Indoamérica: razones de la inestabilidad política y social (I), por Eduardo López S.

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Las conclusiones de las amenas conversaciones entre este par de doctores en la solariega casa colonial de Calabozo, frente a la plaza Las Mercedes –también llamada Páez, en honor al más importante venezolano a quien se le deba la existencia de esta nación, el llanero José Antonio Páez–, no siempre fueron de fácil consenso; el presente tema fue difícil hasta colocarle el título, “Indoamérica: las razones de la inestabilidad política y social del venezolano”, es una somera aproximación.
El tema era el comportamiento del venezolano en sociedad, su falta de disposición a asentarse y con su familia crecer en un lugar. Su permanente llamado, que está muy dentro de su ser, a un constante estar de paso, a ser un nómada en sus más hondos sentimientos. Aunque en las discusiones partíamos, generalmente, de casos propios de los calaboceños, al final nos proyectábamos hasta el venezolano y todos los americanos que no coincidan –qué paradoja– en la tierra de su nacer con los que el común llama americanos, los que viven en los Estados Unidos.
Abonó en la difícil siembra de saberes acerca del desempeño del hombre del norte en sociedad, la experiencia del doctor Reina por sus estudios universitarios en los Estado Unidos, por convivir con los norteamericanos, y además, para el estudio en comparación con la gente del sur, como conocedor de la realidad social de Colombia, por sus largas permanencias por cuestiones de trabajo de Derecho en los llanos orientales del vecino país.
A estos americanos del sur, opuestos en su comportamiento a los americanos del norte, los llamamos indoamericanos. Nos enlazamos con autores venezolanos de otros tiempos, que por su validez los consideramos de henchida vigencia en esta plena mitad del siglo XX, como Cecilio Acosta, de quien escribe Mariano Picón Salas que: tuvo en el siglo XIX la visión más aguda de los problemas y urgencias nacionales y que el mundo democrático sajón le sirve como ejemplo, contraste y amenaza ante el desorganizado mundo indolatino.
Este nombre, indolatino, lo tomamos desde esta ciudad, Calabozo, con la pretensión que sea tomado como base para el nombre con el que se conozca esta vasta región del mundo: Indoamérica, denominación que nos propusimos para identificar de la manera más fiel y fidedigna el objeto de este capítulo de nuestras conversaciones.
Indoamérica está constituida por los países que están al sur del río Bravo, en contraste con los Estados Unidos y Canadá, que es Norteamérica, acordamos. Determinada, además, por la preponderancia de la sangre de los indios, en comparación con la generalidad de la población de Norteamérica. La presencia de la sangre india también la destacamos de forma cuantitativa a la luz de la mezcolanza con la sangre de blancos y negros de Europa y África.
En este estricto sentido de la mezcolanza de razas leímos al político estadounidense Theodore Roosevelt, a quien consideramos que acierta cuando dijo que los ciudadanos de Estados Unidos: “tenían en sus venas menos sangre aborigen que cualquiera de sus vecinos…”
Asumimos que cuando decía “cualquiera de sus vecinos”, se refería a lo que en las conversaciones de las calurosas tardes calaboceñas nosotros llamamos indoamericanos. Justificó Roosevelt la pretensión de los norteamericanos de hacerse llamar americanos, que “era de destacar que (estos países) hubieran permitido tácitamente que los estadounidenses se apropien del título de ‘americano’ para designar su nacionalidad distintiva e individual”.
Seguimos la instruida idea que indica que frente a los Estados Unidos de Norteamérica se enfrentan los Estados Desunidos de Suramérica.
Justificamos la creación de la palabra Indoamérica para identificarnos, puesto que los vocablos que comúnmente se usan, Iberoamérica o Hispanoamérica, o incluso Latinoamérica, son categorías que se arriman –no aciertan–, a lo que se quiere describir de este espacio del continente americano, diferente a Norteamérica.
Iberoamérica está referida al origen de la península ibérica del conquistador –de España o de Portugal–, no abarca a todos los pueblos que pretende englobar. Hispanoamérica, menos, porque solo toma a los países de habla hispana. Ambas categorías solo se acercan, no coinciden con el objeto del tema.
Indolatina es el nombre de la región editado por el historiador venezolano Mariano Picón Salas cuando ensaya el proceso del pensamiento venezolano, en el texto Comprensión de Venezuela, libro por editar aún. Agradecemos las gestiones del doctor Alfonso Espinoza, quien nos hizo llegar el texto.
