El «shock» por el cambio de cultura en el Arsenal, por Gustavo Franco

Tras el fin de la etapa de Arsene Wenger en el banquillo del Arsenal, que duró 22 años, el equipo del norte de Londres se dio a la tarea de modernizar la organización del equipo. Para ello, trajeron a Raúl Sanllehí (un exdirectivo del Fútbol Club Barcelona), para dirigir la operación deportiva del club. Entre él y otros directivos recomendaron la contratación de Unai Emery tras la salida de Wenger.
Los últimos años de la época de Wenger el equipo empezó a hacerse cada vez más frágil en defensa, y la tendencia continuó con Unai Emery, lo cual empezó a traer resultados progresivamente peores. Esta fragilidad defensiva la maquillaba el potencial ofensivo de Lacazette y Aubameyang, pero la cantidad de goles que permitía el equipo llegó a una punto límite que hacía que el equipo no ganara partidos.
En el verano llegó un director deportivo, el exjugador brasileño del equipo londinense Edu Gaspar. Pero la situación dentro del campo no mejoró, y Unai Emery fue despedido. Se colocó en su puesto de forma interina a otro exjugador del Arsenal: Frederik Ljungberg.
Tras varios partidos de resultados malos, el Arsenal contrató de forma permanente a Mikel Arteta, también exjugador del Arsenal. El vasco estaba aprendiendo como asistente de Pep Guardiola, y tendrá a sus 37 años su primera experiencia como entrenador. Y el Arsenal se encuentra, a mitad de temporada, en el puesto 11 de la clasificación.
En poco menos de un año y medio, han ocurrido cambios de gran importancia en la organización, y el equipo lo ha mostrado en el campo. Antes, la figura del entrenador con Arsene Wenger era entendida como la de un ‘manager’. Esto quería decir que Wenger controlaba toda la planificación del equipo a futuro, ya sea el reclutamiento o la integración de los jóvenes al primer equipo. Hoy, la dirección deportiva es la que dirige estos esfuerzos, y busca dar una visión a largo plazo al equipo. El encargado del entrenamiento y los objetivos a corto plazo será el entrenador.
En una temporada y media el equipo pasó de estar controlado por un entrenador ‘manager’ (cosas que fue así durante 22 años), a tener un equipo de personas organizado —burocrático, incluso— para dirigir las operaciones futbolísticas.
Esta forma de operar, más racionalizada y con mayor división de funciones, está siendo implementada por una cada vez mayor cantidad de equipos. Entre los beneficios de esta forma de concebir la labor de un entrenador, está el hecho de que éste puede concentrar sus esfuerzos en entrenar al equipo y hacer que el grupo de jugadores a su disposición sea capaz de plasmar sus ideas en el campo. En pocas palabras, se trata de que el entrenador se encargue de que el equipo sea equipo.
¿Por qué el Arsenal está sufriendo de este ‘shock’ el cambio organizacional? ¿Por qué esto se traduce en malos resultados en el terreno de juego? Si uno ve los jugadores que conforman el primer equipo, uno podría decir que hay un desbalance. Unai Emery siempre ha preferido jugar con un delantero y dos extremos que trabajen en las bandas. Sin embargo, en el Arsenal, los dos jugadores con mayor caché en los últimos tiempos han sido Aubameyang y Lacazette. Ello obligaba a jugar con dos delanteros, o poner a “Auba” en la banda izquierda, siendo el jugador gabonés menos implicado en defensa.
Tampoco se puede perder de vista la situación de Mesut Ozil. La dirección que buscaban los ejecutivos del equipo gunner era la de ser un equipo que presione con mucha intensidad y que tenga el balón. Ozil no contribuye lo necesario en defensa, ni aporta movimiento para recibir el balón. Y es el jugador mejor pagado de la plantilla, con un presupuesto que no puede permitirse el lujo de tener un jugador con un salario de élite que no está jugando ni contribuyendo lo suficiente.
Los jugadores del mediocampo no saben si son más de ataque o de defensa, y si deben presionar al jugador con el balón o defender el espacio; y los defensores están padeciendo el estar constantemente expuestos a los ataques del rival. Se puede argumentar que el equipo está atrapado —en un especie de limbo— entre la antigua y la nueva organización.
Pero no solo se trata de la conformación del equipo. El cuerpo técnico también ha cambiado considerablemente. Arsene Wenger dejó el Arsenal a sus 69 años para ser reemplazado por un técnico de 46 años en Unai Emery. Y ahora, Mikel Arteta llega con 37 años, sólo con experiencia de ser asistente de entrenador, pero no de entrenador.
Si bien es cierto que la plantilla del Arsenal está repleta de talento, también es cierto que sus malos andares eran inevitables tras la marcha de un entrenador que estuvo 22 años al mando del equipo y que lo rehizo a su imagen y semejanza.