Indoamérica: razones de la inestabilidad política y social (II), por Eduardo López S.

La felicidad de nosotros los indoamericanos, al compararnos con el mundo, en especial con los norteamericanos, si nos aventuramos a medir esta felicidad con estos índices en el universo aceptados, debe llevarnos a concluir que somos infelices.
—La realidad indoamericana denota sin discusión la ausencia de una “inteligencia colectiva” capaz de darle forma a un Estado con un mínimo de permanencia, que camine una fracción importante de una generación. Si bien algún líder es capaz de creer en un buen cuerpo de ideas, y de crear a su alrededor un partido capaz de tomar democráticamente el poder político, las fuerzas históricas del “estar de paso” impiden que se forme en Indoamérica un cuerpo de normas que sea respetado por quienes los crearon, o por la generación inmediata, incluso enarbolando los jirones políticos de los “fundadores”, dijo el doctor Reina.
Es común ante una situación de corrupción administrativa que un líder ice la bandera política de la anticorrupción, para que la gente le crea y vote por él; pero se convierte, antes del atardecer, en el gobierno más corrupto de la fea historia de su pequeño país, sin perder el apoyo de la mayoría.
Uno de los estudiantes pidió la palabra:
—¿Esta situación es clima propicio para que crezca la maleza de la demagogia en estos países del sur?
Sugerimos que tomaran el tomo del DRAE. Una de las estudiantes leyó:
—“Demagogia: degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.
«En la realidad de Indoamérica se observa la práctica generalizada de la mayoría de los gobernantes de la demagogia, práctica viciosa que en mayor o menor grado es una enfermedad social del mundo, no es endémica de este subcontinente. Pero la actitud de los engañados, del pueblo indoamericano, que vota pacífica e inmediatamente por la consolidación del engaño, es particular. En Venezuela y en toda Indoamérica sobran ejemplos…», dijo Reina.
*Lea también: Uruguay: De la dictadura a la democracia, por Juan D Villa Romero
Ante la palabra enfermedad el Abogado vio al Médico.
—No es precisamente una enfermedad individual —dije—, pero la realidad social de Indoamérica indica que hay un padecimiento. La pobreza es la enfermedad social que alcanza en forma de muerte temprana e injusta a tantos congéneres, medida por los índices comúnmente aceptados, dibujada esta imagen trágica de pobreza en el cuadro de las mayores riquezas naturales y potencialidades científicas no relacionadas con el liderazgo político es digna de mayor estudio, en un espacio que está mucho más allá de los limitados alcances de mi profesión de Médico.
El problema es político y debe ser en el plano de la Política como ciencia donde debemos buscar la solución…
El doctor Reina remató la faena:
—Quiero finalizar con un razonamiento que es más pregunta que respuesta a este espinudo tema, debemos partir del diagnóstico para poder intentar curar la enfermedad, la demagogia…
El Abogado de nuevo vio al Médico, y aseguré…
—El problema es la particular situación de la enfermedad indoamericana: la demagogia, que ni siquiera es reconocida como lo que es, la más grande enfermedad del mundo, la de mayor dimensión si medimos el tamaño del ente que la sufre: Indoamérica.
La reunión con los invitados de esa tarde terminó con estas palabras, pero la cuestión en privado siguió. Quizás por lo temeraria las siguientes conclusiones no fueron expuestas entre los estudiantes y varios invitados. Nos aventuramos a asomar, más que asumir, las siguientes soluciones…
Jurungamos en la carga genética de nuestros ascendientes. Asomé alguna especial enseñanza aprendida en la cátedra de Psiquiatría en mis estudios de Medicina en Francia, que indicaba que el carácter delictual de un individuo puede ser una carga psicopática genética, que por este carácter puede ser heredable, puede pasar de padres a hijos.
Ante esta aseveración nuestra, comentó jocoso el doctor Luis Reina:
—En Venezuela esta “carga” es más que eso, este país padece de una “sobrecarga” psicopática por la toda clase de anomalías mentales que trajeron los Conquistadores.
Por este lado de la carga genética de nuestros ascendientes seguimos, fuimos mucho más allá del Descubrimiento y Conquista de América. Nos empeñamos en ver el origen de nuestros males mucho más allá de la llegada del europeo a América. Europa, el continente de donde se deriva gran parte de nuestra carga genética, está de forma infinita más realizada que Indoamérica en los logros sociales y científicos, la razón de nuestras penurias deberíamos buscarla en los habitantes originarios, que con su sangre tiñen de manera determinante las venas de los humanos que respiran en este subcontinente en cuestión, Indoamérica.