El autor describe a la sustancia como, “mundo indolatino”, antes la califica así: “El desorganizado mundo indolatino”. Esto, en el marco de la acuarela que hace de Cecilio Acosta, como uno de los venezolanos que entre 1960-70 tuvo la visión más cierta de los problemas del país. “El pensamiento vidente y vigilante de Acosta se vierte en aquellos artículos o cartas un poco familiares en que parece discutir con un interlocutor invisible el destino de nuestras democracias criollas. El mundo democrático sajón le sirve como ejemplo, contraste y amenaza, ante el desorganizado mundo indolatino”. (Mariano Picón Salas, Comprensión de Venezuela).
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Agradecemos de nuevo al doctor Alfonso Espinoza, quien luego de nosotros haber redactado a finales de este año 1947, lo referido a la propuesta de la denominación de esta ancha faja de tierra sub continental descrita como Indoamérica, nos informa que el político peruano, Víctor Haya de la Torre, ha realizado propuesta similar: que desde el río Bravo hacia abajo del mapa sea denominada Indoamérica.
Los razonamientos son compartidos, pero dadas las limitaciones propias de este par de doctores, que hacen una propuesta con trascendencia universal desde esta orilla izquierda del río Guárico, sin posibilidades ciertas de que este libro pueda ser editado en lo inmediato, entenderíamos que los méritos sociales y académicos que resulten de la aceptación de la propuesta no sean de forma justa compartidos los laureles por los dos proponentes.
En conversación entre los doctores Espinoza, Loreto, Reina y quien redacta el presente, Augusto Gerónimo Carchidio, con la presencia de mi hija Delia, acordamos que los méritos del triunfo de esta propuesta se los llevaría Víctor Haya de la Torre, por ser un destacado político, por lo acertado de sus razonamientos, que coincidían casi en su totalidad con los nuestros. Acordamos que en esta mesa de Calabozo celebraríamos, sin egoísmo alguno, cuando viéramos que la propuesta de llamar Indoamérica a este subcontinente haya sido aceptada.
Quizás por lo torrencial del aguacero de esta tarde, adornado de relámpagos, el doctor Luis Reina reiteró comentario:
-Quizás se repita la historia, ya nos sucedió con Carlos del Pozo, este científico cumanés desde esta mesa de Calabozo inventó el pararrayos, pero los méritos de tan prodigiosa invención se los lleva en el mundo Benjamín Franklin. Pues este científico, que además era político, qué casualidad, al igual que el peruano Víctor Haya de la Torre, estaba en la capital del mundo, Washington.
Seguimos con Indoamérica, esta vez con un grupo siempre bienvenidos de estudiantes acompañados de sus profesores. Delia dibujó el mapa de Indoamérica en un pizarrón, con la misma frontera de México con los Estados Unidos. El doctor comentó, señalando el pizarrón:
-En el sur prevaleció el hispano sobre el sajón, tal como en el norte el indio no predominó, como sí sobrevive en el sur en perfecta mezcla con el negro y el blanco.
Y le agregó:
–Los dos grupos humanos están marcadamente diferenciados, más que por los convencionales colores del mapa escolar, Norteamérica está determinada por la segregación de las etnias indias.
En Indoamérica la mezcla de razas es total. En Norteamérica la etnia aborigen pudiera parecer estar destinada a la sobrevivencia marcada por la exclusión social, en Indoamérica la extinción es segura y presente, ocurre por la disolución de la genética de las etnias aborígenes entre la sangre foránea.
Los más básicos y aceptados indicadores demográficos, socioeconómicos, de recursos, acceso y cobertura, de morbilidad, y salud materno infantil, y demás estadísticas señalan el fracaso de Indoamérica, en contraste con los crecientes logros de Norteamérica.
La estabilidad política de Norteamérica discrepa con las constantes revoluciones de Indoamérica. Ante una Constitución que se han hecho los estadounidenses, se presentan los venezolanos, por ejemplo, con el perfil lavado por veinte y pico de constituciones, con similar número de revoluciones.
Los Estados Unidos de América se hicieron una Constitución en 1787 que prevalece. En Indoamérica, en todos los «Estados Desunidos» de América siempre hay un importante partido político con el mensaje de la refundación con una nueva constitución, es el llamado eterno al cambio que está en lo más profundo de su genética social marcada por su sangre de nómada, de indios, son revolucionarios…
Nota: Has leído parte del capítulo Indoamérica: las razones de la inestabilidad política y social del venezolano, de la inédita obra El doctor italiano. (Continuará…).
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