Guerra, mentiras y populismo, por Luis Ernesto Aparicio M.

Twitter: @aparicioluis
Mientras el covid-19 pareciera que avanzara sigilosamente, con muy pocos pendientes de su presencia. Gabriel Boric jura como nuevo presidente de Chile con apenas 36 años y un océano de expectativas sobre él y lo que será su gestión. Pedro Castillo atraviesa por las conocidas dificultades de poner en marcha un gobierno estable para Perú, ya con 8 meses en la presidencia (por los momentos opción muy lejana). Maduro recibe a unos emisarios de los Estados Unidos que fueron con la clara misión de mostrarle a este la capacidad que tienen para entenderse con quien sea (sean republicanos o demócratas, todos tienen esa habilidad) y así atender sus asuntos internos y externos.
Iván Duque salió raudo a dos cosas claves: demostrar que el pana de los Estados Unidos es él y creemos que también para averiguar si hay alguna otra encuesta que le deje ver que Gustavo Petro, no es quien la lidera gracias al cansancio de los colombianos por los mismos de siempre, y su pésima gestión (esto también deben habérselo recordado).
El mundo continua adelante y Putin también, destrozando a un país que nunca le planteó, ni mucho menos le propuso, una guerra como la que este nuevo aspirante a zar está llevando a cabo y nos atrevemos a asegurar que pronto le caerán unos misiles, por “error” a Polonia, lo que le permitirá cumplir su meta.
Pero más allá de esos pequeños y grandes momentos de la historia, la situación en el entorno de las libertades y la democracia en el mundo continúa siendo el punto, al menos de nuestra parte, al que hay que prestarle, hoy más que nunca, mucha atención. Los instrumentos que se han puesto a disposición para ir mermando la presencia de la democracia, como la hemos conocido hasta ahora, están surgiendo de la mano, tanto de conocidos operadores, como de otros casi germinados. Ya no es solo el fuego cruzado el que estamos presenciando, la guerra contra el desarrollo mundial, contra las ideas de justicia e igualdad. Ahora la confrontación se va hacia escenarios conocidos, pero perfeccionados.
Por ejemplo, hay tantas evidencias del uso excesivo de la mentira como arma o propaganda (ya sabíamos que la mentira ha sido utilizada, pero con cierta moderación), que es difícil cavilar que ante la conectividad del mundo se pudiera pensar que mentiras tan evidentes, fueran a resultar creíbles para muchos. Pero la sorpresa ya no es el límite.
Hemos escuchado a presidentes en ejercicio mentir con tanta normalidad y además en conocimiento de que lo están haciendo, que es difícil pensar en el hecho de que exista alguien que les pueda creer. No obstante, el número de personas que lo hacen es muy grande, tanto que no solo los han llevado a la presidencia, sino que también, a pesar de que les mienten con frecuencia, les siguen sosteniendo en el poder como si de su boca emanara la realidad misma.
Del hacer un país grande de nuevo, hasta crear leyes de violencia intrafamiliares que en el fondo es hacerse la vista gorda ante la violencia de género, pasando por una propuesta de emigración “ordenada desde la integración y contra las mafias, que no es más que un eufemismo contra los pobres que huyen hacia un lugar más “seguro”, como también el propósito de vender la idea de que se invade algún país porque ese está preparando armas biológicas. Tal y como ahora lo ha vendido Putin y sus aliados silenciosos desde China y otros ocultos tras oscuros portales de noticias.
Pero todos estos acontecimientos suelen tener un origen, y muy común. Si retrocedemos un poco, no mucho, a solo un año atrás, recordaremos muchos acontecimientos, pero hubo uno en particular que detuvo la respiración de millones de estadounidenses, cuando un grupo de exaltados tomaron el símbolo de la libertad y la democracia: el Capitolio, bajo un argumento que fue deshilachado desde un ovillo que tenía como principio los discursos que el encargado de la Casa Blanca para ese entonces se encargaba de proclamar.
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De allí que sea él mismo quien hablara de un fraude electoral e incluso que por ese motivo, había que detener la juramentación del hoy presidente Joe Biden. Ese acontecimiento, marcó el inicio de unas tendencias conspirativas, casi proféticas, que fueron en aumento por intermedio de un seudónimo: QAnon (Jake Angeli, el hombre con disfraz de búfalo) que hablaba de conspiraciones mundiales secretas y que el único en vencerlas era un ser ungido, que ya suponemos saben quién sería.
Pues bien, tanto Putin, como su aliado en secreto, pero no tanto, Xi Jinping, están apostando a este tipo de situación, a los falsos informes de grupos que intentan destruir el mundo, a quienes hay que detener a como dé lugar. Estas conspiraciones (mentiras) están incrementando su fuerza mediática con acusaciones extremas que van desde el diseño y construcción de armas biológicas, y eso, según Putin y toda esa extraña red de tarados que potencian todas las mentiras ingeniadas por este icono de populistas, es motivo suficiente para destrozar a un país y a su gente.
Según su cuento, el centro de operaciones ha sido Ucrania, en donde los Estados Unidos, ha llevado tiempo trabajando en ellas. Lo que sorprende es que semejante mamarrachada ha logrado penetrar, incluso, en medios de comunicación, lo que ha extrañado a más de uno.
En su afán de ocultar y justificar la brutal embestida sobre Ucrania, Putin ha activado la otra maquinaria de guerra: la desinformación. Él y sus acólitos van asociando, cada vez más, portales que de repente han aparecido como de la nada y que son claramente financiados y alimentados desde el Kremlin y su servicio secreto. Es el propio accionar de ese populismo autoritario que hoy pretende conquistar al mundo, aunque muchos lo intentan solo con las mentiras y no como ahora lo hace su figura ejemplar, el ex integrante de la KGB.
De tal manera que la mentira se confabula con el populismo y trata de ocultar su rostro en estos momentos críticos para el mundo. Pero todos sabemos que hay unos individuos que llevan un trayecto asociado a ese estilo, que lo han alabado y envidiado.
Más con la retórica alimentada por falsedades que por los disparos y las bombas, por ahora. Ese populismo, se encuentra, hoy en día, bajo un cuestionamiento muy duro desde el punto de vista ético, por aquello de haber manifestado su comprensión y cercanía con el pensamiento de Vladimir Putin. Todos sus representantes más notables, han manifestado de manera pública o en baja voz, su admiración hacia quien hoy tiene al borde nuclear a toda Europa y al mundo entero. Son muchos los notables inspirados por el nacido en San Petersburg.
Son muchos los que en el pasado trazaron su admiración: Donald Trump, Jair Bolsonaro, Marín Le Pen, Mateuz Morawick, y se puede seguir con unos que andan por allí en silencio. Pero el más destacado de todos ha sido Matteo Salvini del partido la Liga de Italia, quien protagonizó una situación vergonzosa, cuando un alcalde polaco le obsequiaba una camiseta con la imagen de Putin, la misma que utilizara en un evento en 2014, justo al momento que este mentiroso integrante se disponía a visitar un campo de refugiados ucranios.
Hay una alerta mundial, ciertamente, pero los amantes de la libertad y la democracia, del respeto por los derechos de cada individuo, debemos estar muy atentos ante la presencia de ciertos individuos que asumen posiciones extremistas y en contra de la globalización con sus nuevos elementos sociales. Llámese como se llame la acera en la que se encuentran, derecha o izquierda, debemos demostrarles que más fuerte es el ciudadano que decide, que apuesta por su progreso y prosperidad como un todo y no como un ser aislado en este mundo tan hiperconectado.
Luis Ernesto Aparicio M. es Periodista Ex-Jefe de Prensa de la MUD
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