El todo y sus partes, por Manuel Narváez

Twitter: @MANUELNARVAEZ
«Un sistema es más que la suma de sus partes». Este axioma fundamental de la teoría de sistemas, a estas alturas del siglo XXI, es casi un lugar común. Sin embargo, pareciera que muchos sobreinterpretan este llamado de atención a considerar el todo sin caer en la simplificación de los análisis reduccionistas y lo asumen como un mandato a ignorar olímpicamente a las partes integrantes del sistema.
De cara al escenario electoral —que tiene fecha fatal el 21 de noviembre— la dirigencia nacional de la oposición venezolana pareciera estar actuando de esa manera. Esto, por supuesto, es una conducta errónea, porque si bien es cierta la premisa de la frase inicial de este escrito, es claro que la estabilidad del todo y eventualmente su viabilidad, no es posible si sus partes se desarreglan.
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Cada estado y cada municipio del país vive su particular circunstancia política, pero en todos —con mayor o menor intensidad— debe estar desarrollándose el mismo proceso que estamos viviendo en Nueva Esparta: una creciente atención y preocupación por la renovación de los mandatos de las autoridades regionales y municipales.
Esa situación se refleja aquí en la isla en los resultados que registran los estudios de opinión, los cuales evidencian una clara disposición al voto por parte de una población mayoritariamente opositora. En medio de la pandemia y de la parálisis económica, podríamos decir que en materia electoral aquí tenemos (aunque parezca una expresión contradictoria) una cierta normalidad anormal.
En la isla proliferan los precandidatos del sector democráticos a las alcaldías y se torna cada vez más rudo el debate por la candidatura a la Gobernación. Sabemos que en tiempos electorales sube la adrenalina y fluyen abundantemente las pasiones; eso es sano y normal. Pero la ausencia de reglas (protocolos para consensos, diseño de primarias) para canalizarlas democráticamente, puede generar en estos momentos situaciones indeseables de múltiples candidaturas que harían la cama a los escuálidos y desangelados candidatos del chavismo. Por cierto, los aspirantes rojitos no tienen ese problema: amaestrados para la sumisa imposición del dedo (aquí el de más calibre y el que se acepta más gozosamente, es el de El Aissami) esperan dócilmente.
El expansionismo es lo contrario al reduccionismo. Tengo la impresión de que, influida por ese enfoque, nuestra dirigencia nacional ha pecado de exceso de atención al suprasistema («los más de 60 países que han hecho tanto por nosotros y frente a quienes no podemos quedar mal») y ha descuidado por completo a los sistemas subnacionales.
Todavía estamos a tiempo para equilibrar la perspectiva de análisis y tomar las decisiones que ayuden a los estados y municipios a consolidar las victorias electorales que permitan avanzar en el proceso de desalojar del poder a este régimen inepto, corrupto y criminal.
Manuel Narváez es Economista, especialista en Planificación Estratégica Situacional. Exalcalde del municipio Arismendi (La Asunción), Nueva Esparta.
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