derivadas. En este sentido, lo importante no es que los logros alcanzados sean pequeños; lo determinante es que sean tangibles. En otras palabras, hágase lo que se haga, hay que responder a la interrogante coloquial: ¿cómo se come eso?
En caso de existir, las victorias en cuestión solo lo son si el canibalismo político no se desata entre quienes, por pequeños y en pequeño, pretenden arrogarse la condición de ser sus beneficiarios directos.
En esta etapa de la lucha por la democracia, los triunfos a que haya lugar no pueden seguir atribuyéndose a la contabilidad personal o partidista. Son triunfos de la sociedad venezolana que resiente y resiste los embates del poder ejercido despóticamente. Por consiguiente, no cabe el cálculo inmediato, salvo que se quiera privilegiar la irresponsabilidad y retardar el cambio necesario.
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En los días por venir, como siempre lo ha sido —pero en adelante lo será más que nunca—, acto suicida es empeñarse en el debate intrascendente. Demasiado tiempo se ha desperdiciado en discutir lo irrelevante; es decir, lo que por horas se mantiene en el tapete y luego se sume en el olvido o la indiferencia. Las polémicas vanas irremediablemente conducen a la inmovilidad.
En todo caso, en lo sucesivo, debe prevalecer el escrutinio ciudadano. Huelga decir, la gente, destinatario del mensaje político, ha de afinar el tino para desentrañar cuando, con retórica de supuesto interés nacional, se disfracen sentencias u opiniones fraguadas a partir de ocultas motivaciones personales o grupales. Asignación por elaborar en esta dirección: desestimar dichos discursos, no prestarles ninguna atención. Recordar: hay mentes expertas en relamer heridas, verbos cuyo leitmotiv gira en torno al «se los dije». No suman, son y serán inútiles por definición. En el terreno de las aspiraciones colectivas, la conveniencia individual es más dañina que la incomprensión de la realidad, y esta, de por sí, es riesgosa.
En cualquiera de los órdenes imaginables, sin duda alguna, el año que viene la crisis nacional se profundizará. Es necesario el cable a tierra para asumir tal verdad y actuar en función de ella. Lo por hacer no será fácil, casi que cuesta arriba, pero hay que andar. En consecuencia, lo recomendable es que reine la lógica fría, no el apasionamiento.
No crear falsas expectativas, sino, por el contrario, explotar las que tengan asidero real. La participación de la gente es imprescindible y parte del convencimiento que se tenga producto de la viabilidad de la propuesta.
En el año que comienza se impone hacer inventario, independientemente de lo descarnado que tal ejercicio pueda resultar. La progresividad de los avances depende de las fuerzas, posibilidades y recursos reales con los que se cuenta. Fuerzas, posibilidades y recursos acumulados con propiedad, no meramente anhelados. Basta ya de repetir esa especie de letanía purificadora de que se es mayoría. A fin de cuentas, la fortaleza no consiste en ser mayoría, sino en hacer valer esa mayoría en términos operativos que definan el rumbo político. El llamado es a reconocer la diferencia sustancial entre semilla y gramínea.
¡Feliz año a todos los lectores!
Luis Alberto Buttó es Doctor en Historia y director del Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad de la USB.