Freddie Mercury en Bejuma, por Gilberto González

A finales de septiembre de 1981 se llevaron a cabo tres conciertos consecutivos de Queen, a casa llena, en el Poliedro de Caracas. El éxito de la triple presentación del legendario grupo británico, hizo que los organizadores planificaran dos conciertos adicionales pero, lamentablemente, no pudieron llevarse a cabo porque el 28 de septiembre de ese mismo año, murió el expresidente Rómulo Betancourt y el presidente de entonces, Luis Herrera Campins, decretó ocho días de duelo nacional.
Varios de mis panas y yo, teníamos el utópico plan de asistir a uno de aquellos conciertos que sí se llevaron a cabo, donde veríamos en vivo a Farrokh Bulsara, mejor conocido como Freddie Mercury, junto a Brian May, Roger Taylor y John Deacon. Para esa época, yo era un pichón de sólo 13 años cursando el segundo año de bachillerato en el “colegio de las monjas”, como llamaban al Liceo Parroquial “San Rafael” de Bejuma, mi pueblo natal en el estado Carabobo.
Mis panas y yo quedamos vestidos y alborotados, no pudiendo asistir a ese histórico evento del rock en Venezuela por prohibición expresa de nuestras madres. Por esos días, andaba yo con el pelo a lo Mel Gibson y con una trulla de amigos cargando un reproductor de cassettes, de aquellos que funcionaban con pilas y cuando éstas perdían la carga, las canciones se escuchaban como en “idioma cetáceo”, ese que hablaba Dory en la película “Buscando a Nemo”.
Por las calles de Bejuma escuchábamos una y otra vez “Another one bites the dust”, “Bohemian Rhapsody” y “We are the champions”. De allí, el engañoso título de este artículo con la firme intención de que lo lean con interés. Hago esta breve reseña histórica para dejar claro que el año que viene, se cumplirán 40 años de eso.
Las mismas cuatro décadas (y unos añitos más), que tengo conociendo a Ricardo Nicodemo Ramos, a quien, en días pasados, ascendieron a mayor general con satisfacción menor y específica.
Ricardo estudió en el mismo “colegio de las monjas” donde yo estudié, aunque no en el mismo salón. Pero en los recreos, siempre nos veíamos en la cancha del liceo. Allí, por lo general, tumbábamos mangos sin que nos vieran las monjas; improvisábamos una infame “caimanera” de volibol o un “cachilapo” juego de básquet.
Ricardo siempre fue un tipo bonachón; cordial y hasta tímido. Nunca lo vi de “alzao” buscándole “camorra” a alguien. No. Más bien era un chamo de lo más pacífico, buena gente y simpático. Amigable y gentil. Un flaco alto, tirando más bien a introvertido. Con el recuerdo de ese Ricardo quiero quedarme. El Ricardo Nicodemo sencillo, solidario y gentil. El Ricardo pana.
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Jamás entenderé como una persona puede hipotecar su prestigio; su bonhomía y su don de gente, apoyando a un comandante audaz pero resentido, cuya ideología trasnochada (que por cierto, no era de él, sino inculcada por dinosaurios anacrónicos llenos de odio), nos llevó a la debacle mortal que hoy vive el país.
Y no ha sido sólo Ricardo quien ha decidido empañar su hoja de vida forjada por años. Son muchas más las personas a quienes se les ha despertado una especie de “resentimiento mal curado” y han preferido seguir apoyando a Maduro, a Diosdado, a Jorge Rodríguez y a todo ese combo destructivo, sabiendo que ese grupete le ha dado continuidad al nefasto legado del “comandante eterno”, superando con creces los ya conocidos vicios y desmanes de la llamada cuarta república.
En mis shows de humor, cuando imito a Ramos Allup, con esa voz nasal que lo caracteriza, siempre digo que “los chavistas son tan malos, que los adecos se ven buenos”.
Nunca entenderé como Ricardo, así como otras “buenas personas”, decidieron apoyar de palabra, obra y omisión, a estos bandidos rojos, reyes de la hipocresía, quienes hoy desgobiernan bajo la falsa careta de defender a los pobres. Prometí no dejarme llevar por las bajas pasiones del insulto fácil; de la postura soez de mentar la madre inocente después del apellido que no es verde ni pintón. Ese no es mi estilo.
Prefiero quedarme con lo bueno de los seres humanos. Por eso rescato al Ricardo noble del baúl de mis recuerdos. Opto por quedarme con el holograma mental del Ricardo del liceo; el de hace cuarenta años. Me quedo con el Ricardo solidario que tiende una mano amiga a quien lo necesite.
Como aquella vez que intercediste noblemente por una amiga en común para lograr las ingentes divisas necesarias ante una institución del estado para su trasplante de hígado en los EE.UU. Aunque, en un país con los enormes recursos que tiene el nuestro, esa intervención quirúrgica debió haberse realizado en un muy bien equipado hospital venezolano, con profesionales venezolanos y para cualquier venezolano de la clase social, la raza, la corriente política, la religión o el color de piel que sea. Pero los corruptos de ayer, de hoy y de siempre, no permitieron que así fuera, Ricardo.
Por eso, cuando te vi en aquel lamentable video, regañando al asustado soldadito quien supuestamente participó en la “Operación Gedeón”, y tú defendiendo a Chávez con la vehemencia que lo hiciste, te confieso que sentí vergüenza ajena. Algunos días después, cuando te ascendieron, recordé que eras bejumero y discúlpame, pero no pude sentir orgullo de paisano.
Ese chamo al que humillaste es tan venezolano como tú y como yo, Ricardo. ¡OJO! No justifico sus acciones y desconozco las razones que lo movieron a hacerlas. Lo que sí me pareció absurdo es que te dejaras grabar gritándole que Venezuela no era su patria y que era “la patria de Chávez”. ¡No me juegues tú ese gallo, Nicodemo!
Lamento que hayas decidido convertirte en cómplice de quienes han empujado al país por el terrible despeñadero en el que está. La historia se encargará de juzgarte.
Yo por mi parte, prefiero apelar al Ricardo de mi infancia y adolescencia pidiéndote que reflexiones y defiendas los valores y principios de una Venezuela honesta, libre y soberana. Hazlo por tu familia; por tu país; por tu esencia.
¡Hazlo por lo que más quieras, pero hazlo! (Tú bien sabes a lo que me refiero). Erich Fromm decía: “el acto de desobediencia como acto de libertad, es el comienzo de la razón”.
Te abrazo sin odios, más bien con compasión.
P.D./Pido disculpas a los seguidores de Freddie Mercury por haber utilizado su nombre con premeditación y alevosía para llamar la atención de los lectores.
Humorista y periodista
CNP 12.409
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