El viaje de Lula a China intenta cambiar el rumbo del Brasil, por Alejandro Mendible

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En este viaje de Luiz Inácio Lula da Silva, el cual coincide con el cumplimento de sus primeros 100 días en el poder, se observa el cuidadoso trabajo de Itamaraty que se destaca como la Cancillería con mayor visión geopolítica de la región latinoamericana y la cual hoy ejerce un rol fundamental complementario en la estabilización del modelo sociopolítico del país más grande de América del Sur.
Con esta finalidad, el ministro de Relaciones Exteriores Mauro Viera y el asesor presidencial Celso Amorin asisten a Lula en el intento de colocar al Brasil como un actor internacional destacado y presentarse como el prototipo de la original cristalización de la identidad lusoamericana que, al cumplir 200 años de su independencia imperial, en la actualdiad como república se proyecta como potencia emergente dentro del encrespado mundo en gestación en el siglo XXI.
En una nueva pleamar del progreso de la humanidad creado por el alto desarrollo de la ciencia y tecnología y cuando el aceleramiento de la dinámica internacional aumenta su incidencia de estabilización nacional de los diversos países de la comunitad internacional, una situación se fragua dentro de un nuevo mundo caracterizado por una compleja pugnacidad creada por la búsqueda de un nuevo orden multipolar
La propuesta de Itamaraty constituye el primer intento serio de un país de la región latinoamericana de convertirse en potencia mundial, apelando a sus particulares condiciones de ser uno de los cinco países con mayores magnitudes exponenciales en el mundo. Además, esgrimiendo el valor moral alcanzado durante su tradicional perfil histórico de sustentar la paz como principio del derecho internacional en las Naciones Unidas y en los diferentes foros de participación. Esto en la actualidad recoge el consenso de las naciones del nuevo mundo tradicionalmente relegadas ante la toma de las trascendentales decisiones entre las potencia para determinar el curso de los aconteciminetos mundiales.
Brasil en la actualidad, ante el conflicto bélico de Ucrania, pretende jugar una posición neutral entre las grandes potencias involucradas, representadas por los Estados Unidos que fue su principal aliado y marco de referecia para la formulación de su política exterior durante el pasado siglo; además, fue factor decisivo de su estabilización política nacional.
Esta situación cambia cuando Brasil, asimilando el nuevo tiempo histórico, mueve su juego geopolítico hacia el terreno de ganar relacionamiento estatégico con China, cuyo poder motiva el cambio del curso de la bitácora nacional de la subordinación al norte industrializado a la emergencia del sur global donde el país puede conseguir mayores beneficios. En esta localización fortalece el entorno geeopolítico sudamericano.
Esto somete a Brasil a la consideración controversial del gran tema civilizatorio de la humanidad cuando la tesis de la superioridad del sistema capitalista, apuntalado en el pasado siglo por los Estados Unidos, continuó la senda de la prepotencia del mundo occidental y su sistema productivo desigual a escala mundial, iniciado a partir del eurocentrismo dominante del siglo XV.
Esta cuestión en el presente es desafiada por el ascenso vertigionoso de China mediante un gran salto de actualización histórica que la coloca (junto a Rusia, Irán y Turquía) representando el amplio aspectro de la emergecia de la cultura milenaria del mundo antiguo donde apareció la civilización y que hoy se presenta como un modelo alternativo al occidental, cuestión que no se consideraba en el pasado siglo.
Brasil formalmente es un país occidental, pero en su sociedad persisten grandes sectores, entre ellos los indígenas y la población negra, que someten a crítica la cultura implantada dominante y aspiran a mayor justicia social, luchando por alcanzar una identidad occidental diferente a la de los europeos y los norteamericanos.
Las ideas socializantes de Lula en el poder representan una visión contraria a la de su antecesor, el derechista Bolsonaro. Por tal motivo, Lula intenta con el acercamiento a China alcanzar la oportunidad para revertir el curso político brasileño hacia la izquierda, promoviendo la creación de una nueva forma de progreso humano para que la pobreza deje de existir, fomentar una prosperidad común y establecer la armonía de la humanidad con la naturaleza.
Así mismo, busca establecer un distanciamiento coyuntural con los Estados Unidos, en especial el creado durante la alianza o eje entre los presidentes Trump y Bolsonaro. En tal sentido, Lula en el marco de su visita, cuando habla de la guerra de Ucrania de manera velada desafía a los estados Unidos señalando que es preciso que esa potencia pare de incentivar la guerra y comience a hablar de paz y en la declaración conjunta de Lula y Xi Jinping aceptan que sólo el diálogo y la negociación pueden conducir a la paz.
En Brasil, tradicionalmente el tema internacional era exclusivo de Itamaraty y tanto los políticos como los medios de comunicación en general evadían su tratamiento. Esta situación empieza a cambiar a partir del mejoramiento de las relaciones con Argentina y el cambio de considerarlas como una hipótesis de conflicto para asumir la alianza permanente entre los dos pueblos por la vía democrática para crecer unidos en el Mercosur.
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A partir del 2003, cuando los presidentes Lula y Néstor Kirchner se reúnen por primera vez, establecen una alianza contra el neoliberalismo y el Consenso de Washington dominante que produce un sacudimiento de las bases de sustentación capitalista del continente sudamericano. A partir de entonces este planteamiento se ha constituido en el asunto central de la disputa del poder político entre las fuezas de izquierda y derecha de los países sudamericanos.
En Brasil, el lulismo intentó capitalizar el nuevo modelo de socialismo sudamericano, pero en 2016, con el impeachment a la presidenta Dilma Rousseff, es sacado del poder y el esquema regional se descalabra. Siguiendo la vía democrática, la derecha toma el poder y ensaya un sistema de estabilización conservadora de tendencia neoliberal durante los gobiernos de Michel Temer y en especial con el ultraderechista Jair Bolsonaro, quien resulta derrotado en su intento de reelección en diciembre de 2022.
Hoy Lula intenta restablecer el modelo, adaptándose a las nuevas condiciones existentes en Brasil y el mundo, pero se encuentra altamente comprometido por el poder de la derecha que domina el Congreso, pone las condiciones de la política económica a través del Banco Central y también se encuentra limitada su actuación dentro de su propio gobieno de coalición democrática.
En conclusión, el viaje de Lula a China es la jugada de la izquierda brasileña —por ende del lulismo— de proceder a buscar la centralidad geopolítica del Brasil no desde el procedimiento de cooptación de los países vecinos sudamericanos, empleado en 2003, sino apelando en la actualidad a inclinar la balanza del poder mundial hacia la izquieda liderada por Pekín en su confrontación con Occidente. Partiendo de este esquema se intenta arrinconar internamente a la derecha protofacista bolsonarista y reestablecer en Brasilia el equilibrio de poder sudamericano.
Alejandro Mendiable es doctor en Historia (UCAB), profesor titular de Historia (jubilado) de la UCV.
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