Tratamos de buscar una solución, pasando, por supuesto, por un diagnóstico. Nuestro objeto estuvo referido en forma particular a la forma de presentarse la enfermedad: la demagogia.
Nuestra hipótesis va mucho más allá, dijimos, no solo en el espacio, más allá de Venezuela, desde el río Grande al cabo de Hornos. En el tiempo nuestras preguntas se remontaron a los primeros humanos que pasaron por el estrecho de Bering. Incluso, más allá, al origen, a los primeros Homo sapiens.
Si venimos de Adán y Eva, o evolucionamos de una pareja anónima, al final es eso, una pareja. Esa pareja que después evolucionó hasta convertirse en las diferentes razas del mundo, es solo una especie.
Guardando distancias: por muy disímiles que sean las razas de perros, en tanto puedan cruzarse y que su progenie sea viable, que puedan a su vez parir, son una especie. Lo que indica que tienen un par de padres comunes en lo más profundo de la cofia del árbol genético perruno.
Los humanos igual. Olvidemos por un momento los nombres y el lugar de residencia de esa pareja primera, pensemos en su progenie, que de generación en generación creció en número y diferencias. La especie evolucionó con una característica que tiene microscópicas excepciones en la Historia, somos libres.
Las divergencias físicas, determinadas por los diferentes ambientes que en la ejecución de esa libertad el humano hizo, son positivas, evidentes.
Otro de los caracteres de esta especie es el vivir en sociedad. Somos animales sociales, vivimos en manadas. Los cambios físicos se sucedieron al adaptarse a las condiciones ambientales y se hicieron hereditarios. Así también los caracteres asociados con la convivencia social, como la política, pasaron de padres a hijos.
He aquí el corazón de nuestras hipotéticas conclusiones, supongamos dos extremos, solo dos grupos con caracteres opuestos. De estos grupos uno decidió dejarse llevar por los embates del día a día, si había frío en el cerro se caminaba hacia el calor del mar, si se agotaban las frutas se mudaba a donde las hubiera hasta de nuevo agotarlas, si lo atacaba una fiera, corría. Si subían las aguas se alejaba del río, y viceversa. Si coincidía en su paso con las tierras ocupadas por otro clan, la guerra. El otro grupo tomó el camino más difícil, ante el frío hizo un abrigo y construyó una casa que fue su morada por el resto de sus días, y de sus hijos. Comió de las frutas de la estación mientras sus esposas inventaban la agricultura. La casa la hizo suficiente para soportar las garras del tigre. Contra los ríos y enemigos crecidos construyó puentes de piedra y la diplomacia. Los tipos de ambos grupos tuvieron sendos laureles en el ejercicio de la contada libertad, los unos se marcharon y los otros permanecieron, unos disfrutaron de su permanecer y los otros fueron felices con su transitar.
Los caracteres se hicieron permanentes en la herencia.
En esta última oración está el fundamento de nuestra hipótesis, que debe ser comprobada por la ciencia especializada, por supuesto.
El primer grupo pasó el estrecho de Bering.
Concluimos que este es un tema que en pleno siglo XX, la pobreza causada por la demagogia es un problema tan evidente que nadie se atreve a negar, pero que ninguno se aventura a enfrentar en sus causas primeras.
La naturaleza del indoamericano tiene escrito –esta es la presunción– el mandato de ser nómada, de estar de paso, y por esta inestabilidad es proclive a ser pasto de la demagogia. El “estar de paso” lo hace receptor de mensajes populistas que prometen un cambio radical. En lo más profundo de su ser, en su codificación genética, que sin posibilidad de discusión recibió de sus padres, está el cambiar todos los días el actual estado de cosas, es siempre proclive a ser revolucionario y estar muy orgulloso de padecer esta nociva enfermedad. Mientras no se observe ese carácter genético como problema, lejos vamos a estar de la solución.
Mientras exploramos los ojos de agua o manantiales de esta mesa de Calabozo nos percatamos, pudimos observar en sitio, en un comportamiento del calaboceño, ese carácter de estar “de paso”. Los ojos de agua que visitábamos, en caminatas o cabalgatas, no son más que manantiales como lo explicó Humboldt, de acuerdo con el decir de la gente, no escrito por el sabio en la monumental obra Viaje a la Regiones Equinocciales del Nuevo Continente, de la siguiente manera.
Nota: Has leído parte del capítulo Indoamérica: Las Razones de la Inestabilidad Política y Social del Venezolano, de la inédita obra El Doctor Italiano. (Continuará…).
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