En Ciudad Tiuna los civiles viven en modo acuartelados (IV)

Aunque está en medio de un área urbana, los habitantes de este desarrollo viven en una burbuja obligada no solo por la falta de transporte sino por la limitaciones de residir en el patio de un cuartel
Autoras: Luna Perdomo y Gabriela Rojas
Cualquier entrada para el área residencial obligatoriamente pasa por una alcabala con uniformados. Ese es el primer filtro que hay que sortear por vivir dentro del principal fuerte militar de Caracas: el urbanismo Ciudad Tiuna, desarrollado dentro de las instalaciones de Fuerte Tiuna, entre El Valle y Las Mayas.
El segundo filtro es cómo llegar y cómo salir. La vida del peatón es muy dura cuando se vive dentro de un cuartel. Los accesos desde Los Próceres están muy alejados de la zona de los edificios y el ingreso por la alcabala 3 -la principal entrada que usan los civiles- los deja en los bordes de la autopista Valle – Coche como camino improvisado de los que andan a pie. El otro acceso es por la alcabala 5 que está a la altura del km 1 de la Autopista Regional del Centro, vía Tazón, pero tiene mayores restricciones de ingreso para quienes no sean militares.
Ninguna línea de transporte contempla una ruta que tenga en medio una vía rápida, así que aunque los habitantes de Ciudad Tiuna vivan en medio de un enclave urbano, la dependencia del carro particular los pone en la misma situación de quienes viven en ciudades dormitorios como Guarenas, Guatire o los Altos Mirandinos.
Esto ha generado un efecto que ya se observa en los jardines y áreas comunes: vehículos parados por doquier porque los puestos de estacionamiento se han ido haciendo insuficientes
«El transporte público es un dolor de cabeza. Si no tienes carro hay que agarrar un metrobus en la estación de Coche o en Jardines. No solo es difícil llegar, es peor para salir. Cuando me mudé fue complicadísimo porque mi carro está dañado y tengo dos niños pequeños. El que no tiene carro, se las ve difícil», comenta un adjudicado, un trabajador de la administración pública que vive desde hace un año en el sector conocido como «los rusos».
Se mudó con su esposa y dos niños de 7 y 3 años, porque los cuatro vivían en una habitación en la casa de sus suegros desde que nació su hijo mayor. «Comprar un apartamento se nos hizo imposible y más cuando empezaron a dolarizar. Me gusta aquí porque la zona es tranquila y mis hijos pueden jugar por las áreas comunes, eso no lo pueden hacer en otro lado. Pero es una lástima que no se pensó en el transporte aunque se supone que es para gente del pueblo que no tiene carro. Sí es un problema pero no me quejo mucho», explica.
Ese es el tercer filtro: «aquí no se habla mal de… nada». La gestión de los edificios y los problemas asociados se han resuelto empíricamente y por necesidad: los primeros que se mudan van creando grupos en redes sociales o vía whatsapp en los que se van sumando los adjudicados más recientes, para crear un orden en medio del caos inicial. Así aparece un vecino espontáneo que toma la batuta para ver quién conecta los servicios públicos, a quién hay que pedirle las llaves de las rejas comunes, quién se va a encargar de encender el ascensor, etc.
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Alrededor, la presencia de militares se normaliza. Por ejemplo, en la zona en la cual están residenciados algunos miembros de la constituyente hay una alcabala con rejas que limita el acceso a cualquier residente de los otros sectores.
-¿Hacia dónde se dirige?- un soldado le corta el paso a un joven que intenta pasar por esa vía.
-Voy a mi casa
-Carta de residencia
-No la tengo todavía
-Pues tiene que sacarla y tenerla a la mano
Dos niños cruzan corriendo hacia la cancha cercana y siguen de largo ante el rostro tosco del guardia. Muchos jardines, flores y plantas, pero que no se olvide: esto es un cuartel.
Orden cerrado y callado
En Ciudad Tiuna la sensación de vivir militarizado ha sido el escenario propicio para controlar las opiniones contrarias al gobierno o incluso solo cuando se trata de cuestionar el discurso oficial.
