“El sueño” de Frida Kahlo, por Valentina Rodríguez
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La semana pasada la artista mexicana Frida Kahlo (Coyoacán, 1907-1954) batió un nuevo récord, su obra titulada «El sueño (La cama)» se subastó por 54,6 millones de dólares, convirtiéndose en la pintura más cara vendida hasta ahora por una mujer. El tercer lugar también lo ocupa la creadora coyoacanense con su pieza «Diego y yo”» que se vendió por 34,9 millones de dólares en 2021.
«El sueño (La cama)» data de 1940, un momento «especialmente turbulento», su vida debido a su tumultuosa relación con Diego Rivera y al deterioro de su salud, detalló la casa de subasta Sotheby’s, el pasado 20 de noviembre, día de la venta. En este cuadro, un autorretrato en el que está acompañada por un esqueleto –que representa la Muerte–, Kahlo duerme arropada con una manta amarrilla y la figura que la acompaña porta flores y dinamita.
El lienzo es una de las pocas pinturas que se encuentran en el mercado público desde que las autoridades mexicanas declararon sus obras como «monumentos artísticos», en 1984, impidiendo su exportación sin autorización, resaltó la agencia EFE.
La obra de Frida Kahlo es de una importancia monumental en el arte moderno y la cultura popular. Sus pinturas son un poderoso acto de auto-narrativa y auto-construcción. Ella utilizó el cuadro como un campo de batalla para su cuerpo y su identidad, dejando un legado que resuena profundamente en el arte del siglo XX. Llegar a ver esto me costó un par de años. Las primeras obras que conocí de Frida –una artista a la que se le llama por su nombre– fueron a través de libros y películas. En ese momento me parecieron coloridas, alucinantes y algunas hasta terroríficas. Luego vi la que está en el Pompidou, «El Marco», y no recuerdo que me generara mayor interés.

Fue en 2017 cuando las actividades conmemorativas por el 110º aniversario de su natalicio me hicieron revisitar su obra –de nuevo en libros y películas–, ahí entendí que partirse la columna vertebral a los 18 años y pasar el resto de su vida fractura marcó su historia, y se atrevió a contarlo; también mostró su frustración y enojo por la vida que le dio Rivera. Todo esto en medio de una revolución, un país convulsionado y dos guerras mundiales.
Desde hace más de un lustro la imagen de Frida Kahlo está en todas partes (vinos, libretas, franelas, bolsos, cómics, etc.) y su obra ha sido exhibida en decenas de museos internacionales. Se convirtió en un ícono cultural global. El tiempo le ha ido dando los espacios y valor que merece su obra.
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Valentina Rodríguez es licenciada en comunicación social y magíster en arte contemporáneo.
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