Fernando Albán: un caso insólito, por Ariadna García

Cada día en Venezuela ocurre un nuevo horror que supera los anteriores. Solo para enumerar los de 2018, comienzo con la masacre de El Junquito ocurrida en enero, casi una semana duró esa pesadilla en la que un hombre y su grupo murieron con tiros de gracia. Un hecho que la población vivió casi en directo, debido a los videos que compartía el piloto sublevado Óscar Pérez en la red social Instagram.
Un suceso donde el Estado venezolano dejó de garantizar lo más elemental: el derecho a la vida. Pasaron los meses y los horrores personales de una sociedad que hace hasta lo imposible para sobrevivir, solaparon aquella noticia que cundió los medios nacionales e internacionales.
Luego vino el arresto del diputado a la Asamblea Nacional Juan Requesens y con él, un video en el que se le mostraba casi desnudo y lleno de heces, otro día deplorable para la población y para la Constitución venezolana. En esa oportunidad, la gente también reaccionó indignada y afectada.
Ahora un nuevo episodio vuelve a empañar los hogares de los venezolanos, la muerte del concejal Fernando Albán, quien estaba en manos del Sebin desde el 5 de octubre. El artículo 272 de la Carta Magna, obliga al Estado venezolano a «garantizar y velar por el respeto a los derechos humanos de los privados de libertad».
El Estado debía preservar la vida del abogado, era su responsabilidad, su deber y su honor. Hasta ahora el defensor del pueblo como tantas otras veces continúa en silencio. El fiscal general designado por la ANC tampoco hará nada para investigar este lamentable hecho.
El daño y las heridas que ha causado la revolución de Hugo Chávez, es tan profundo que el futuro asusta. Venezuela es un país desmembrado, un país de desterrados, de huérfanos, generados por el odio y la maldad de quienes gobiernan. Solo espero que tengamos la capacidad de trascender este horror, de dejar las venganzas enterradas, porque si no lo hacemos, vuelven para cobrarse con sangre lo que les quitaron.