En el Informe 2018 de la ong Provea, capítulo vivienda, señalan que la asignación de vivienda como herramienta para discriminar por razones políticas ha sido parte de los problemas fundacionales de la Misión Vivienda, pero en lugares como Ciudad Tiuna ha escalado como método de dominación y control social para quienes viven allí.
Provea documentó en agosto de 2018 el caso de Limbania Ramírez, una mujer adjudicada en un edificio del sector «los chinos», quien fue víctima de un desalojo arbitrario encabezado por la Jefa de Gobierno de Distrito Capital, Carolina Cestari, según explicó Ramírez. Narró que le cambiaron la cerradura de su casa, le sacaron los enseres en pleno día y la amenazaron para que se mudara de inmediato. Ramírez dice que era una medida de retaliación porque supuestamente su esposo «se había burlado del intento de magnicidio ocurrido el 4 de agosto en la avenida Bolívar de Caracas».
#9Ago denuncia Limbania Ramírez nuevo desalojo arbitrario sin orden judicial de su vivienda en Ciudad Tiuna. Funcionarios @Minvi_Oficial intimidan, se llevan sus pertenencias y alegan órdenes de @carocestariv de @GobiernoCapital, sin respuesta de @Defensoria_Vzla @MinpublicoVE pic.twitter.com/2gbXIkKXxz
— PROVEA (@_Provea) August 9, 2018
La razón esgrimida por quienes ejecutaron la medida es que «ella vendía efectivo con sobreprecio». Pero el desalojo no tenía ningún basamento legal dentro del marco jurídico que reglamenta el derecho a la vivienda y mucho menos el ente que la ejecutaba tenía competencia en el tema. Aún así a Ramírez la sacaron del apartamento que le había sido adjudicado pocos meses antes.
ÚLTIMA HORA | Sra Limbania Ramirez de Ciudad Tiuna confirma entre lagrimas que "le cambiaron la cerradura a su casa" y la están desalojando por razones políticas: "Acusan a mi esposo de haberse burlado del atentado a Maduro en un chat de vecinos". #9Ago #NoLeQuitenLaCasaALimbania pic.twitter.com/FTlQ3hgqHJ
— PuntoDeCorte (@Punto_deCorte) August 9, 2018
Ciudad cuartel
En enero de 2011, Hugo Chávez fue en persona a hacer la primera inspección de los terrenos donde se haría este desarrollo residencial que él había anunciado tres meses antes y que necesitó de la Ley Habilitante, en octubre de 2010, para que se concretara debido a que el tipo de zona estaba clasificada solo para uso militar. El Ministerio de la Defensa tuvo que ceder la administración de los terrenos que cuando Chávez anunció el primer plan de construcción abarcaba más de 200 hectáreas, incluida la escuela de equitación del ejército.
El proyecto inicial disponía de 400 millones de bolívares, provenientes del Fondo China-Venezuela para construir 16 mil apartamentos en 146 hectáreas del complejo militar, en el cual ya funcionaban las sedes de las escuelas de varios componentes castrenses y también otras áreas destinadas para las viviendas de los militares y sus familias.
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Además de los chinos, al convenio para levantar Ciudad Tiuna y hacer tangible los planes estructurales que Chávez explicaba al ojo por ciento, también llegaron los rusos y los bielorrusos. Por ellos, los sectores en los cuales se encargaron de levantar los edificios terminaron por uso y costumbre conocidos bajo el nombre de la manufactura extranjera de quienes lo hicieron.
Hasta septiembre de 2015 se habían construido 6.469 viviendas, número que aumentó a 8.641 para enero de 2018, según datos oficiales del Ministerio de Vivienda y Hábitat, lo que aún representa la mitad de lo que contemplaba el proyecto inicial.
Y aunque las áreas comunes y las ventanas de las torres muestran poco a poco que ha aumentado la densidad poblacional y la actividad comercial comienza a expandirse, aún los edificios no están completamente habitados.
El comentario se repite varias veces en quienes hacen vida en la comunidad, siempre desde una voz que pide ser anónima: todos apuntan a revisar los métodos de asignación. «Mucha gente tiene apartamentos aquí pero no los necesitan. Sabemos que algunos vienen, arreglan, le van invirtiendo pero no para quedarse. Lo que pasa es que hay otros que sí necesitamos nuestra casita, así que es mejor no decir mucho».