El secreto, por Bernardino Herrera León

Twitter: @herreraleonber
Nadie pide a los políticos venezolanos que revelen su vida privada. Nada más sano para una sociedad libre y de convivencia que la cultura de respeto a la intimidad personal y familiar. Es lo que detestamos de los medios amarillistas, los de farándula, creados sólo para revelar detalles íntimos de las celebridades. A algunos artistas y famosos les fascina, porque alimenta su ego infantil. Contribuyendo con el morbo enfermizo de la chismografía.
No es un mal de morir, afortunadamente. Con el tiempo ese mal hábito disminuirá, de ser cierta la tesis según la cual, al ampliarse la diversidad de opciones culturales disminuirá el amarillismo. La Era de la Internet ayuda con esa ampliación de opciones.
El problema de “El Secreto” no está en lo sagrado de la intimidad individual, sino en la concepción que sobre la Política tengamos. Nos hemos acostumbrado a que los políticos negocien entre sí sus diferencias en secreto, manteniendo una imagen pública completamente diferente. Nos mienten con premeditación y alevosía.
Lo peor es que nos acostumbramos. Lo vemos como normal. Explica el por qué los políticos opacos logran mantenerse y obtener votos. Hasta lo justificamos con el argumento de que en público jamás se pondrán de acuerdo. En público jamás revelarán sus verdaderas intenciones. Así procede El Secreto, como forma de hacer política.
Pero este razonamiento es falso. Además, es un insulto por subestimación. Toman a los ciudadanos por imbéciles. Para esa perversa idea de la política, la ciudadanía es una entidad infantil, que se engaña con caramelos y mentiras.
Los venezolanos padecemos la incertidumbre de los políticos de El Secreto. Lo sufrimos con las últimas “negociaciones” entre opositores del grupo que llaman “G4”, llevadas a cabo en Noruega y República Dominicana. El Secreto puro y duro fue el requisito y norma básica de aquellas fracasadas conversaciones.
El señor Henrique Capriles acaba de adjudicase la liberación de 110 detenidos por causas políticas. Indultos sin juicios ni causas, una aberración. Los recién liberados estaban secuestrados porque le daba la gana retenerlos al régimen chavista. El mismo procedimiento del FAES para detener a los activistas de una ONG humanitaria. Siempre habrá presos que negociar con esta gente.
Las conversaciones que sostuvo el señor Capriles con el régimen chavista para liberarlos son un secreto. Sin embargo, el conocido político se jacta de ello como un atributo. Pero no es el único.
Muchos políticos nos han sorprendido con secretos similares. Una mañana de abril de 2019, Juan Guaidó nos despertó acompañado de militares dispuestos a tomar el poder, resultado de una negociación secreta con funcionarios del régimen chavista. Comenzamos a sospechar que era cierta su negada reunión con el inefable Diosdado Cabello, poco antes de ser presidente interino. Descubrimos que Guaidó también forma parte de la secta El Secreto.
Pero esa doble vida que practican algunos políticos venezolanos está llegando a su fin. La inescrupulosa criminalidad del chavismo y la sordidez de los políticos opositores que se benefician del chavismo ya no logran engañar como hasta no hace mucho. A Stalin González se le hizo difícil explicar qué hacía en ese juego de beisbol.
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La Era de Internet ha reducido el margen de opacidad de la doble vida. Obliga a los políticos a mentir con mayor descaro. Lo que va quedando de la política se reduce a un torneo de quién miente mejor. Algunos lo logran por un tiempo, claro. Dirigentes que basan su liderazgo en la ideología y el fanatismo de votar a un partido, así esté dirigido por el peor de los delincuentes.
Hace mucho que políticos y organizaciones de izquierda practiquen la doble vida de El Secreto. Lenin financiaba sus actividades con secuestros y robos de banco. Joseph Stalin, por cierto, era uno de sus secuaces. Hasta Fidel Castro, las FARC y Hugo Chávez en sociedad con la corrupción o el tráfico de drogas. La tradición es larga. Era normal que muchos militantes de izquierda se involucraran en conspiraciones o supieran de ellas mientras participaban en elecciones. Cara legal y cara subversiva, así de esquizofrénica concebían la política.
Este doble comportamiento se ha extendido hacia el resto de la clase política. Una especie de maldición para los venezolanos tener que soportar políticos mentirosos, que hacen de la doble vida su negocio particular.
Lo que pedimos los venezolanos es transparencia en la Política.
Pedimos que se retiren del club El Secreto. Que dejen de refugiarse en la mentira, porque igual nos vamos a enterar. Es preferible que se equivoquen y es sano reconocer que se ha cometido un error.
Pedimos a los partidos que se democraticen. Que no se limita a una elección cada cierto tiempo. Practicar la democracia es debatir públicamente y sin temor. De esas confrontaciones surge la buena Política y los mejores políticos.
Democratizar es tomar decisiones con transparencia, incluso, en medio de fuertes disidencias internas. Es preferible saberlas que ocultarlas. La mentira de la “unidad” en torno a un líder o grupo o alianza apesta. Los partidos no son una hermandad religiosa, sino espacios para debatir sin censura, así sea en tono agrio. Esa es la naturaleza propia de la política. Disfrazar con ilusiones falsas de unidad y entendimiento le hace mucho daño.
A más transparencia, más pronto se restablecerá la Política. La confianza en ella en los políticos. Los políticos del futuro tendrán que dejar de engañar. Tendrán que estudiar más. Explicarse y argumentar mejor. Nada es mejor que la verdad y vivir con ella. Se siente fantástico. Se es más libre y más auténtico.
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