La abstención es una ilusión, por Simón García

No resulta cómica la imposición de una economía sin Mercado, un sistema político autoritario y una sociedad cerrada. La pavorosa crisis que profundiza la gestión de Maduro no es una comedia. Ni el hambre ni la muerte, entronizados en los sectores más débiles de la sociedad, admiten risas. No es momento para ilusiones que desmovilicen al pueblo, contribuyan a su confusión y le pidan que le entregue al régimen su derecho a votar.
Dirigentes de la MUD al fijar posición contra la candidatura de Falcón, que no contra Maduro, califican las elecciones del 20 de mayo de farsa, es decir, de engaño. Y tienen parcialmente la razón, porque el gobierno trata de fingir alguna clase de democracia para quitarse de encima las sanciones y el aislamiento internacional. Pero ignoran, al denunciar sus condiciones ventajistas y no democráticas, que el poder aún no puede eliminar el voto universal, directo y secreto.
Una reducida MUD nos pide dejar de lado uno los elementos constitutivos de la ciudadanía. Y hacerlo en un momento en el cual la crisis humanitaria está afectando al 80% de la población.
¿Por qué llamar a quedarse en casa, cuando todas las condiciones sociales, económicas y de rechazo popular indican que Maduro es minoría y que la trampa del CNE puede ser derrotada?
En vez de luchar para convertir esta elección en un revocatorio que saque a Maduro y ponga fin a la crisis, se empeñan en convencernos de que es imposible derrotarlo electoralmente. Lo que evidencia ese cambio de misión es la desesperación por impedir el triunfo de un candidato opositor que no pertenece a uno de los partidos que no pudieron llegar a un consenso, organizar primarias o respaldar a independientes como Lorenzo Mendoza o Ramón Guillermo Aveledo.
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Es la confesión que se asoma en una triste rueda de prensa donde no estuvo presente la preocupación por la galopante hiperinflación, los niños desnutridos, los pacientes peregrinando tras medicinas inalcanzables o la solidaridad con una población muriendo o huyendo de la acción destructiva de un régimen al que sólo le importa permanecer en el poder o si el agua le llega al cuello, entregarlo a cambio de determinadas protecciones para sus jefes. Lo único que les importa es bloquear el voto castigo que sus bases populares no quieren dejarse quitar y que ningún CNE podrá desconocer.
La gente no se quiere calar ni un mes más de hambruna y empobrecimiento. Por eso no comprenden que sus dirigentes les pidan que antes de sacar a Maduro hay que deslegitimarlo. Su objetivo no es derrotar el fraude sino denunciarlo viajando de país a país. Están sustituyendo el mecanismo real de sacar a Maduro con votos, por un fantasioso juicio copular que lo condenará de mentira, para que siga en Miraflores de verdad. Ese engaño ya ocurrió con la decisión de declarar el abandono del cargo sin ninguna capacidad coercitiva para hacerlo efectivo.
La rueda de prensa de la reducida MUD intenta consagrar la división electoral de la oposición, devolvernos a la desgastante discusión de votar o no votar, crear obstáculos para recomponer la Unidad antes, durante y después del 20 de mayo. Pero el deseo de cambio no podrá ser desviado por una ilusión. El voto nos mantendrá unidos contra el régimen.