Ha muerto Pedro Castillo, por Bruno Gallo

Diputado por Vargas en el periodo 2000-2005, dirigente del MAS, guaireño defensor de los guaireños, de la guaireñidad y de ese pedazo de tierra entre mar y montaña a la que bautizaron con el nombre de José María Vargas y a la que la naturaleza y los pillos han golpeado con fuerza. Ha muerto un político honesto o un amigo entrañable o un tenaz luchador contra la corrupción y a favor de las mejores causas. Pero sobre todo, ha muerto un buen hombre, solidario, buen compañero, hombre de familia.
Hoy llegué a la clínica donde peleaba otro round contra una enfermedad que lo había estado retando por más de 10 años. Lo acompañaba Roxana su esposa, una mujer que enaltece la idea de una compañera de vida y de lucha. Pero además lo acompañaba su hija, su anciana madre, una impresionante cantidad de hermanos, hermanas, cuñadas, sobrinos… Nunca vi al director de una clínica, tan pendiente de un paciente. Porque Pedro en su andar, en sus denuncias, en su persecución al abuso y la arbitrariedad piso muchos callos e intereses. Pero Pedro Castillos es un hombre querido y reconocido por amigos y aun por contrincantes.
Desde la reclusión que le impuso su padecimiento, siempre estuvo atento a la realidad política del país y de Vargas. Cuando las circunstancias se lo permitían opinaba en las redes, lanzaba sus mejores golpes, se reunía en su casa, aconsejaba con lucidez. Rechazaba las arbitrariedades como el cambio de nombre de su estado. Animaba a seguir adelante.
La muerte de Pedro Castillo se convierte en su última denuncia, una denuncia implacable contra la destrucción del país, una denuncia en la que puso su vida como garantía de su integridad. Hace un año, me dijo que dejaría de tomar unos medicamentos por su alto costo, porque debía escoger entre seguirlos tomando o que su familia cubriera necesidades básicas. La solidaridad de algunos amigos y compañeros, impidieron esa determinación. Desde todas partes del mundo le llegaron medicamentos que la destrucción del país les dificultaba. Parecidas razones le hicieron negarse a recibir diálisis, sabía que sería un agotador tránsito por el destartalado sistema de salud, hospitales donde la frase más común es NO HAY. Se negó a transitar ese camino, pero sobre todo se negó a que sus seres queridos lo transitaran, costearan y padecieran.
Pedro decidió descansar, después de luchar por un mejor país casi desde su infancia y luego de esquivar muchos lances de la muerte. Pero la realidad sigue mostrándonos su peor cara. Un país devastado y el sufrimiento de nuestros paisanos desperdigado por el país y por el mundo.
Que en Paz Descanse Pedro Castillo. Pero que nadie más descanse hasta que los venezolanos NO tengan que tomar las valientes decisiones de Pedro, hasta que tengamos el sistema de salud que nuestros recursos naturales pueden financiar, si la corrupción no los dilapida. Que nadie descansa hasta que la felicidad, la libertad y la prosperidad recorran las calles del país que Pedro Castillo soñó.